Llegamos a Salta, donde iba a realizarse la etapa 9 del Rally Dakar (Tupiza – Salta) ¿Por qué digo iba? Porque el tramo debió suspenderse por las malas condiciones climáticas que hubo en la ciudad boliviana. Sin mucho para contar en lo que respecta al Vivouac, nombre que se le da a los campamentos en esta impresionante competencia, con mi colega español Javier Negre decidimos emprender viaje hacia Purmamarca. Durante el mismo nos detuvimos en un pueblo llamado Volcán, en la provincia de Jujuy, a 160 km de nuestro campamento. Allí un año atrás, más precisamente el 10 de enero de 2017, se desató un alud que dejó dos muertos y provocó la evacuación de más de 40 familias.

Lo que pudimos observar de este pueblo a un año de semejante tragedia es una sola imagen: la de la devastación. Sobrevuela un espíritu fantasmal en medio de las montañas y con lo que quedó de las vías (oxidadas ya) de algún tren que pasaba por allí. Caminando por este lugar que parece salido de una serie decidí elevar mi drone para poder ver desde el aire las secuelas que dejó el alud. Con el equipo en el cielo pude ver con mis propios ojos el panorama general de lo que realmente generó este fenómeno de la naturaleza: casas en ruinas, escombros entre las calles y muchísimo polvo que recorre los pasillos de Volcán. Al aterrizar esta cámara voladora escuché el ruido de una moto acercarse, interrumpiendo el imponente silencio que reinaba en el pueblo. El motoquero se detuvo y aproveché la situación para pedirle un testimonio respecto de cómo vivió aquel momento en el que la naturaleza arrasó con su pueblo. Entre dudas y temores por aparecer en cámara el vecino accedió y me contó cómo fue atravesar esa situación tan dura.

"Eran las diez de la mañana, el cielo se oscureció como si se hubiese hecho de noche y vino una tormenta que no nos dio tiempo a nada, apenas nos dio tiempo a salir", dijo.

En paralelo a lo que ocurría en la provincia de Jujuy, a una corta distancia se encontraba el campamento del Rally Dakar en Salta. Dado el desastre que azotaba la ciudad de Volcán la organización de la competencia tomó la decisión de ponerse a disposición de la comunidad ofreciendo sus medios y recursos sanitarios para reforzar la labor de las fuerzas de salvamento local que trabajaban en la zona.

Cuando nos estábamos yendo del lugar escuchamos a un nene acercarse. Su nombre es Carlos y tiene 6 años. Llevaba puesta una vieja remera de color azul y en sus manos sostenía una cajita de jugo de naranja que además era un buen elemento de diversión. "¿Eso es lo que vuela?", preguntó señalando el drone. Allí me quedé explicándole el funcionamiento y le pregunté si él había sufrido aquel temporal. Carlitos, como empezamos a decirle, asintió y recordó que en el momento de la catástrofe su casa fue arrasada por el agua, con lo que decidió subirse al lavarropas del hogar y empezar a remar para poder escapar de lo que hoy es el último recuerdo de su vivienda. En medio de esa odisea y sin  entender adónde estaba yendo, entre tanto desastre pudo llegar a la feria del pueblo donde estaban los volcanenses evacuados y que recibían la ayuda comunitaria, donde se encontró con algunos integrantes de su familia.

Ya estábamos en el final. El niño insistió por el drone, quería comprarlo… Como el equipo no estaba en venta lo compensé con una calcomanía del Rally Dakar y con una bolsa de comida, que era todo lo que tenía a mano. Carlitos, feliz por el regalo, sonrió, agradeció y emprendió la vuelta a casa.

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