La muerte de René Orlando Houseman generó una conmoción en el fútbol argentino. Uno de los que expresaron su dolor de manera más cruda fue César Luis Menotti, una especie de padre futbolístico del Loco tras comandarlo en la selección argentina y Huracán.

"Es la vida… Venía mal. Nos tenía acostumbrados a esas amenazas en los últimos tiempos, pero siempre salía ileso. Esta vez no pudo. Lamentable", explicó el ex entrenador en un diálogo que mantuvo con Radio Coooperativa.

El Flaco ensayó una especie de despedida con un mensaje esperanzador sobre el legado que dejará el ex Huracán, Independiente y Excursionistas, entre otros: "Creo que este tipo de futbolistas, estas personas, que se ligan el cariño de la gente no se van nunca. Siempre andan por ahí en algún potrero, en algún lugar de la Argentina, ahí en su barrio, siempre andan ahí dando vueltas. Lo tomo como que está presente en cada pase, en cada túnel, en cada gambeta. Está su vida ahí".

El entrenador repasó los problemas de salud que había tenido René en diferentes etapas y contó un diálogo que había mantenido en el último tiempo, donde lo vio feliz por conducir al equipo femenino de Excursio. "Estaba bien hace un par de años de salud porque estaba en Excursionistas y se sentía feliz. Me decía: 'Mi papá se va a sentir orgulloso', porque él estaba entrenando a las mujeres. Yo le decía que lo único que me interesaba era que se cuide".

Menotti afirmó que un día Diego Armando Maradona señaló a Houseman como el mejor del mundo: "'Dicen que soy yo el mejor, este es el mejor, me dijo'. Era impresionante. Un futbolista que nacía de la nada. Nunca razonó, era todo fruto de inspiración. Elegía sin ninguna ayuda lo mejor para todos. Para él, para el equipo, para la belleza, para la eficacia…".

"Tenía cosas memorables: un día hace una jugada enfrente del banco, hace un túnel. Yo le digo terminado el partido que estábamos jugando en serio. Me contestó: 'En serio jugaba yo en la villa, que jugábamos por $100 y si perdía me tenía que ir corriendo sin la ropa a casa'".

El técnico campeón del mundo en 1978 con la selección argentina y conductor de un glorioso Huracán describió a su antiguo dirigido como "un pibe bárbaro que cayó en manos del desorden social que le tocó vivir".

"Sus compañeros han hecho lo posible por ayudarlo. No económicamente, pero sí buscando atención médica, psicológica, pero ya era imposible porque era un torbellino su vida", aseguró.

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