
Es innegable que el conflicto bélico tiene repercusión en Israel, ya que está generando una profunda reflexión sobre la sostenibilidad, la seguridad alimentaria y la dependencia de recursos externos. Debido a sus limitaciones naturales, los recursos como la tierra, el agua y la mano de obra extranjera han sido y son un factor clave en la productividad y competitividad del sector. En este sentido, la presencia de trabajadores extranjeros desempeña un papel crucial. Su contribución al sector agrícola es fundamental, ya que a menudo ocupan puestos de trabajo que no son fácilmente cubiertos por empleados locales y resultan vitales para mantener la productividad y la eficiencia.
Para contextualizar, antes del conflicto, un considerable número de trabajadores tailandeses se encontraba en la zona limítrofe a la franja de Gaza y el norte de Israel, como parte de una extensa comunidad en el sector agrícola. Los eventos del 7 de octubre, entre otras consecuencias, provocaron el retorno a los países de origen de miles de ellos. Esto, sumado a la prohibición de entrada para otros tantos agricultores palestinos que día a día se desempeñaban en fincas israelíes, dejó al sector en una posición complicada, que dificulta la continuidad de las labores en los campos. La migración masiva subraya así la fragilidad y la interrelación entre la agricultura israelí y la mano de obra externa, y destaca su importancia crítica para el funcionamiento del sector.
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Desafíos y transformaciones en tiempos de cambios
Un análisis previo al conflicto mostraba a Israel transitando, al igual que otros países desarrollados, una continua reducción en su sector agrícola y disminución de su relevancia económica. Esta situación llevó a que las generaciones más jóvenes se alejaran de la agricultura por percibirla como una profesión exigente, socialmente poco valorada y económicamente menos gratificante. Como resultado, la población rural-agrícola envejeció, la sucesión en las fincas agrícolas se volvió cada vez más escasa y se dio una progresiva sustitución de trabajadores nacionales por migrantes. Esta situación es similar en todas las regiones del país, incluidas aquellas afectadas por el conflicto bélico.

La región que rodea Gaza se destaca como una de las áreas hortícolas más importantes de Israel, mientras que la zona norte, en la frontera con Líbano, se caracteriza por su enfoque netamente frutícola. En ambos espacios, la gestión de las operaciones agrícolas demanda una cantidad significativa de mano de obra especializada. Hoy, la situación obligó a los productores a enfrentar una dura realidad: parte de sus cultivos se volvieron inaccesibles por razones de seguridad y, paralelamente, la disponibilidad de mano de obra para actividades como la poda de frutales, el tutorado del tomate, la preparación de plántulas, los injertos, e incluso labores más sencillas –como la cosecha de cítricos–, implican un ritmo de trabajo específico sumamente difícil de respetar.
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La agricultura es de los pilares fundamentales para el abastecimiento de alimentos, y eso la convierte en un punto clave en las decisiones de los gobiernos. Sus actores deben saber que la labor seguirá siendo fundamental para la sociedad, y, por ello, en momentos como la crisis desencadenada por la pandemia de COVID-19 o el actual conflicto bélico, resulta esencial encontrar soluciones para las limitaciones que surjan en la cadena de suministro alimentario.

Perspectivas sostenibles para el futuro agrícola
Esta coyuntura crítica en la agricultura israelí subraya la necesidad imperante de profundizar los procesos de adopción de tecnologías como aliado. Es crucial entender que una auténtica transformación tecnológica en entornos rurales debe pasar por la digitalización para enfrentar los desafíos que se presentan. Sensores y robótica son dos de las áreas principales de la tecnología digital en la agricultura. Los sensores, por ejemplo, identifican el estado del suelo en relación con su humedad, contenido de minerales, etc. Estos datos podrán determinar cuándo y dónde fertirrigar de manera eficiente sin necesidad de llegar a la parcela relevante. En este sentido, se han desarrollado sensores capaces de determinar la madurez de los frutos y su momento óptimo de cosecha. La agricultura de precisión producirá robots y aplicaciones que calcularán la madurez de frutas sobre la base de la información recopilada en cuanto a tamaño, color, etc. De esta forma, la cosecha podrá ser completamente automatizada, lo que permite reducir los desperdicios.
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La necesidad de reevaluar estrategias agrícolas y buscar nuevas formas de producción más resilientes y eficientes se vuelve una parte esencial del cambio de percepción necesario para superar la severa crisis que estamos transitando. La agricultura, en contextos como el de Israel, está estrechamente vinculada a la percepción y la realidad que atraviesa la sociedad. La forma en que la agricultura se adapte y evolucione no solo reflejará la capacidad de la región para enfrentar desafíos, sino también su habilidad para modificar la percepción colectiva hacia un enfoque más sostenible y autosuficiente que vaya en línea con los cambios en el entorno.

* El autor es director del Departamento de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Israel
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