Sergio Hernández, el entrenador de Argentina, dando indicaciones durante el partido contra Serbia en el Mundial de China. (Reuters)
Sergio Hernández, el entrenador de Argentina, dando indicaciones durante el partido contra Serbia en el Mundial de China. (Reuters)


Sergio Santos Hernández es muy locuaz. Y muy inteligente. El técnico de la Selección de básquet sabe de muchas cosas, no sólo de la pelota naranja. Y, además, tiene el don de contar historias y hacer comparaciones para hacerse entender mejor, sobre todo para el gran público. Y por eso, en tiempos de pandemia, de stress e incertidumbre emocional, vale la pena escucharlo. A él y a sus anécdotas, que nos permiten encontrar herramientas para superar situaciones de angustia que, si las tomamos con lucidez, pueden representar una oportunidad.

“Cuando Selem Safar llegó a Peñarol (MdP), Leo Gutiérrez vio algo en ese joven (NdeR: un eximio tirador con carácter) y lo apadrinó. Se lo llevaba a las sesiones de lanzamientos en parejas que teníamos y lo hacía repetir la rutina que tenía diseñada. Al poco tiempo, Safar llegaba llorando al vestuario. Literalmente. Por lo perfeccionista que era Leo. Lo corregía una y otra vez. Y él sufría. Pero, en dos años, Selem pasó de jugar en el TNA a hacerlo en la Selección... En buena medida por lo que hacía con Leo", comienza.

“Al comienzo del año siguiente, en uno de los primeros entrenamientos, entra un dirigente y tira la bomba: estudios cardíacos de rutina le habían dado mal a Tato Rodríguez y debía retirarse. Fue un mazazo. Era el símbolo del club y el capitán del equipo. Hubo unos minutos de silencio en la práctica y Leo dijo ‘bueno, volvamos al trabajo’. Selem salió atrás suyo y él lo frenó: ‘No, vos no, vení vos, Facundo, hoy comenzás conmigo’, dijo mirando a Campazzo, que era el base suplente. Estuvieron entrenando juntos por cuatro años y Campazzo, que al principio tenía malos hábitos de comida y entrenamiento, empezó a ser lo que vemos hoy. ¿Qué hizo Leo ante el problema? Buscó la solución”, continua.

"Y yo soy así, igual, pragmático. Me traes un problema y busco la solución. Entonces, si hay que hacer cuarentena, la cumplo, como una regla. Y la aprovecho. Es lo que hice en estas semanas. La gente que puede debe mirar así este momento, cumplir y aprovecharlo. Pasa algo importante y yo pienso que si no hacemos nada con las cosas que nos suceden como individuos o sociedad, somos muy pelotudos. Yo le busco mucho la vuelta a los problemas, siempre”, relata Oveja, con brillantez.

-¿En qué aprovechaste vos la cuarentena obligatoria?

-Para varias cosas. Principalmente para recuperar el entusiasmo por mi profesión. En los últimos años, durante mis tiempos libres, buscaba esquivar mi profesión. Había perdido el día a día con mis colegas y el hablar de básquet por placer. Estaba saturado. Pero esta cuarentena me llevó a eso: a charlar más, a leer sobre el tema, a informarme y ver partidos viejos. Volví un poco a ser el entusiasta que fui durante muchos años. Y, además, recuperé el hablar con amigos de otros temas, porque sentí la necesidad de conectarme con ellos. Y profundicé relaciones con gente nueva, como Iván Noble, quien me hizo una nota hace un tiempo, pegamos onda y ahora hasta hicimos un vivo en Instagram. Creo que esta cuarentena a muchos nos mejoró la empatía, el querer saber cómo está al otro, dedicarle más tiempo o darte cuenta que estabas enojado con alguien por una boludez. Creo que es bueno también pensar para qué nos está sirviendo todo esto. Yo, a los 56 años, no necesito demasiado. Lo único que lamento, al vivir en Buenos Aires, es no poderles dar un abrazo a mis hijos, que están en Mar del Plata.

-Le encontraste la vuelta a la cuarentena. Pero ahora viene la recesión, la crisis económica que golpeará fuerte. ¿Cómo se toma eso?

