"Perón pensaba como estadista y al mismo tiempo era un conspirador"

Fabián Bosoer, periodista e historiador. Foto: Guillermo Llamos.
Fabián Bosoer, periodista e historiador. Foto: Guillermo Llamos.

¿Qué más se puede decir sobre Juan Domingo Perón, esa figura omnipresente de la política argentina de los últimos 70 años? Siempre hay algo más. Así lo entiende Fabián Bosoer, periodista, politólogo e historiador, quien ya tiene varios libros publicados relacionados con diferentes aspectos del peronismo y su época. Entre ellos, Detrás de Perón: historia y leyenda del almirante Teisaire, Generales y embajadores, y Saludos a Vandor, en coautoría con el reconocido periodista gremial, Santiago Senén González.

En su trabajo, Bosoer se sumergió en el inagotable archivo de correspondencias de Perón en Puerta de Hierro. Fruto de esa investigación, elaboró "Revolución y contrarrevolución en el peronismo de los años 60: jugar a los extremos", uno de los capítulos que componen Perón en el exilio: los papeles del archivo Hoover, libro coordinado por José Carlos Chiaramonte y Herbert Klein y publicado por Sudamericana. Allí, Bosoer intenta responder una pregunta surgida de años de trabajo: cómo pudo ser posible que el peronismo mantuviera su vigencia después del golpe de la Revolución Libertadora.

"No hay muchos casos, si es que hay alguno comparable, de un líder político que haya gobernado un país durante casi una década, haya sido derrocado, se haya marchado al exilio y, a 10.000 km de distancia, haya mantenido activo su movimiento político proscripto, con distintos niveles de organización operacional en un frente de resistencia y oposición, y 17 años después haya regresado al país, al gobierno y al poder", señala Bosoer.

Juan Domingo Perón dando un mensaje a la nación.
Juan Domingo Perón dando un mensaje a la nación.

De entre las miles de misivas, Bosoer se centra en la correspondencia que Perón mantuvo con cinco personas: Alberto Ottalagano, Miguel Ángel Iñíguez, Jorge Osinde, Rodolfo Puiggrós y Rodolfo Galimberti. Todos de diferentes vertientes del movimiento.

Pero tal como nos tiene acostumbrados Fabián Bosoer, este trabajo está lejos de ser solo un estudio sobre Perón o el peronismo, sino que su análisis penetra en las dinámicas de segundas y terceras líneas políticas, desgrana los procesos históricos y ayuda a explicar muchas de las lógicas imperantes hoy en día en la política argentina.

-¿Por qué elegiste las figuras de Ottalagano, Iñíguez, Osinde, Puiggrós y Galimberti entre las tantas que se cartearon con Perón durante su exilio?
-Porque encuentro que ellos son actores representativos de una determinada situación de época en los años 60, en los que la política militar y la política ideológica alcanzan su máxima intensidad. La dimensión de la política armada, de la relación entre partido y política, y de la relación entre ideología y política adquirieron una intensidad única en ese entonces.
También hay un porqué desde el punto de vista anecdótico. Muchos de estos personajes, que entre 1973 y 1976 van a tener protagonismo, en realidad habían estado trabajando desde la vinculación con Perón desde muchos años antes. Lo que parece el resultado de una pérdida de control de la situación (todo lo sucedido en los 70), en realidad era el resultado lógico de cómo Perón fue organizando sus cuadros políticos desde todos los años previos.

Jorge Osinde.
Jorge Osinde.

-O sea, a través de estos personajes se puede ver que el escenario ya estaba prefigurado.
-Hay una gestación, un trabajo político muy claro, cuyo resultado no podía ser muy diferente del que fue. Los sucesos de los años 73, 74 y 75 encuentran una lógica en la vejez de Perón, su muerte y la presencia de López Rega como fenómenos disruptivos, exógenos. Pero, en realidad, lo sucedido fue la consecuencia lógica de una determinada manera de operar dentro mismo del esquema en el que Perón pensó la resistencia durante todos esos años. Por ejemplo, tenemos esta peculiaridad de que dos personajes que fueron casi sucesivamente rectores e interventores de la Universidad de Buenos Aires venían de dos vertientes totalmente distintas: por un lado, Rodolfo Puiggrós, que era un intelectual proveniente del marxismo, como rector e interventor, y, tiempo después, Alberto Ottalagano, interventor designado por el ministro de Educación en la época de Isabel, con una declarada identificación de simpatías fascistas. Ninguno de los dos había venido de afuera del movimiento, sino de adentro y desde los inicios de la resistencia peronista. Entonces, acá está el detalle de que encuentro correspondencias simultáneas, contemporáneas, entre Perón y Ottalagano, y Perón y Puiggrós en los años 59, 60 y 61.

