La demoledora visión sobre Bolívar que Sarmiento construyó después de escuchar a San Martín

El sanjuanino visitó al Libertador en 1846 y tuvieron una larga conversación. A partir de eso, el primero dio un discurso polémico ante el Instituto Histórico de Francia

En su exilio en Francia, un anciano José de San Martín recibe la visita de un joven Domingo F. Sarmiento. A través de su conversación, se revelan los detalles y sacrificios detrás de la creación del Ejército de los Andes y la audaz estrategia para liberar a Sudamérica.
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La tesis es de Sarmiento, pero la fuente es San Martín: Bolívar fue el hombre más extraordinario que produjo América y también el que arruinó su propia obra por ambición de gloria, de mando y de poder. Eso es lo que el sanjuanino construyó —“casi bajo el dictado” del propio Libertador— tras su encuentro con San Martín, en mayo de 1846. Y así lo dijo en el discurso que pronunció el 1 de julio de 1847 ante el Instituto Histórico de Francia, con José de San Martín presente en la sala y sin desmentir una sola palabra. Ese texto, junto con la carta que Domingo Faustino Sarmiento le envió a su amigo Antonino Aberastain tras visitar al prócer en Grand Bourg, a las afueras de París, son los documentos que sirven de base al cortometraje El Libertador, que Infobae produjo con inteligencia artificial para recrear aquel encuentro.

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Tanta gloria y tanto olvido

Por Domingo F. Sarmiento

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Los textos originales están disponibles en el ebook gratuito Tanta gloria y tanto olvido. El encuentro con San Martín, que Infobae Ediciones publica en Bajalibros con prólogo del periodista Adrián Pignatelli. Lo que sigue es una lectura de esos documentos: lo que Sarmiento pensaba de Bolívar, por qué lo pensaba, y cómo lo dijo.

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Sarmiento admiraba el genio militar de Bolívar, pero condenaba su ambición política

El análisis de Sarmiento no es el de un detractor. Es algo más incómodo: el de alguien que reconoce la grandeza de un hombre y, al mismo tiempo, cuestiona aspectos morales y políticos.

En el discurso de 1847, Sarmiento escribe que San Martín, en la época de Guayaquil, describía a Bolívar con estas palabras: “En cuanto a los hechos militares de Bolívar, puede decirse que le han merecido con razón ser considerado como el hombre más extraordinario que ha producido la América. Lo que sobre todo lo caracteriza, y forma en cierto modo su genio especial, es una constancia a toda prueba, la cual exasperándose con las dificultades, no se dejaba abatir por ellas, por grandes que fuesen los peligros en que su alma ardiente lo había echado.”

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El encuentro de San Martín y Sarmiento, en el corto "El Libertador"
El encuentro de San Martín y Sarmiento, en el corto "El Libertador"

Sarmiento cita a San Martín —vía el comandante Lafond, de la marina francesa— como primera fuente. Pero luego construye su propio juicio: si la estimación del mérito era igual en ambos generales, las miras de cada uno eran “enteramente distintas”. Y ahí empieza el desmontaje.

“Bolívar abrigaba decididamente designios para el porvenir”

La diferencia entre los dos libertadores, en la mirada de Sarmiento, no era de capacidad sino de carácter. San Martín había llegado a Guayaquil a pedir cooperación militar para terminar la campaña del Perú. Bolívar llegó con otra agenda.

“Bolívar abrigaba decididamente designios para el porvenir; tenía un plan de ideas que desenvolver por los acontecimientos; había allí, en aquella cabeza, proyectos en bosquejo, política y ambición de gloria, de mando, de poder”, escribió Sarmiento. Y remató: “San Martín había muy en mala hora venido a continuar por su lado la obra de la emancipación de la América del Sud que Bolívar se sentía llamado a realizar él solo.”

