La historia del niño de 10 años que adoptó el nombre de su entrenador de rugby como gesto de gratitud

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Nico decidió cambiar su nombre por el de Gonzalo, su entrenador del club Los Tilos
Nico decidió cambiar su nombre por el de Gonzalo, su entrenador del club Los Tilos

"Mamá me voy a poner Gonzalo para recordar a mi profe todos los días", lanzó Nicolás, de 10 años, apenas salieron del despacho de la Jueza junto a su hermano Iván (12) y María, su flamante madre del corazón.

Fue así que Nico, que durante casi tres años residió en el Hogar de Menores "María Luisa Servente" de La Plata, cambió su nombre para iniciar su nueva vida con su familia adoptiva en Santa Fe. El mismo recién será efectivo cuando a fines de abril reciban el DNI que confirme su nueva identidad, según informó su madre.

De la temprana infancia de Nico e Iván y lo que les tocó vivir poco importa. Apenas alcanza con saber que fue "un momento feo y atroz", como lo explicó María.

Claro que el giro en la vida de ambos hermanos comenzó a principio de 2017. Pocos meses después de arribar al Hogar Servente, Nico, que en ese entonces tenía 8 años, fue escogido con cinco niños más, entre ellos su hermano Iván, para ir los sábados a practicar rugby en el club Los Tilos.

La iniciativa fue generada por Gastón Tuculet, padre de Juan Pedro –el joven de 19 años asesinado de un disparo en 2013 en un asalto en La Plata-, que desde la tragedia que le tocó vivir está muy cerca de todas las cuestiones sociales ligadas a su comunidad y al club de rugby platense.

De esta manera, Nico conoció el deporte de la ovalada y su vida cambió para siempre. "Cuando nos enteramos que iban a empezar a venir chicos de distintos hogares la idea me pareció bárbara, sobretodo por la integración que es espectacular. Al principio, Nico presentó dificultades para integrarse. Le dimos los botines y toda la ropa del club pero él se iba y se trepaba a un árbol. Con los profes le explicábamos que el resto de sus compañeros no hacían esas cosas y de a poco fue aprendiendo. Fue un esfuerzo por parte de todos que por suerte dio sus frutos. Este deporte funciona como nexo para que se sientan contenidos de alguna forma. Acá reciben cosas que en otro lado no", cuenta al otro lado del teléfono Gonzalo Zárate, entrenador de esa M9 y el profe que "conquistó el corazoncito de Nico", como él mismo lo explica, y que lo llevó a decidir ponerse su nombre.

"Yo tenía la referencia de que cuando Nico ingresó a Los Tilos era el típico nene que no socializaba. Que arreglaba sus problemas a las piñas o escapándose. Y después de dos años en el club te encontrás con que es cariñoso, respeta todas las normas y lo primero que te dice es que no puede faltar a su entrenamiento de rugby porque el equipo no sería lo mismo si uno falta", agrega María desde Santa Fe acerca del cambio que provocó el rugby en su hijo.

El entrenador Gonzalo Zárate junto a su hijo Bauti
El entrenador Gonzalo Zárate junto a su hijo Bauti

Gonzalo cuenta que su vínculo con Los Tilos es de toda la vida. A los 6 años empezó a jugar allí y una vez que abandonó la práctica del rugby, intentó colaborar desde donde se lo permitían. Fue así que se hizo entrenador de los equipos de Infantiles y agarró la camada de su hijo Bauti, que fue compañero de Nico. "Trato de devolverle al club todo lo que me dio. Por ahí la gente tiene otra idea de lo que es el rugby y es un deporte súper integrador y muy bueno para estos chicos. Puedo asegurar que el rugby te da valores como el respeto, la responsabilidad, compañerismo, amistad. La idea es formar hombres de bien y buenos tipos, eso era lo que me enseñaron mis profesores y esas son cosas que me gusta transmitir", explica.

Gonzalo habla del "límite sano" que utiliza tanto para los niños que vienen de los hogares como para el resto de los pequeños que entrena en Los Tilos. "El trato es igual para todos. Ellos aprenden con el ejemplo de sus compañeritos. Son cosas que quizá no tienen en otros lados", asegura.

Zárate quiere destacar que él es apenas un granito de arena en todo lo que hace Los Tilos por su comunidad, que si bien él comparte con Nico esta linda historia, hay un grupo de 30 personas atrás de ello que hicieron lo mismo que él por distintos nenes que padecen condiciones similares de vida que Nico y su hermano.

