Numerosas colonias de lobos marinos habitan nuestro océano. Foto: Fundación Foro para la Conservación del Mar Patagónico.
Numerosas colonias de lobos marinos habitan nuestro océano. Foto: Fundación Foro para la Conservación del Mar Patagónico.

Bajo la jurisdicción de la Administración de Parques Nacionales (APN) y en el marco del Sistema Nacional de Áreas Marinas Protegidas, (ANAMP), establecido por la Ley 27.037, la creación de "Yaganes" y "Namuncurá-Banco Burdwood II" –votada por ambas Cámaras del Congreso– suma 69.000 km2 y 32.000 km2, respectivamente, a la superficie que ya contaba con algún grado de protección.

Para Germán Pale, geógrafo y coordinador de la Fundación Vida Silvestre Argentina, la decisión "genera herramientas concretas para la preservación" y la conservación de procesos ambientales en el mar, clave para el funcionamiento del ecosistema.

-¿Cómo definiría las áreas marinas protegidas?
-Son sectores marinos y de costa cuya biodiversidad, cultura e incluso historia quedan amparados por la ley; un concepto similar al de los parques nacionales terrestres, pero llevado al mar. Desde la década del 70 en adelante, se crearon alrededor de 25 áreas protegidas que tienen la característica de ser costeras, con apostadero de fauna y con una franja de mar. Sin embargo, se distinguen de las ya existentes por tratarse de áreas oceánicas. Estas nuevas áreas, que colocan a la Argentina en un camino importante de conservación, tienen un antecedente: Namuncurá-Banco Burdwood, que fue creada en agosto de 2013. Esta zona, una meseta submarina de aproximadamente 28.000 km2, ubicada al sur de las Islas Malvinas y al este de la Isla de los Estados, fue la primera en cumplir con la característica oceánica. La diferencia con las dos flamantes áreas marinas protegidas, conocidas como AMP, es que estas últimas se enmarcan en el Sistema Nacional de AMP, sancionado en 2014, cuyo objetivo es construir una especie de red de gestión y planificación para su regulación organizada y estratégica. Dicho de otro modo, este Sistema fue instituido a fin de conservar los espacios marinos representativos de los ecosistemas y de amparar las distintas áreas bajo una plataforma institucional única. Por ello, en noviembre de 2019, se sumará Namuncurá-Banco Burdwood, que está ubicada en aguas de jurisdicción nacional. En cuanto a la diferencia entre las áreas marinas costeras y las oceánicas, creo que lo fundamental es que en estas últimas se prioriza sobre todo la conservación de procesos ambientales en el mar, de muy difícil ubicación, pero clave para el funcionamiento del ecosistema.

-¿Podría explicar de qué modo funciona este Sistema Nacional?
-Es una planificación marina espacial y del manejo costero integrado que está orientada a la preservación de especies amenazadas y a la promoción de buenas prácticas en todas las actividades marítimas: pesca, explotación hidrocarburífera, investigaciones científicas y turismo, entre otras. Teniendo como autoridad de aplicación a la APN, se establece un modelo de gestión que dispone restricciones en cinco categorías, que abarca desde lugares solo aptos para investigación científica, de máxima restricción hasta reservas marinas donde se impulsan prácticas sustentables y se puede desarrollar la actividad pesquera. Esos son los extremos que se determinan según lo que se quiere conservar. Hay lugares donde solo están permitidos el tránsito y la navegación de superficie de barcos. Además de generar herramientas concretas para la preservación, tiene como objetivo identificar áreas clave.

Delimitación del AMP Namuncurá-Banco Burdwood, creada en 2013. Foto: Archivo DEF.
Delimitación del AMP Namuncurá-Banco Burdwood, creada en 2013. Foto: Archivo DEF.

-¿Cuáles son las principales características de Yaganes y Namuncurá-Banco Budwood?
-Coinciden en que ambas se encuentran en áreas subantárticas, de donde se desprende la corriente de Malvinas que baña todo el borde de la plataforma continental argentina. Yaganes tiene una localización interesante porque está al sur de Isla de los Estados y se extiende hasta el límite marítimo con Chile, que hace un año creó un área marina de similares características. Esto es importante porque, más allá de que cada país maneja las competencias dentro de su territorio, hay una continuidad en esas áreas que se complementan y conservan los mismos procesos y las mismas especies. Namuncurá-Banco Burdwood II es una especie de meseta submarina ubicada entre 50 y 200 metros de profundidad, según la zona, y todo lo que la rodea es mucho más profundo aún, sobre todo hacia el sur, donde comienza una abrupta pendiente –el talud continental– que desciende hasta los 4000 metros. En todo ese gradiente del talud y a partir de los 600 metros, se desarrollan los corales de agua fría, ecosistema muy poco conocido y que fue develándose gracias a las campañas científicas oceanográficas realizadas a partir de 2013. Entre los datos recabados, se destaca que se trata de zonas de desove de algunas especies de tiburón y de cría de varios peces de interés comercial. En otro orden, tiene un plus asociado, y es que dentro de este sector están los restos del crucero ARA General Manuel Belgrano, hundido el 2 de mayo de 1982, durante la Guerra de las Malvinas.