Dos hombres con uniformes militares históricos se estrechan las manos. Hay una mesa con papeles, dos candelabros y sillas en una habitación antigua
Los generales Simón Bolívar y José de San Martín estrechan sus mano, en la recreación del corto "El Libertador". (Imagen Ilustrativa Infobae)

La escena de la entrevista, tal como Sarmiento la reconstruye, es casi cinematográfica. San Martín —“de talla elevada”— echaba sobre Bolívar —“de estatura pequeña, y que no miraba a la cara nunca para hablar”— “miradas escrutadoras, a fin de comprender el misterio de sus respuestas evasivas, de los subterfugios de que echaba mano para escudar su conducta, en fin, de cierta afectación de trivialidad en sus discursos.”

La oferta de San Martín y el momento que define todo

El clímax del relato de Sarmiento es la escena en que San Martín le ofrece a Bolívar combatir bajo sus órdenes. El pasaje es uno de los más citados de la historiografía sudamericana, y Sarmiento lo escribe con una precisión que no deja lugar a ambigüedades:

“Y bien, general”, le dijo San Martín, “yo combatiré bajo vuestras órdenes. No hay rivales para mí cuando se trata de la Independencia americana. Estad seguro, general; venid al Perú; contad con mi sincera cooperación; seré vuestro segundo.”

La reacción de Bolívar, según Sarmiento, fue reveladora: “Bolívar levantó repentinamente la vista, para contemplar el semblante de San Martín, en donde estaba pintada la sinceridad del ofrecimiento. Bolívar pareció vacilar un momento; pero enseguida, como si su pensamiento hubiese sido traicionado, se encerró en el círculo de imposibilidades constitucionales que levantaba en torno de su persona, y se excusó de no poder aceptar aquel ofrecimiento tan generoso.”

Un hombre en uniforme militar de época, bicornio y faja, monta un caballo negro al frente de una columna de soldados con fusiles y una bandera
La gesta militar de San Martín, en el corto "El libertador" (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para Sarmiento, ese momento lo dice todo. Bolívar no podía aceptar porque aceptar implicaba compartir la gloria. Y la gloria era, para él, indivisible.

La dictadura como sistema, no como emergencia

Una de las críticas más estructurales que Sarmiento le hace a Bolívar no tiene que ver con la entrevista de Guayaquil sino con su modo de ejercer el poder. En el discurso, Sarmiento traza una distinción precisa entre la revolución de Caracas y la de Buenos Aires: la primera se personificó en un hombre; la segunda distribuyó el poder entre instituciones.

En Venezuela, escribe, Bolívar asumió “la dictadura, la cual según su significado romano, expresaba ya que la salvación de la República dependía de un solo hombre.” Y una vez instalado en ese lugar, no lo abandonó. “Desde entonces y largo tiempo después, toda influencia, toda dirección está reconcentrada en un solo hombre; Bolívar es el general en jefe de los ejércitos, el Presidente de la República que va agrandándose de día en día por agregaciones sucesivas, el Libertador en título y el Dictador permanente, circunstancia que revela más que ninguna otra, la personificación del poder.”

Efemérides – Perú – historias – 26 julio
Los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín se encontraron en Guayaquil para planificar la estrategia final de la independencia sudamericana. (Pablo Ducros Hicken)

La denuncia se extiende al modo en que Bolívar trataba a sus propios oficiales. “Jefes de alto rango le prestaban servicios personales incompatibles en otros ejércitos con su grado militar. Su lenguaje para con ellos se resentía de esta posición”, escribe Sarmiento. Y lo ilustra con el testimonio del general Mosquera: “Cuando vimos al ejército de San Martín, conocimos por la primera vez lo que era la jerarquía militar. Entre nosotros, no había sino general en jefe y soldados.”

Las anexiones: una conquista disfrazada de liberación

Sarmiento también cuestiona el método territorial de Bolívar: la práctica de incorporar a Colombia cada provincia que sus ejércitos liberaban. Quito, Pasto, Guayaquil: todas eran declaradas parte de la Gran Colombia antes de que sus habitantes pudieran pronunciarse. Sarmiento ve en eso una contradicción insalvable con los principios de la independencia.