Entre todas las anécdotas y recuerdos que compartió con Nico, Gonzalo decide contar una, que intuye que fue una de las tantas cosas que llevó al pequeño a decidir ponerse su nombre. "Me fui de viaje y le había traído un regalito. Se lo mostré y le dije que se lo iba a dar solo si se portaba bien en el entrenamiento de ese día. Él se lo ganaba o se lo perdía. En ese entrenamiento se portó para atrás y con todo el dolor de alma le dije que no se lo iba a dar porque no se había portado bien. Me fui a casa pensando en que era un hijo de puta por no haberle dado el regalo pero después me dije que si se lo daba le estaba demostrando que hacer las cosas bien o mal eran lo mismo. Creo que eso a la larga dio sus frutos. Siempre intenté tratarlo como un hijo más, darle un abrazo, tacklearlo y reírnos", confiesa con emoción.

Mientras Nico se divertía y jugaba en Los Tilos, la pareja compuesta por Facundo (39 años) y María (36) -que prefirieron no revelar su identidad completa porque aún están en proceso de observación y no quieren exponer a sus hijos- se encontraban realizando los tramites y entrevistas pertinentes luego de haber aplicado para la convocatoria de adopción.

Nico junto a su hermano Iván en Santa Fe, su nueva ciudad de residencia
Nico junto a su hermano Iván en Santa Fe, su nueva ciudad de residencia

"Con Facu estamos hace 15 años juntos y hace tiempo queríamos adoptar. Por temas de trabajo no podemos tener bebés o niños chicos, así que queríamos hijos un poco más grandes. Es más difícil adoptar a los chicos a medida que son más grandes. En octubre del año pasado nos llaman del juzgado para presentarnos un caso que quizá nos interesara. Eran dos niños muy intensos, ligados al rugby y desfasados en la educación. Aceptamos y empezamos el proceso de vinculación", relata María sobre como la vida la unió con sus hijos.

Después de varios días de papeleo y reuniones con el juzgado de menores de La Plata, la pareja de Santa Fe pudo mudarse con sus hijos y fue ahí cuando a Nico se le ocurrió homenajear a su entrenador.

"La penúltima entrevista con la Jueza, nos preguntaron si queríamos anexarle nuestro apellido porque al ser niños grandes se les podía dejar el apellido que tenían. Ahí la Jueza propuso que se cambien totalmente el apellido y hasta ofreció cambiarles el nombre. Cuando terminó y nos fuimos, Nico dijo que se quería llamar Gonzalo para recordar a su entrenador. Y no hubo opción, estaba decidido", detalla sobre aquel momento.

Del otro lado, Gonzalo cuenta qué sintió al enterarse el gesto del niño: "Que algo así venga de un nene de esa edad, con ese sufrimiento y esa historia que tuvo, sin ningún tipo de interés, es increíble y emocionante. Estuve una semana con un nudo en la garganta cuando me enteré".

La M10 de Los Tilos, donde Nico conoció el deporte que lo marcó
La M10 de Los Tilos, donde Nico conoció el deporte que lo marcó

María reconoce que el rugby fue fundamental en la vida de sus hijos para su adaptación y, sobretodo, en el vínculo generado con ellos. "Somos de una ciudad futbolera, con Facundo somos de Colón. Nunca estuvimos ligados con el rugby, nunca le dimos bolilla. Nos llevamos una impresión muy grande y buena del club Los Tilos. Las madres me trataron como si me conocieran de toda la vida, los profes eran amorosos y todavía seguimos en contacto con algunos de ellos", dice.

La madre de Nico reconoce que su concepto acerca de rugby cambió rotundamente y le aconseja a otras madres que envíen a sus hijos a practicar el deporte. "Ahora están jugando en Universitario de Santa Fe. Me encanta que jueguen al rugby. Nos ayuda un montón, es un sostén para esta nueva etapa de los chicos y su adaptación. El entrenador que tienen ahora nos apoya, charla con ellos y nos ayuda un montón", afirma.

Gonzalo admite que lo extraña a Nico pero cuenta que hablan casi a diario por teléfono, que le dice que sigue entrenando y mejorando día a día, y eso lo pone más que feliz. "Los Tilos les dio otra mirada de la vida, les enseñó un límite sano, les brindó compañerismo y otros valores, esa familia que es el rugby y el deporte de grupo, les dio cariño y contención. Nico se moría de ganas por venir a entrenar. Ahora tiene un deporte, una actividad física, un compromiso con el horario", añade.

Antes de cortar el teléfono, el entrenador platense reflexiona y comparte un pensamiento que se le presentó en el momento casi como una epifanía: "A los profes, que quizá a veces, como yo, se preguntan si lo que hacen está bien o se frustran, quiero decirles que esto es un ejemplo de que todo lo que uno hace tiene repercusión y se ve hasta donde se puede llegar en la vida de un chico. Es algo hermoso".

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