
A sus 88 años y con 30 películas en su haber, Ridley Scott no da señales de querer detenerse. “He estado por delante del juego con frecuencia y, si estás por delante del juego, eres un influencer. Así que no soy un cineasta, soy un influencer”, declaró el director británico en una entrevista con The Sunday Times. Scott acaba de estrenar La guerra de los últimos, su más reciente largometraje, protagonizado por Jacob Elordi en el papel de un piloto que sobrevive a una pandemia devastadora en un mundo postapocalíptico. La película está basada en la novela homónima del escritor Peter Heller.
La premiere mundial se celebró el 21 de agosto en el Odeon Luxe Leicester Square de Londres, donde Scott compareció junto al reparto. Elordi, que reemplazó a Paul Mescal tras un conflicto de agenda con los biopics de los Beatles, describió al director ante Variety como “el rey del cine”. Scott, por su parte, ha dicho que el actor “es una gran estrella” y que entre ambos “hubo una gran conexión”. La mayor parte del rodaje transcurrió en locaciones de Italia, con el uso de múltiples cámaras simultáneas. El proyecto nació de una lectura directa del guion, adaptado por el guionista Mark L. Smith. Scott lo tomó de inmediato. El film retrata a Hig, un ex piloto civil que convive con un ex marine en un aeropuerto abandonado de Erie, Colorado, y que emprende una travesía al recibir una transmisión de radio misteriosa.
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Esa lectura del mundo actual no es ajena al director. En la misma entrevista, Scott afirmó que 2026 es el primer año en que siente que la humanidad avanza “hacia un lugar del que no podrá volver”. Citó el calentamiento global y la escalada armamentista como señales de alarma. “Nos hemos deslizado hacia la complacencia”, dijo. “Podríamos caer en el caos y quedar en el medievo en tres meses.”
Esa franqueza es una constante en Scott. Cuando el medio británico le preguntó por la afirmación de Quentin Tarantino de que La caída del Halcón Negro (2001) era la mejor película del siglo XXI, el director respondió con humor: “Me pregunto qué estaba tomando, porque lo que sea que sea, yo también quiero”. Luego aclaró, sin rodeos, que no consideraba que ese fuera el caso.
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El nombre de Tarantino lo llevó inevitablemente al de su hermano, Tony Scott, quien dirigió True Romance a partir de un guion del mismo cineasta. “Tony adoraba a Quentin y creo que Quentin adoraba a Tony”, recordó. Tony Scott murió el 19 de agosto de 2012, a los 68 años. El recuerdo de ese momento sigue presente. Scott atraviesa una etapa de introspección, impulsada por la redacción de sus memorias. “No me había dado cuenta de lo interesante que soy”, bromeó.
La infancia del director también ocupa un lugar central en ese proceso de revisión. Nacido en 1937 en el condado de Durham, Inglaterra, hijo de un coronel del Real Cuerpo de Ingenieros que participó en la reconstrucción de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, Scott asistió a diez escuelas distintas y obtuvo apenas un certificado escolar. “Mis padres decían: ‘Ya te pondrás al día’. Pues claro que no lo hice”, recordó. Fue un maestro, el señor Crowther, quien lo encaminó hacia las artes visuales, primero en el West Hartlepool Art College y luego en el Royal College of Art de Londres, donde coincidió con David Hockney.
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Su carrera en la publicidad —especialmente un aviso para la marca Hovis filmado en una colina de Dorset— afiló el instinto visual que luego definiría películas como Alien (1979), Blade Runner (1982), Thelma & Louise (1991) y Gladiador (2000). Sobre esta última, Scott contó que la escena en que Russell Crowe roza con la mano un campo de trigo —convertida en símbolo de inmortalidad— fue filmada con un doble porque Crowe se negó a viajar a Toscana para rodarla. “Cuando Russell vio la película dijo: ‘Un momento, yo no estaba ahí’. Y yo le respondí: ‘Bueno, es que no quisiste venir’”, relató.
Scott tiene planes que superan ampliamente su edad. Trabaja en una adaptación de La isla del tesoro con Hugh Jackman en el papel protagónico, contempla hacer un musical y tiene en mente un proyecto sobre el elefante africano. “Nunca he hecho un western”, agregó, como si eso también fuera una tarea pendiente. En noviembre de 2026, recibirá un Óscar honorífico en la ceremonia de los Governors Awards de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (AMPAS), junto a la actriz Glenn Close y al animador Floyd Norman. El reconocimiento llega tras cuatro nominaciones sin estatuilla. Scott, que fue nombrado Caballero en 2003 y ascendido a Knight Grand Cross en 2024, recibió la noticia con mesura: “Ya tengo dos títulos de nobleza. Pero estoy muy conmovido. Nunca lo desdeñaría. Ha sido una contribución mayor. Es una bonita pluma en mi sombrero.”
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