-¿Perón tenía un manejo centralizado de esas misivas?
-Estas idas y vueltas de Perón y sus interlocutores siempre estaban mediadas por los delegados, que eran dirigentes políticos o militares retirados, por ejemplo el mayor Vicente y el mayor Alberte, u Oscar Albrieu y Jerónimo Remorino, exfuncionarios de su gobierno que formaban parte del camino centrista de la dirigencia política de la segunda línea del peronismo. También Jorge Paladino y Héctor Cámpora. En el medio aparecen otros personajes como el teniente coronel Jorge Osinde, que va a tener una actuación destacada, trágica por cierto, porque va a ser el organizador de los cuerpos de seguridad que rodean a Perón y que trabajan con López Rega en el operativo de retorno de Perón y que van a tener gran responsabilidad en la matanza de Ezeiza. Luego se convertirían en la Triple A.
También es cierto que Perón mantenía todo el tiempo un circuito radial de vinculaciones paralelas. Esta reconocida estrategia del líder de decirle a cada uno lo que quería escuchar para poder operar territorialmente y políticamente en función de tributar a su liderazgo.

Rodolfo Puiggros.
Rodolfo Puiggros.

-¿Con qué objetivo?
-Perón tenía que lograr, a la distancia, tener una segunda línea que no lo desplazara. Para eso, neutralizaba unos con otros al interior del movimiento. Perón era todo el tiempo un líder político que pensaba como estadista y, al mismo tiempo, era todo el tiempo un conspirador. Son dos facetas de Perón, que es un estratega militar de formación, que piensa a la política como militar y que piensa la cuestión militar desde la política. A la vez es un oficial de inteligencia, su formación es esa. Durante su gobierno, esta doble faceta le permitió construir un tipo de régimen, un gobierno, una visión de Estado, y al mismo tiempo neutralizar todos los elementos de resistencia que tuvo en las FF. AA.
Todo esto hace eclosión con el "Perón en el exilio", que va a exacerbar esta visión estratégica de la política nacional latinoamericana y mundial, y la visión del "Perón conspirador", que puede estar al mismo tiempo conversando con intelectuales y con operadores políticos de terreno vinculados con la acción directa.

-No debía ser sencillo mantener esas líneas de comunicación diferenciadas…
-Hay situaciones de intercambio epistolar que son impresionantes. También hay que decir la contraparte, Perón puede hacer eso porque hay una creencia colectiva, una construcción compartida desde los interlocutores y Perón mismo.

La Masacre de Ezeiza.
La Masacre de Ezeiza.

-¿Hay una creencia de poder cooptarlo, de traerlo hacia una u otra vertiente?
-La relación entre Puigrós y Perón es lo más parecido a lo que uno puede pensar en Maquiavelo escribiéndole al príncipe. Es el intelectual que piensa el poder, el estado, el partido y el liderazgo, y que aconseja al líder sobre cuál es su lugar en la historia. Sobre cómo recuperar el poder y ser la figura protagónica de una revolución nacional inconclusa, en el caso de lo que planteaba Puigrós. Esa revolución había quedado interrumpida en 1955, y su prosecución en los años 60 parangona el peronismo con otros fenómenos como la revolución cubana, las revoluciones árabes y todo lo que se va a llamar el socialismo nacional. Ahora, en la otra vertiente, Ottalagano, Osinde, las figuras tal vez más extremas pero que tenían predicamento en la ortodoxia del peronismo, buscaban restaurar un orden destruido. Por eso, revolución y contrarrevolución conviven en un mismo esquema ideológico.

-¿Cómo se hacía para acceder a tener esa relación con Perón?
-Fue un trabajo muy sistemático con células, de organizar comités locales… Un trabajo de muchos años que empieza en los años 55 y 56, y va teniendo distintas facetas que tienen que ver con una mirada militar de la política territorial y también con una teoría de la acción directa.

-¿Podían circular libremente los mensajeros que iban a Puerta de Hierro? ¿Había algún control?
-Las telecomunicaciones eran más rústicas, pensado desde hoy, todos los sistemas de seguridad eran más filtrables. De todos modos habría que reconstruir cada uno de esos viajes. Hay que recordar que en el 64 se prepara una operación retorno fallida. Durante 17 años, Perón no solo no puede volver, sino que no está convencido de en qué condiciones volver.

Fabián Bosoer, en diálogo con DEF. Foto: Guillermo Llamos.
Fabián Bosoer, en diálogo con DEF. Foto: Guillermo Llamos.

Historia, relato, memoria

-¿Las cartas analizadas en el libro son inéditas?
-Lo son en el sentido de que algunas de ellas recogen datos que yo detecto como desconocidos, pero son cartas que no estaban ocultas, porque están disponibles en el archivo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford. Quienes las tenían, donaron o vendieron, obviamente las conocían.