-¿Cuáles son las principales amenazas que sufre este sector del océano?
-Es una zona de pesca de algunas especies de alto valor comercial en el mercado premium, como la merluza negra cuyo mal manejo puede atentar contra la sustentabilidad del recurso. Son también áreas de alimentación de aves marinas, en particular, de distintas especies de albatros, que siguen a los barcos pesqueros en busca de alimentos. En los últimos años, se implementaron una serie de medidas para disminuir su captura incidental o muerte por accidente, ya que la pérdida de ejemplares puede condicionar el futuro de la especie.

-¿Y qué ocurre con la explotación petrolera?
-Las áreas protegidas restringen, entre otras cosas, la exploración y explotación petrolera. Esto implica que no se pueden hacer prospecciones –que son sísmicas y afectan los cardúmenes– ni instalar explotaciones. Tanto Yaganes como Namuncurá-Banco Burdwood II están fuera de las áreas que nuestro país está licitando para realizar prospección hidrocarburífera. Este conflicto entre protección ambiental y desarrollo quizás pueda plantearse a futuro en otros sectores y, llegado el caso, será motivo de discusión.

-Teniendo en cuenta lo difícil que resulta el control de los pesqueros extranjeros en nuestras aguas jurisdiccionales, ¿cómo se va a llevar a cabo este control en una zona oceánica?
-Son situaciones diferentes. Las noticias que solemos tener acerca de captura de barcos se refieren a una actividad que debe realizarse en aguas internacionales –que no están reguladas por ningún país– e ingresan en nuestra zona económica exclusiva (ZEE). Las áreas protegidas, en cambio, se encuentran dentro de las 200 millas de ZEE, donde solo están autorizados los barcos matriculados en la Argentina. ¿Qué implica? Que al salir del puerto emiten una señal de satélite que es controlada y seguida, no solo por el tema pesquería, sino también por una cuestión de seguridad, para lo cual no se requieren patrullas ni barcos fiscalizadores, ya que los seguimientos pueden realizarse a través de software. El monitoreo de posición de los barcos se lleva a cabo en todo el mar Argentino, por lo cual el reto es saber si cumplen o no los cupos de pesca permitidos.

El petrel, ave de características únicas, es uno de los ejemplares más buscados por los que fotografían el Atlántico Sur. Foto: Fundación Foro para la Conservación del Mar Patagónico.
El petrel, ave de características únicas, es uno de los ejemplares más buscados por los que fotografían el Atlántico Sur. Foto: Fundación Foro para la Conservación del Mar Patagónico.

-Nuestro país asumió el compromiso frente al Convenio de Diversidad Biológica de proteger un 10 % de su superficie marina para 2020. ¿Estamos en ese camino?
-Creo que la incorporación de estos más de 100.000 km2 es un primer paso que nos permite ir acercándonos y, a su vez, una buena señal del compromiso de la Argentina. Pero, en realidad, la Convención no es una ley que conlleve una sanción, sino que establece lineamientos o metas hacia donde los países deben apuntar. De todas formas y más allá de los porcentajes, el real desafío es la implementación efectiva del instrumento jurídico sancionado, la correcta inversión de los recursos, entre otras muchas medidas que se analizarán a partir de ahora. Son procesos que llevan su tiempo, sobre todo en un caso como este, en el que hay diversos organismos implicados.

-¿Existen otras áreas que ya estén en estudio?
-Si bien hay un portafolio de grandes sectores del mar que deben ser analizados, el proceso que ya está en marcha es la creación de un área protegida a 50 millas aproximadamente, frente a península Valdés.

-Por la zona donde están ubicadas estas nuevas AMP, ¿tienen un valor especial?
-Considero que sí. En general, un área protegida es una medida de ordenamiento de las actividades, una decisión del Estado de determinar qué puede llevarse a cabo en ese lugar. Sin embargo, en este caso, creo que hay otro factor. El hecho de que la Argentina establezca la delimitación de un polígono en el área limítrofe con Chile con proyección hacia la Antártida, y que Chile haga lo mismo, va más allá de la conservación. Es un mensaje de política pública, de posicionamiento y ocupación de territorio en el mar, de impulso a la investigación científica, entre otras cosas. En síntesis, es una forma de establecer soberanía en un espacio difuso como el mar. Creo que, en definitiva, estamos viviendo un proceso similar al que se dio en la década el 30 cuando se crearon los primeros parques en el continente –Nahuel Huapi, Lanín, Los Alerces– para consolidar un espacio que necesitaba ser ocupado estratégicamente.

*La versión original de esta nota fue publicada en la Revista DEF N. 125