
Sobre un total de 56 goles en la era Alfaro, Boca llegaba al Monumental con nada menos que 21 que tuvieron que ver con balones aéreos, centros desde los costados o pelotas paradas. El poder de fuego en ese rubro era un tema a trabajar con profunda atención por Marcelo Gallardo y su River en la previa de la primera semifinal de la Copa Libertadores. La prueba más concreta estaba fresca: el sábado, el Xeneize había empatado 1-1 ante Newell’s con... Un gol de cabeza de Carlos Izquierdoz; junto con Lisandro López y Ramón Ábila, los hombres más peligrosos en dicha faceta.
Por eso, para concretar el 2-0 con el que el Millonario llegará a la Bombonera el próximo 22 de octubre, el Muñeco se enfocó en evitar el sufrimiento (o disminuirlo lo más posible). Dos claves para el resultado exitoso:
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1-El entrenador, de 43 años, hizo hincapié en que sus futbolistas evitaran cometer infracciones “tontas” en las inmediaciones del área.
2-Apeló a un sistema de marcaje mixto, que trabajó en los entrenamientos en Pilar.
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¿Cómo fue el plan? El grueso de los futbolistas tomaron hombre a hombre, pero tres marcaron libre. De las piezas sin ataduras, dos se movieron en el primer palo, el restante, más atrás. Todos, atentos a los movimientos de los adversarios que atacan el espacio, en carrera desde el fondo del racimo de hombres, o a partir del borde del área; un clásico de los equipos de Alfaro, que le saca jugo a las cortinas o al factor sorpresa.
Las estadísticas avalaron el trabajo. A lo largo del primer superclásico, Boca recibió 24 faltas; River, 20. La Banda, con pelota en movimiento, tiró 12 centros al área, el Xeneize, seis. Boca tuvo 4 córners a favor; dos veces logró cabecear, una fue en el último tercio de la cancha. En las dos ocasiones en las que se hizo fuerte el elenco de Alfaro, en una ganó Lisandro López; en la restante, Izquierdoz. “Pero no pudieron cabecear cómodos. Ése es el objetivo”, subrayan desde Núñez, con media misión cumplida.
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Claro que falta la otra mitad. En tres semanas se jugarán los últimos 90 minutos de la final, y tanto Gallardo como sus pupilos saben que Boca será mucho más agresivo y arriesgará en pos de recortar distancias en la serie. En ese contexto, las pelotas lloverán cerca de Armani. Y River deberá reforzar los conceptos que dieron resultado en el Monumental para no padecer la peligrosa fuerza aérea de Boca.
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