-¿Por qué están allá? ¿Les cuesta a los argentinos tener los materiales de su propia historia?
-Hay un tema historiográfico de lo que es la construcción de los archivos nacionales que hacen a la memoria de un país. Lo primero que uno puede decir es que la inestabilidad institucional, las rupturas políticas, las dificultades para construir una memoria compartida del pasado que tuvo el país son elementos que se reflejan en la dificultad de tener la documentación protegida, registrada y custodiada por el Estado. Porque ¿qué es el estado sino el resultado de precisamente esos elementos y denominadores comunes? Ahora, uno puede decir que la estabilidad institucional es un problema del siglo XX de la Argentina, que después del 83 fue superado. En esa estabilidad institucional hay continuidad en la vida democrática y eso permite recuperar los registros documentales del pasado. Visto desde ese lugar, 34 años frente a un siglo de interrupciones, disputas y apropiaciones de la legitimidad política es un período en el cual uno puede empezar a tener registros documentales. Eso es una manera de verlo.

-¿Qué otra forma de verlo encontrás?
-Hay otras cuestiones que tienen que ver con cuánta conciencia hay hoy en día desde el Estado respecto de la importancia que tiene la documentación escrita en un mundo en el que las telecomunicaciones se están replanteando el valor de proteger elementos que son casi museológicos. Esto es otra discusión, la relación entre memoria, historia y responsabilidad del Estado. No sé si hay suficiente conciencia en la dirigencia política y en los sectores del pensamiento que tienen responsabilidad académica en resguardar estos elementos. Es mucho más que una cantera en la cual los historiadores pueden recoger elementos para poder publicar libros. Se trata de algo que tiene que ver con la educación del país, con la transmisión intergeneracional, con la posibilidad de tener un pasado compartido más allá de que haya múltiples interpretaciones sobre él. Este es el tema que se atravesó en los últimos años con la cuestión de los "relatos". La contraposición de "relatos" no debería invalidar la existencia de una muy rica historia común, sobre todo que incluya la historia común de los antagonismos que nos dividieron.

-¿El peronismo está muy tamizado por esos relatos?
Hoy sigue habiendo revisiones del peronismo que son apologías, epifanías, reescrituras, diatribas, críticas lapidarias. Lo cual es parte del registro ensayístico y es parte representativa de sectores que se ven reflejados en uno u otro lado. Pero lo importante, aparte de eso, es que exista un registro en el que uno pueda encontrar una reconstrucción del pasado basada en hechos. Es una etapa interesante porque va decantando. Pero los tiempos históricos son más largos que los políticos y, sobre todo, que los gubernamentales.

-En estos últimos años se hizo especial foco en la importancia de contar con un "relato" que le de significado a todo lo que se hace desde el gobierno. ¿El de Macri tiene uno propio?
-El peronismo y antiperonismo le dieron "relatos históricos" a la Argentina que siguen teniendo resonancia. El hecho de tener por primera vez un gobierno que no es peronista ni tampoco radical, y que es el resultado de una formación política del siglo XXI nos coloca frente a este interrogante: ¿es posible para la sociedad argentina construir una democracia sin un "relato" dominante?
Hay países que pueden, Italia, España, por ejemplo. Las democracias parlamentarias y los países federales son más propensos a coexistir sin que el primer ministro o jefe de Estado tenga que permanentemente construir un discurso contenedor de todo, interpretador de la historia política y que defina dónde están los antagonismos principales y las agendas fundamentales. Así y todo tienen sus tensiones –Cataluña y el norte y sur de Italia–, pero la vida política transcurre con todos sus sobresaltos y los italianos se siguen sintiendo italianos y los españoles se siguen sintiendo españoles. Sus democracias no corren riesgos de ruptura. Hay otros países que tienen necesidad de estos "relatos nacionales" emitidos desde el vértice del poder, por ejemplo, EE. UU., donde la presidencia tiene una impronta fuerte.

El hecho de tener por primera vez un gobierno que no es peronista ni tampoco radical, y que es el resultado de una formación política del siglo XXI nos coloca frente a este interrogante: ¿es posible para la sociedad argentina construir una democracia sin un “relato” dominante?

-¿Y en la Argentina?
-La Argentina tiene una cultura presidencialista, instituciones políticas relativamente débiles y sistemas políticos representativos en crisis. Tiene esta recurrencia a esperar que desde el poder se represente, se construya y se alimente un "relato nacional" que contenga a todos y que defina ideológicamente y políticamente su lugar en la historia.

-¿Se va a lograr hablar de Perón sin tanto apasionamiento a favor o en contra?
-Creo que en la historiografía ya se logró. Lo que tiene el peronismo en sí mismo es que sigue siendo un movimiento político con vigencia. Tal vez este es un momento único, porque después de 70 años se está hablando de que el peronismo puede dejar de ser un partido organizado mayoritario y en condiciones de gobernar. Es la primera vez que no está en el poder, que no está organizado como partido con liderazgos unificados. La comparación puede ser el período del 83 al 87, pero actualmente ya va más de una elección en la que el peronismo se presenta dividido. ¿Va a volver a ser el peronismo un partido político unificado mayoritario? ¿O es parte de la historia? ¿Cuánto está el peronismo en la política actual y cuánto en la historia? Cuanto más deje de marcar el paso de la política presente, más va a decantar como fenómeno de estudio histórico político.

 

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*La versión original de esta nota fue publicada en la revista DEF 117.

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