-Sí, pero creo que lo peor es la incertidumbre de hoy. Te cuento algo: un día me dolía la espalda y estaba con miedo de que fuera algo importante. Fui al psicólogo y le conté. Me dijo “mañana andá al médico porque lo peor es no saber qué tenés”. Y es así. Incluso si es algo malo, lo enfrentás. Yo tengo una frase que uso en los equipos: “el miedo al sufrimiento es peor que el sufrimiento mismo”. Creo que al problema económico tal vez lo suframos menos de lo que pensamos hoy. Pero hoy la sensación es fea, “¿cómo vuelvo a salir de esta?”, sin tener una respuesta. Pero yo creo que, seguramente por ser argentinos, ya estamos acostumbramos a la supervivencia, tenemos esa resiliencia y cuando se levante la cuarentena, saldremos como caballos, buscaremos el peso, estaremos tan activos que lo superaremos. Y el miedo al virus, si queda, durará lo que deba dudar. Lo que sea, porque todo se olvida. Los uruguayos que cayeron con el avión en la Cordillera sobrevivieron 72 días en la nieve y vos decís, ¿cómo se vuelven a subir a un avión? Y al año se subieron de nuevo… Yo soy del 63, de la camada que fue a Malvinas, hice la colimba, pude haber estado en el frente y tuve amigos que fueron… Y la vida siguió. Y seguirá. Sí, es muy posible que venga un año de mierda. Bueno, lo sobrellevaremos, como tantas otras cosas. Al menos los que podamos. Lo que me mata, me deja sin aire, es la gente que no puede más, que no banca una más. Porque tampoco sé cómo articular para ayudar a los que sufren.

-Te escucho lo que decís y hace poco leí un comentario tuyo en una nota en Básquet Plus, sobre política o al menos de ideología, hablando de la importancia de la salud y educación pública, de que no todo puede ser privado, sobre la importancia del estado… ¿Siempre lo pensaste?

-Siempre. Y no puedo entender cuando se piensa de otra manera. No digo que no debe haber educación privada o actividades de ese tipo, pero hablo de la importancia. No entiendo a los gobiernos cuyo punto de partida no son la salud, la educación, el deporte, el arte, la ciencia... Lo privado debe existir, pero es verdaderamente lo público lo que nos va a salvar. No todo debe salir del Estado, porque sino corrés el riesgo te conformarte y no esforzarte lo suficiente, pero lo básico te lo debe dar. ¿Cómo un Estado no va a asegurar salud y educación a cada persona que nace? Porque, como dijo el presidente, el verdadero capital de un país no es el petróleo sino el conocimiento.

Scola habla seguido con Hérnandez. Fue Luis quien le advirtió que volviera rápido a la Argentina a principios de marzo, cuando el técnico estaba de viaje por España sin dimensionar aún la gravedad del coronavirus. (Crédito FIBA)
Scola habla seguido con Hérnandez. Fue Luis quien le advirtió que volviera rápido a la Argentina a principios de marzo, cuando el técnico estaba de viaje por España sin dimensionar aún la gravedad del coronavirus. (Crédito FIBA)

-Te escucho y pienso si, con tu conocimiento y experiencia, no te ves gestionando desde un cargo público en el futuro.

-No me veo. No es que no lo sienta, porque hablé con Inés Arrondo, secretaria de Deportes de La Nación, para ver qué pasará con el deporte, con los atletas de alto rendimiento que necesitan entrenar. Porque siento que el deporte no ocupa el lugar que merece en nuestro país, que los deportistas siempre deben esperar, que no son lo suficientemente importantes.

-¿Es verdad que te ofrecieron ser candidato a intendente en Mardel y secretario de Deportes de la Provincia de Buenos Aires pero dijiste que no?

-Sí, tuve ofrecimientos. Ser secretario de Deportes de la Provincia, pero no la intendencia de Mar del Plata sino la de Olavarría. Pero dije que no, porque no me veo. Yo tengo carácter para algunas cosas, pero para otras no. Yo valoro a la persona que se mete en política de corazón, porque quiere que la gente viva mejor, pero creo que la mayoría lo hace por otra cosa, más por intereses personales que grupales y siento que con ellos chocaría demasiado.

-Volviendo a la pandemia, vos estuviste en España cuando estaba por explotar. ¿Cómo viviste eso? Y contame si es verdad que Scola te hizo ir antes, lo que demuestra que los GD ven todo antes de que pase.

