(AFP)
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La revancha de los cuartos de final de la Champions League en el Etihad Stadium se disputó bajo un clima de tensión. Después del 3 a 0 sufrido en Anfield, el Manchester City se presentó ante su gente con la misión de lograr una remontada histórica frente al Liverpool.

A los dos minutos el equipo conducido por Guardiola encendió la llama de las esperanzas. Cuando el partido se estaba armando, Sterling se asoció con Gabriel Jesús para que el brasileño establezca la mínima diferencia.  El prematuro gol llegó de expectativas al espectáculo. Las dudas de Klopp y la cantidad de tiempo que le quedaba al dueño de casa garantizaban el entretenimiento en Inglaterra.

En las instancias previas al descanso Bernardo Silva pudo ampliar la diferencia, pero el palo le negó el grito. Además, un tanto anulado por fuera de juego de Sané mantuvo con vida a la visita, que a través de Chamberlain amenazó con el empate.

En el complemento el Liverpool le perdió el respeto a su rival y buscó el arco ajeno mediante pelotazos a las espaldas de los centrales. El flojo desempeño de Otamendi y Laporte contribuyó para que Mohamed Salah capitalice un tibio despeje de Ederson Moraes. El egipcio capturó el rebote del arquero y resolvió con una delicadeza que selló el 1 a 1. La conquista tuvo un sabor a clasificación notable, dado que los de Pep necesitaban 4 goles para acceder a la semifinales.

Si algo le faltaba al notable planteo de Klopp era la victoria. Otro grosero error de Otamendi le permitió a Roberto Firmino concretar el 2 a 1 para avanzar a la fase de los cuatro mejores de Europa. En el duelo de estilos, el entrenador alemán impuso su pragmatismo para aplastar a la estética del catalán. En el día de las sorpresas, los de Anfield celebraron un triunfo que sólo será opacado por la humillante eliminación que sufrió el Barcelona en su visita a Roma.

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