La tensión llegó a un punto de ruptura cuando el escuadrón de granaderos que San Martín había prestado a Sucre —veteranos de Riobamba— desertó de la guardia de honor de Bolívar y se dirigió al Perú. La razón: la indignación ante la anexión de Guayaquil. El propio Bolívar tuvo que salir a caballo en su persecución.

Portada de libro que muestra a Domingo F. Sarmiento y a José de San Martín representados por dos hombres de época que se dan la mano.
La portada del libro "Tanta gloria y tanto olvido", que se descarga gratuitamente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la carta que San Martín le envió a Bolívar el 29 de agosto de 1822 —reproducida íntegramente en el ebook— el Libertador del Sur se lo dice sin rodeos: “Nada diré a V. sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia; permítame V., general, le diga que creo no era a nosotros a quienes correspondía decidir sobre este importante asunto: concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran tranzado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estados de Sudamérica.”

El final de Bolívar y el juicio de Sarmiento

El discurso de Sarmiento no se detiene en Guayaquil. Sigue la trayectoria de Bolívar hasta su ocaso: las constituciones impuestas a Bolivia y Perú con presidencias vitalicias; los intentos de anexar Chile y las Provincias Unidas; la disolución de la Gran Colombia; las conspiraciones; la guerra civil. Y el final.

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“Bolívar, abrumado de pesares, perseguido por la desaprobación, por no decir el odio de sus contemporáneos, muere al año siguiente en una quinta adonde había ido a ocultar su desencanto”, escribe Sarmiento, y cita las últimas palabras del Libertador: “Me ruborizo al confesarlo, pero la independencia es el único bien que hemos conseguido a costa de los demás.”

El juicio final de Sarmiento es austero pero contundente: “Ojalá que Bolívar se hubiese contentado con haber asegurado a una gran parte de la América esa independencia, sin empeñarse después en doblegarla a miras que pueden ser tachadas de personales, y en manera alguna aconsejadas por intereses conocidos de los pueblos. Esto le hubiera ahorrado una parte de los desengaños que amargaron sus últimos momentos.”

El peso del testigo: San Martín estaba en la sala

Hay un dato que los historiadores han subrayado y que Sarmiento consigna en el apéndice de su discurso: cuando pronunció esas palabras ante el Instituto Histórico de Francia el 1 de julio de 1847, San Martín estaba entre el público. Y no dijo nada.

Esa actitud fue leída por una corriente historiográfica como un aval tácito a la versión de Sarmiento. El hombre que había estado en Guayaquil, que había negociado con Bolívar, que había cedido su posición y su gloria, escuchó el relato y guardó silencio.

El propio Sarmiento lo señala en el apéndice: el objetivo de aquel discurso era "

De los documentos al cortometraje: cómo Infobae construyó <i>El Libertador</i>

Dos hombres posan sonrientes; el de la izquierda lleva bigote y jersey gris, el de la derecha usa polo negro y tiene el brazo sobre el hombro del otro
Arturo Puig y Juan Leyrado fueron San Martín y Sarmiento en "El libertador", la película de Infobae

Esos dos documentos —la carta a Aberastain y el discurso ante el Instituto Histórico de Francia— son la fuente primaria del cortometraje El Libertador, de 20 minutos, que Infobae produjo y estrenó el 14 de agosto de 2026, a 176 años de la muerte de San Martín. Las imágenes fueron creadas íntegramente con inteligencia artificial por un equipo de más de 15 personas; las voces son de Arturo Puig como San Martín y Juan Leyrado —que actualmente interpreta a Sarmiento en teatro— como el sanjuanino. El guion es de Marcelo Camaño y el asesoramiento histórico estuvo a cargo de Pignatelli.

El ebook Tanta gloria y tanto olvido. El encuentro con San Martín, que reúne por primera vez esos textos con el prólogo de Pignatelli, está disponible de forma gratuita en Bajalibros. El cortometraje se puede ver en el sitio de Infobae y en su canal de YouTube.

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