-Sí, fue así. Y con Luis no es la primera vez que me pasa. Un año antes de China, me dijo que teníamos que empezar a pensar en una semifinal mundial y me lo fundamentó. Yo no lo quise decir, pero terminó siendo así. Y ahora pasó algo similar. Fui a España a fin de febrero, cuando el virus era una cosa que les pasaba a los chinos. Cuando estoy allá, la pandemia inicia en Italia y ahí decido no ir, aunque ya tenía el pasaje. Vi varios partidos en España y me junté con los argentinos. Ya había 1000 contagiados, pero en el país se hablaba poco y nada. Los lugares públicos estaban llenos. Incluso el 9 de marzo yo estaba comiendo en un restaurante, cuando me llama Luis. Me pregunta cómo me había ido, si ya me había reunido con todos. Le dije que sí y me tira “entonces, andate ya a Argentina”. Yo le pregunto por qué. “Acá está todo normal, estoy comiendo en una terracita, está lleno de gente, esto no avanza”. Y él me responde, sin dudar. “Hoy no pasa nada, pero va a pasar. Hace una semana estábamos igual y mirá ahora… En pocos días se pudre todo. La ACB se va a parar, la Euroliga también”, me asegura. Me parecía un delirio, pero como es Luis, llamé a la agencia y cambié el pasaje del 14 para el 10. Ese 10 al mediodía me junté a comer con los chicos del Real y ya me dijeron que le estaban haciendo estudios a Thompkins por fiebre. Cuando llegué al país ya se sabía que era positivo… Si hubiese esperado al 14, no sé si volvía. O si no me contagiaba. Así es Luis, increíble en todo sentido.

-¿Qué sentiste cuando te enteraste de la suspensión olímpica? ¿Fue un golpe? Porque este año de diferencia puede modificar tus planes, los de Scola y hasta cambiar la realidad del equipo, que venía muy motivado.

-Cuando me enteré, el tema pasó a un segundo plano porque estaba más preocupado por lo que se estaba viviendo, por la salud de todos. No me preocupó pensar en lo deportivo, en Scola o en mí, si vamos a estar o no. Todos saben que mi ciclo terminaba después de Tokio y ahora todo cambia, porque faltan 16 meses. Primero hay que tener en cuenta que a fin de año se termina mi contrato y no hablé con Fabián Borro (NdeR: presidente de la Confederación). La CABB debería renovarme para que esté en el 2021. Y, segundo, como ya dije, a mí me gustaría buscar otra opción, dirigir a un equipo de una liga de alto nivel, porque me siento capacitado.

-¿Qué plazo te ponés para tomar una decisión?

-Es muy temprano para decirlo, veremos cuando salgamos de la cuarentena. Pero, por caso, en noviembre hay ventanas para la Americup y debe haber un entrenador. Tendré que sentarme con Fabián y ver, pero imagino que en mayo o junio debería estar la decisión sobre si continúo o no.

-Pero uno piensa que, luego del subcampeonato mundial, es duro dejar de dirigir a este equipo y más en un Juego Olímpico. ¿Qué tiene que pasar para que no estés?

-Que venga una propuesta interesante de un buen equipo europeo, por ejemplo. Yo podría hacerme el romántico para la nota, te podría decir que los Juegos Olímpicos no se negocian, que la camiseta de la Selección es lo único, pero la realidad es otra. Yo no me pongo el cassette. Tengo claro que no voy a dejar de ir a Tokio por fichar por un equipo normal, como no tengo dudas que la Selección será siempre lo más importante de mi carrera, pero a la vez mantengo el desafío de dirigir afuera y tengo 56 años… ¿Cuánto años de vida útil me quedan? ¿Diez? Y yo gané siempre en pesos. Bien pero en pesos, con un dólar que empezaba a tres pesos y termina la temporada a 20. Lo único que yo no gané en mi carrera fue dinero. Si vos me preguntás si puedo comprarme un departamento en Avenida del Libertador, te digo que no, que vivo en uno de 70 metros cuadrados. Ojo, no me quejo, hay gente que leerá esto y pensará cualquier cosa… Pero (Zeljko) Obradovic gana en un día lo que yo gano en más de un mes. Y fui a la casa de (Sergio) Scariolo… Y yo compito con ellos, ganando y perdiendo, hace 15 años. Dirigí tres Mundiales, estuve en tres Juegos, gané una medalla olímpica, tengo veintipico títulos, soy el técnico más ganador en la historia de la Liga y la Selección… Y también hay un desafío porque yo, con la Selección, ya los viví a todos. Tampoco me hace gracia irme a vivir a Europa, Argentina es mi lugar. Pero me quedan pocos años y tal vez ésta sea mi oportunidad. Yo quiero estar ahí, una vez.

