
La feroz represión en las multitudinarias protestas en Irán y las amenazas de intervención de Donald Trump ponen en guardia al régimen de los ayatolás. El antecedente inmediato de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela preocupa en los círculos de poder de Medio Oriente. A diferencia de los ataques del año pasado contra el programa nuclear iraní, hoy una eventual acción militar debería plantearse el escenario político posterior.
“El cambio de régimen es mucho más difícil en Irán que en Venezuela”, no dudó en afirmar a DEF Ely Karmon, especialista del International Centre for Counter-Terrorism (ICCT) de Israel, quien dialogó telefónicamente con este medio. Según dijo, “Trump está convencido de que es necesario un cambio de régimen”. Sin embargo, matizó que existirían “presiones de Arabia Saudita, Qatar y Turquía, preocupados por las consecuencias desestabilizadoras” en sus propios países.

En clave interna, recordó que, aunque alrededor del 55% de la población iraní es persa y de religión musulmana chiita, el país está poblado por minorías que tienen sus propias reivindicaciones políticas o, incluso, reclamos independentistas. Entre ellas, mencionó a los azeríes, los kurdos, los baluchis y los árabes sunnitas del sur. “No sabemos cómo reaccionarían las minorías en caso de una caída del régimen”, añadió el experto.
En septiembre de 2022, la muerte de la joven kurda Mahsa Amini, cuando se encontraba detenida en una comisaría por no utilizar el velo islámico, desató una ola de protestas. Fue el último gran desafío que sacudió al régimen, cuyas autoridades no dudaron en recurrir a la represión para recuperar el control de las calles. Estas oleadas se vienen repitiendo, periódicamente, desde junio de 2009, cuando el entonces candidato reformista Mir-Hosein Musavi y su “movimiento verde” denunciaron un monumental fraude en las elecciones presidenciales que dieron la reelección al ultraconservador Mahmoud Ahmadinejad.

Irán y su futuro: el espejo de la situación en Venezuela
Al comparar una posible intervención militar en Irán con la operación del pasado 3 de enero contra Nicolás Maduro en Venezuela, Karmon sostuvo: “Trump decapitó parcialmente el régimen y negoció con Delcy Rodríguez. Los ministros de Defensa, Vladimir Padrino, y del Interior, Diosdado Cabello, que controlan respectivamente las FF. AA. y el aparato represivo, siguen en sus puestos. También siguen habiendo agentes cubanos, que controlan los servicios de inteligencia. Parecería que Trump quisiera controlar, a través del gobierno actual, el petróleo; y luego, poco a poco, empezar a tomar el control de los servicios de seguridad, antes de convocar nuevas elecciones generales”.
“Esto no se puede hacer en Irán”, agregó, al tiempo que señaló que el movimiento reformista aparece muy mermado y sin voces fuertes. El experto israelí recordó el caso del exmandatario Mohamed Khatamí, en el poder entre 1997 y 2005, quien nunca más pudo hablar en público ni participar en elecciones. La única posibilidad que él observa es una deserción de miembros de alto rango del Ejército, que podrían “cambiar de campo” y luchar con sus armas contra la Guardia Revolucionaria Islámica y el Basij, una milicia auxiliar formada por voluntarios y encargada de la represión interna.

En ese sentido, Karmon opinó que “uno de los motivos por los que EE. UU. no empezó aún su operación es que no contaba con información suficiente para atacar y destruir la comunicación entre las distintas bases de la Guardia Revolucionaria Islámica”. Justamente fue lo que hizo Israel en junio de 2025, cuando decapitó los mandos de la Guardia Revolucionaria, aunque —matizó el analista— “no atacó al Basij”.
Los intereses estratégicos de EE. UU. en la región
La guerra en Gaza contra Hamas —también apoyada por Turquía—, el descabezamiento de la cúpula de Hezbollah por parte de Israel y la caída del régimen sirio de Bashar al-Assad debilitaron el denominado “eje de la resistencia” controlado estratégicamente por Irán. Uno de los factótums de esa red de desestabilización regional fue el excomandante de la Fuerza Quds iraní, Qassem Suleimani, eliminado en un operativo ordenado por Trump en enero de 2020, durante su primer mandato.
Al respecto, el experto del International Centre for Counter-Terrorism (ICCT) señala que un cambio de régimen en Teherán implicaría el fin del apoyo iraní a esas fuerzas, así como al movimiento houthi en Yemen, que representa “una amenaza no solo para Israel, para Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y la comunidad internacional”. Y el otro grupo proxy al que Karmon hizo referencia son las milicias pro-iraníes en Irak, con “120.000 combatientes, una parte de ellos miembros de los servicios de seguridad del gobierno de Bagdad”.

Las consecuencias también se sentirían en el mercado petrolero, ya que China es actualmente el mayor cliente de Irán, cuya industria se ha visto muy afectada por las sanciones internacionales. “El nuevo gobierno podría modernizar la estructura petrolera iraní y los precios internacionales del crudo descenderán”, completó, al tiempo que recordó que Irán comparte con Qatar la explotación del gigantesco campo gasífero South Pars-North Dome. “Un cambio de régimen sería un cambio muy profundo en toda la región”, sintetizó.
Rusia, China y el régimen iraní en zozobra
El analista israelí destacó que “la caída del régimen iraní debilitaría también a China y a Rusia”. En el plano estrictamente político y diplomático, a pesar del suministro de drones y misiles balísticos por parte de Teherán a Moscú para la campaña rusa contra Ucrania y de la relación comercial privilegiada con Pekín, Karmon destacó: “Rusia y China no hicieron nada cuando Irán fue atacado”. En ese sentido, citando a fuentes de académicos rusos, dijo: “No existe una coalición con Irán, sino un partnership agreement” (acuerdo de asociación).

Los intereses de Teherán en América Latina también se han visto afectados en los últimos tiempos, con la desestructuración del eje antiestadounidense. “La relación de Irán con los regímenes bolivarianos se dio a partir de la influencia de Hugo Chávez”, recordó Karmon. La captura de Maduro y la crisis del movimiento liderado por Evo Morales en Bolivia son dos ejemplos de esta pérdida de relevancia de los aliados de Teherán. A ese grupo de líderes se sumaría, en breve, el colombiano Gustavo Petro, que en los últimos días moderó su retórica y buscó mejorar su relación con Trump luego de una llamada telefónica que mantuvieron.
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