
La vida de William Shakespeare sigue rodeada de rumores, pero una revisión de 13 historias frecuentes sobre el dramaturgo muestra que muchas carecen de prueba documental, mientras otras solo resisten como hipótesis plausibles: desde la supuesta caza furtiva en Charlecote hasta la idea de que no amaba a Anne Hathaway, pasando por su mudanza entre Stratford y Londres, la autoría de sus obras y las circunstancias de su muerte, según la revista de historia británica HistoryExtra.
Uno de los datos más concretos del conjunto aparece lejos de las leyendas: en 1602 Shakespeare invirtió £320 en tierras de Stratford-upon-Avon y después destinó £440 a una participación en los diezmos de la ciudad, una renta vinculada al trabajo agrícola. Para el doctor Paul Edmondson, citado por la publicación, esos movimientos requerían supervisión directa y apuntan a una presencia frecuente en su ciudad natal.
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Esa lectura cuestiona la versión de un escritor que abandonó Stratford para instalarse de forma casi permanente en Londres hasta su retiro. Edmondson sostuvo que, desde fines de la década de 1580, cuando ya consta su presencia en la capital, y hasta alrededor de 1612, su vida tuvo dos centros.
Shakespeare mantuvo vínculos activos con Stratford mientras trabajaba en Londres
La imagen de una fuga definitiva hacia Londres también choca con la compra de New Place en 1597, una propiedad en régimen de pleno dominio que, según la arqueología citada por Edmondson, tenía entre 20 y 30 habitaciones. Un año después ya remodeló su fachada.
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El especialista señaló que una casa de ese tamaño, una de las mayores de Stratford, difícilmente encaja con alguien ausente durante largos períodos. Añadió que ese inmueble era su refugio cuando los teatros londinenses cerraban por la peste —algo frecuente— y también el lugar donde vivían su esposa e hijos.

La historia de que el joven Shakespeare fue sorprendido cazando ciervos en la finca de Sir Thomas Lucy y llevado ante magistrados es, para Edmondson, una buena anécdota sin respaldo documental. No hay registro de procesos locales por caza furtiva en sus años jóvenes y, además, en ese momento ni siquiera existió un parque de ciervos en Charlecote.
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Eso no elimina del todo la posibilidad de algún episodio similar en la propiedad. La historia circula al menos desde la década de 1680, todavía en tiempos de los sobrinos nietos de Lucy, y por eso el experto admite que pudo conservar algún núcleo de verdad.
El matrimonio con Anne Hathaway también suele presentarse como una unión desdichada o impropia por la diferencia de edad: ella tenía 26 años y él, 18. Edmondson rechazó la idea de que Hathaway estuviera fuera de edad para casarse y explicó que lo inusual no era la edad de ella, sino la de Shakespeare.
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De acuerdo con la historiadora Jeanne Jones, entre 1570 y 1630 la edad media de matrimonio de los hombres era de 26 años, y solo tres se casaron antes de los 20. Shakespeare fue el más joven de esos tres y el único cuya futura esposa ya estaba embarazada.
Ese contexto convirtió la boda en un potencial escándalo. También tuvo una consecuencia práctica: los hombres casados no podían seguir como aprendices, de modo que Shakespeare debió abandonar cualquier formación de ese tipo sin contar aún con un oficio formal para sostener a su nueva familia.
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La falta de pruebas define buena parte de los grandes mitos
Ni siquiera el lugar exacto del casamiento está resuelto. Se propusieron la iglesia de St. Andrew en Temple Grafton, St. Martin en Worcester, Luddington y Holy Trinity en Stratford-upon-Avon, pero Edmondson dijo que cada vez se inclina más por All Saints Church en Billesley.
Su argumento se apoya en varios indicios: allí se casó en segundas nupcias Elizabeth, nieta de Shakespeare, aunque no se le conocen vínculos previos con ese sitio; Billesley está cerca de Wilmcote, de donde procedía la familia de la madre del dramaturgo; y era un lugar discreto para una boda acelerada por el embarazo de Hathaway.
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La discusión sobre la autoría de las obras tampoco encuentra respaldo en las teorías conspirativas. Edmondson afirmó que cada elemento conservado apunta a Shakespeare como autor y recordó que la ausencia de libros en su testamento no prueba nada, porque en ese período los libros solían figurar en inventarios, y no se conserva uno suyo.
Eso no impide reconocer colaboraciones. Ya en vida se sabía que trabajaba con otros autores: The Two Noble Kinsmen, publicada en 1634, fue atribuida conjuntamente a John Fletcher y Shakespeare; The History of Cardenio, hoy perdida, también se mencionó como obra compartida; y Henry VIII, o All Is True, se identificó después como otra colaboración con Fletcher.
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Edmondson explicó que una de las huellas estilísticas de Fletcher era el uso de “ye” en lugar de “you”, algo infrecuente en Shakespeare, lo que ayuda a distinguir escenas. También señaló colaboraciones con Thomas Middleton, sobre todo al comienzo y al final de su carrera, mientras que, tras convertirse en accionista fundador de los Lord Chamberlain’s Men, tendió a escribir en solitario para beneficiar económicamente a la compañía.