Argentina's coach Sergio Hernandez gestures during the Basketball World Cup Group I second round game between Argentina and Venezuela in Foshan on September 6, 2019. (Photo by Ye Aung Thu / AFP)
Argentina's coach Sergio Hernandez gestures during the Basketball World Cup Group I second round game between Argentina and Venezuela in Foshan on September 6, 2019. (Photo by Ye Aung Thu / AFP)

-¿Tuviste o tenés alguna oferta de un equipo europeo?

-Cero. Sé que hay equipos que me quisieran tener y no pueden y para otros hay muchos candidatos. No soy el único, por eso no me enojo si no me eligen. No es fácil dirigir afuera. Vos imagínate esta comparación: River y Boca buscan un técnico y hay un DT ecuatoriano que ganó cinco torneos locales con Emelec y llevo a tres Mundiales a Ecuador. Es crack allá. ¿Lo elegirían River o Boca? Difícil. Así pasa conmigo, aunque allá yo me sienta muy valorado. Las ofertas no abundan y si hay una, me gustaría tomarla.

-Está clarísimo. Es muy entendible. Pero la decisión tendrá que venir en breve y el panorama europeo está difícil, con la pandemia y la recesión.

-Sí, está claro. No hay tanto tiempo y, a la vez, el 2021 me queda muy lejos, mucho puede pasar en 16 meses. No me conviene apurarme pero si Fabián me pide una definición, quizá le diga que sigo. O tal vez que no. No lo sé…

-Especulando un poco, que los Juegos se hayan pasado un año, ¿es mejor para el equipo? Uno piensa en Scola, que tendrá un año más, pero también piensa en los más jóvenes que, con en 2021, pueden estar incluso mejor.

-No sé, es hacer futurología. Con el diario del lunes te diría que la única ventaja es la recuperación de dos jugadores que iban a llegar muy justo si era este año, como Garino y Vildoza. Si no fuera por eso, siento que nos hubiese convenido jugar en 2020. Por Luis, sí, aunque no creo que haya grandes diferencias entre 2020 y 2021. Pero sobre todo por el envión de confianza que traíamos, esa inercia nos iba a durar. En 2021 ya no sé porque en las ventanas no estarán y se volverán a juntar recién dos años después del Mundial. Y no estar juntos, para este grupo, no es un gran negocio.

-Por último, te consulto por Scola porque se especuló mucho en estos días. ¿Has hablado con él? ¿Pensás que va a jugar en 2021? Y si lo hace, ¿creés que lo perjudicará mucho un año, llegar con 41 años?

-Hablo con él muy seguido, pero no de ese tema. Nos cuidamos mucho porque los dos pensamos lo mismo, que es tan grande la incertidumbre de cosas importantes que nadie sabe hoy lo que puede pasar. Tener una certeza hoy de lo que haremos en 2021 es algo casi milagroso.

-Me cuesta pensar que Luis, con la zanahoria de un nuevo Juego Olímpico, no haga todo para llegar.

-Sí, es verdad, es su quinto Juego Olímpico y esto lo metería en una elite muy selecta. Sería algo increíble. Y son 12 meses de diferencia. Yo no lo dudaría. Pero a esta edad tampoco querés apurarte, es todo más día a día.

-Y en el caso de Luis se suma lo que hizo en el Mundial, lo increíble que fue.

-Claro, antes de China se decía “ojalá pueda jugar 15 minutos y darnos una mano”. Y lo que hizo fue una cosa de locos. Fue el mejor ala pivote del mundo, no había como defenderlo. No es que llegó con lo justo. Está claro, de agosto de 2019 a agosto en 2021 hay dos años, pero con Luis todo es posible. Es como Manu, están cortados por la misma tijera.

Pasaron 75 minutos de nota. Sin cassette. Con la locuacidad y lucidez tan características en Oveja. Un placer. Un aprendizaje. Como siempre.

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