El regreso de Remil sitúa a su agente de inteligencia en la Argentina libertaria, con una misión que consiste en “proteger a Milei de sí mismo”. Jorge Fernández Díaz acaba de publicar El hombre que quería matar a Pérez-Reverte y otras misiones de Remil, un volumen de relatos que retoma al protagonista de su saga de espionaje político y lo traslada a las tensiones del presente. “Es un juguete, pero es un juguete mortífero”, definió el autor en una entrevista con Infobae En Vivo.
El libro, editado por Planeta, reúne nuevas operaciones de Remil y de su jefe, Calgary. Uno de los relatos parte de una situación que involucra a Arturo Pérez-Reverte, amigo de Fernández Díaz desde hace más de tres décadas: un hombre convencido de que el escritor español le roba ideas comienza a enviar amenazas a Penguin Random House, mientras el novelista se niega a llegar con custodia a la Feria del Libro. Remil recibe entonces el encargo de protegerlo sin que él lo advierta.
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“Remil no tiene mucho que hacer, así que le encargan proteger, sin que lo sepa Pérez-Reverte, protegerlo de alguien que está obsesionado con él”, explicó Fernández Díaz. Según contó, el punto de partida sitúa al personaje en un período de suspensión burocrática, habitual para los agentes cuando cambia el gobierno: “Estaba en un limbo, como siempre que viene un nuevo gobierno; los ponen en un limbo burocrático un tiempo, hasta que después empiezan a usarlos inevitablemente”.

El autor precisó que Remil y Calgary son agentes de inteligencia argentinos y que la materia de sus investigaciones no son las grandes potencias, sino la trama doméstica. “No es que están investigando y espiando a grandes potencias, sino espiándonos a nosotros los periodistas, espiando a los políticos, tratando de destruir a un político, levantar a otro, defender”, describió.
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En la nueva ficción, una agencia de seguridad e inteligencia les pide que actúen como conocedores del terreno. La misión central, dijo el escritor, queda formulada en una pregunta: “¿Cómo protegerlo a Milei de sí mismo?”. Fernández Díaz aclaró que la novela incorpora elementos imaginarios, aunque trabaja con materiales que reconoce en la actualidad política. “Este libro fue casi escrito sobre la actualidad”, afirmó. “No se puede hacer una novela de espionaje en la Argentina si no es espionaje político”, agregó.
El autor de El puñal, La logia de Cádiz, Mamá y El secreto de Marcial dijo que optó por modificar la forma de esta entrega. La extensión más breve y el pulso de los episodios responden, según explicó, a una decisión narrativa vinculada con el consumo audiovisual contemporáneo. “En el siglo XXI la novela ya no es el gran formato narrativo de nuestros tiempos. Y esto es muy doloroso para alguien que se crio leyendo novelas y escribiendo novelas. Hoy el formato de nuestros tiempos narrativo es la serie. Yo quise aquí tomar el formato serie, condensar el texto, porque creo que se lee de otra manera”, agregó.
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La apuesta, aseguró, no fue escribir una novela para que después pudiera ser adaptada, sino usar desde el comienzo recursos asociados a las series. “Parece una serie en sí misma. No una novela que luego podría llegar a ser una serie, sino tomando los trucos”, dijo sobre El hombre que quería matar a Pérez-Reverte y otras misiones de Remil. La documentación y las conversaciones también forman parte de ese procedimiento. Fernández Díaz relató que participa de reuniones informales con exintegrantes del mundo de la investigación criminal, detectives privados y personas vinculadas a la formación en inteligencia.
Aclaró que evita el contacto profesional con los servicios de inteligencia porque, a su juicio, puede afectar el trabajo periodístico. “Yo ahí voy en carácter de novelista. No vengo acá, no quiero convertir en noticia nada, no me interesa”, explicó. “A veces me voy de ahí con una anécdota, un modus operandi, un gesto, todo eso que luego se ve en las novelas”.
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La historia que da título al volumen funciona además como un homenaje a Arturo Pérez-Reverte. Lo conoció en la Argentina a comienzos de la década de 1990. “Habíamos visto las mismas películas, teníamos los mismos conflictos con la literatura y un poco también con el periodismo”, recordó. Con el tiempo, la relación se volvió “una amistad muy intensa, muy familiar. Conozco a su familia, he estado en su casa”. Cuando terminó el relato, se lo envió directamente, sin anticiparle el proyecto. La devolución del escritor español fue inmediata. “’Eres la hostia’, me dijo”, contó Fernández Díaz entre risas. Pérez-Reverte escribió, además, el epílogo dedicado al universo de Remil.

El personaje, que había protagonizado tres novelas publicadas durante los gobiernos kirchneristas y el de Mauricio Macri, reaparece ahora frente a un nuevo ciclo político. Fernández Díaz anticipó que la mirada literaria de la serie no se limita a un signo partidario. “Yo esto lo hice también con Cristina Fernández de Kirchner. Lo hice con Alberto Fernández, lo hice con todos”, afirmó. “Remil mostró la podredumbre de la política en todos los géneros. Bueno, ahora le toca a los libertarios también”.
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El autor también se refirió a los cuestionamientos del presidente Javier Milei a periodistas y medios. “Cada vez que atacan a un periodista, yo trato de comunicarme con él porque me duele muchísimo”, dijo y consideró que las campañas de hostigamiento contra una profesión desde el poder estatal afectan una dimensión institucional: “La idea de que desde el Estado se puede instalar una campaña de odio hacia una profesión, cualquiera sea, pero más el periodismo, donde está en juego la libertad de prensa. Imaginate que fuera con los médicos o con los abogados. Es de una gravedad y una irresponsabilidad enorme”.
Sin embargo, diferenció esa crítica de su análisis sobre el gobierno. “Pensar a Milei implica recordar que es la primera vez que un libertario es presidente de un país. Justo nos tocó a nosotros ese exotismo”. Sobre el rumbo económico, cuestionó la idea de que el equilibrio fiscal alcance por sí solo para resolver los problemas del país. “El temperamento del presidente es la lengua de Estado”, concluyó Fernández Díaz.
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