Otra exageración frecuente es la que lo presenta como creador de miles de palabras del inglés. Un proyecto de investigación de tres años iniciado en 2016, encabezado por el profesor Jonathan Culpeper, de la Universidad de Lancaster, analizó millones de palabras de Shakespeare y sus contemporáneos y concluyó que el total de neologismos atribuibles al dramaturgo probablemente no supera los 300 a 400.
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La vida familiar ofrece otro campo fértil para las lecturas forzadas. La idea de que Shakespeare no amaba a Anne Hathaway se apoya en la distancia física, el apuro del matrimonio y la diferencia de edad, pero Edmondson sostuvo que algunos sonetos podrían estar dirigidos a ella o hablar de ella.
Mencionó el pareado final del Soneto 145, identificado en 1971 como posible alusión a Anne: “Odio”, apartando el odio, ella pronunció, y me salvó la vida al decir “no a ti”. Añadió que el poema está escrito en tetrámetro yámbico y no en pentámetro, y que “Hateaway” era una pronunciación alternativa de Hathaway, lo que permite pensar en un poema de matrimonio.
También citó una hipótesis de la académica Germaine Greer sobre el Soneto 27, donde el poeta, agotado, se acuesta pero sigue en su mente un peregrinaje hacia la persona amada. Para Edmondson, esa lectura encaja con un Shakespeare de gira pensando en su esposa.
El “segundo mejor lecho” y la fortuna del dramaturgo alimentaron interpretaciones erróneas
Buena parte de la especulación sobre ese matrimonio nace del testamento en el que dejó a Hathaway “mi segundo mejor lecho con su mobiliario”. Edmondson explicó a HistoryExtra que ese lecho probablemente era el que compartían ambos, mientras que el mejor solía reservarse para invitados y exhibirse en la planta baja.
El especialista subrayó que los testamentos no eran documentos sentimentales y que hoy se proyecta sobre esa cláusula una sensibilidad ajena a la época. Agregó que existen otros casos en los que un segundo mejor lecho se dejó a la viuda como parte de un entendimiento sobre sus derechos de residencia.
El grueso de la herencia fue para su hija Susanna. Ella y su esposo John Hall se instalaron en New Place mientras Anne aún vivía allí, y Hathaway permaneció en la casa durante otros siete años, hasta su muerte en 1623.
La riqueza de Shakespeare tampoco procedió simplemente de escribir obras. Edmondson fue tajante: “No es cierto”. Dijo que se enriqueció por ser accionista de dos compañías y dos teatros, el Globe y el Blackfriars, porque escribir piezas por sí solo no generaba grandes fortunas.
Aun así, consideró verosímil que también heredó dinero ligado al negocio lanero de su padre, John Shakespeare, multado por comerciar lana sin licencia. El nivel de esas sanciones dependía del volumen de lana y del movimiento económico de la actividad, lo que sugiere ingresos considerables.
La muerte de su único hijo varón, Hamnet, está igualmente rodeada de conjeturas sin solución. El niño, hermano gemelo de Judith, murió en 1596 a los 11 años y fue enterrado el 11 de agosto en Holy Trinity, en Stratford-upon-Avon; la causa no quedó registrada.
Edmondson recordó que se propusieron explicaciones que van desde el ahogamiento hasta la peste, pero sostuvo que no hay forma de saberlo. La misma falta de certeza alcanza a la muerte del propio Shakespeare.
La referencia más temprana sobre ese final aparece en la década de 1660, en un cuaderno del vicario de Stratford-upon-Avon, donde se afirma que Shakespeare tuvo un encuentro festivo con Ben Jonson y Michael Drayton y murió de una fiebre contraída entonces. Más tarde, en el siglo XVIII, ese relato derivó en la versión de una borrachera por Stratford y un despertar bajo un árbol de Warwickshire.
Edmondson consideró plausible la fiebre, incluso por agua contaminada, pero rechazó convertirla en certeza. También señaló que biografías posteriores lo hicieron morir de sífilis o tifus, aunque en rigor no se sabe cómo murió.
Las imágenes del dramaturgo ofrecen otro terreno donde la tradición supera las pruebas. Aunque el retrato Cobbe y el Chandos se presentan como obras hechas del natural, Edmondson afirmó que solo hay dos representaciones que pueden identificarse con certeza como Shakespeare, y ambas son póstumas: el grabado de Martin Droeshout en la portada del Primer Folio de 1623 y el busto de Holy Trinity Church, en Stratford-upon-Avon, que investigaciones de la profesora Lena Cowen Orlin consideran probablemente encargado por el propio Shakespeare.
Entre los rumores más persistentes figura además la posible paternidad de Sir William Davenant, poeta y dramaturgo nacido en 1606. Edmondson dijo que el dato no puede descartarse: Shakespeare probablemente se alojó a veces con la familia Davenant en Oxford, conoció bien a Jane Davenant y algunas versiones incluso lo señalan como padrino del niño.
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