
No se le pasaba otra cosa por la cabeza que jugar y ver fútbol. Juan Román Riquelme había dejado los estudios para proyectar su carrera profesional como futbolista. Y mientras era seguido por los entrenadores de las selecciones juveniles porque generaba admiración como número 5 de la categoría 78 en Argentinos Juniors, trataba de pulir su juego reflejándose en dos futbolistas que brillaban en ese momento.
Ambos, cordobeses. Ambos, sin tanto espíritu de volantes centrales de marca y aguerridos. Ambos, con una técnica vista solamente en privilegiados. Ambos, de galera y bastón.
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Uno había llegado a Boca después de haber exhibido credenciales en Belgrano de Córdoba: José Luis Villarreal. El otro había dado sus primeros pasos en el Racing cordobés y en Talleres antes de firmar en Lanús, donde permaneció una temporada previo a dar el salto a un grande como San Lorenzo: Fernando Galetto.
El entorno de Román da crédito a que se le iban los ojos observando cada movimiento de Villita y del Conde cuando a ellos les tocaba jugar en la Bombonera y él presenciaba el partido. O cuando jugaban en contra del Bicho de La Paternal. O cuando sintonizaba algún partido por televisión. El control del balón y su protección, la cabeza levantada, los pases filtrados y el equilibrio en la mitad de la cancha eran algunas de las características que compartía el a la postre ídolo de Boca con sus dos futbolistas fetiches. Claro, en ese entonces se desempeñaba como centrocampista y no de enganche, posición en la que explotó con el equipo de Carlos Bianchi a fines de los 90.
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En diálogo con Infobae, Villarreal contó cuándo fue la primera vez que se cruzó con Román en un campo de juego: “En el 98 jugué en Belgrano contra Boca en Córdoba. Perdíamos 2-0, nos pusimos 2-2 y después nos ganaron 4-2 (fue por la sexta fecha del Apertura de ese año). Cuando terminó el partido Román me pidió la camiseta y yo se la cambié. No era el Riquelme que terminó siendo, era un pibe todavía”. Aquella tarde el 10 de Boca intentó esquivar la marca férrea de Adrián Ávalos, el 5 del Pirata, al mismo tiempo que Villa soportó el marcaje pegajoso de Chicho Serna. También le tiró un caño a Palermo y sacudió con una patada al mellizo Guillermo Barros Schelotto.
Años más tarde, cuando Villita recién había colgado los botines y Román empezaba a romperla en el Villarreal de España, el cordobés lo visitó en las instalaciones del Submarino Amarillo: “Suponía que se iba a acordar de mí. Llegó 5 minutos antes del entrenamiento, con la cabeza gacha y su bolsito. Me dijo ‘Negro, ¿qué hacés? Esperame acá’. Se cambió en un minuto y se quedó charlando conmigo amablemente. La verdad que es un crack, obviamente como buen amante del fútbol siempre tuve admiración por tipos como él y Francescoli. Dos diferentes para mí”.
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Luego de la práctica, la ronda se amplió con el uruguayo Diego Forlán y otros argentinos como el Flaco Cousillas (ayudante de campo del entrenador chileno Manuel Pellegrini), el Vasco Arruabarrena, Gonzalo Rodríguez y Luciano Figueroa. “Lo que hubiera dado por tirar una pared en la cancha con Román, me hubiera divertido con él”, fantaseó el hoy entrenador del Miami FC de Estados Unidos.
Y quien se acaba de enterar de que fue referente para Riquelme hace dos décadas fue Galetto, también contactado por Infobae: “Me tocó jugar en contra y para mí fue un crack, un cerebro en la cancha por la manera en que jugaba y la buena pegada que tenía. Pero lo que más me gusta es su manera de ver el fútbol. Siempre me gustaron los jugadores de ese estilo, esas características de juego. Román fue un fenómeno”.
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Como compañeros, el Conde apuntó al brasileño Paulo Silas y Pipo Gorosito. Y en el ámbito internacional se fijó siempre en Zidane e Iniesta: “Tipos increíbles, con una capacidad y visión que siempre admiré. Por la manera en que hacen tan sencillo el fútbol”.
Para Galetto fue una grata sorpresa saber que Riquelme lo admiraba: “Cuando me lo dijiste pensé: ‘Qué me va a ver a mí Riquelme, éste se equivocó’. Me resultaba increíble, pensé que capaz podía mirar a Gorosito, pero como de chico jugaba de 5 tal vez nos miraba por eso. Me llamó muchísimo la atención, la verdad”.
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