
¿Cómo reconoce una obrera a la reina dentro del zumbido de una colonia? La respuesta parecía escrita de antemano en la biología de los insectos. Un nuevo estudio sobre Bombus terrestris pone en duda esa idea y muestra que las obreras pueden aprender olores nuevos asociados a la reina, una señal que después influye en su conducta social y hasta en su reproducción.
La investigación parte de una creencia muy extendida en la biología: que las respuestas a las feromonas están “cableadas” en el sistema nervioso de los insectos. Dicho más simple, que ciertos mensajes químicos provocan reacciones automáticas, sin aprendizaje previo. Eso vale para conductas decisivas como el apareamiento, la alarma o el seguimiento de rastros. También se asumía que ocurría algo parecido en las especies sociales, donde las obreras responden de forma innata a las señales químicas de la reina.
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Pero el nuevo trabajo sugiere una escena más compleja. Según el abstract del estudio, “la evidencia acumulada sugiere que el aprendizaje y la experiencia también pueden moldear las respuestas a las señales químicas sociales”.
Un perfume nuevo para la reina

Para poner a prueba esa posibilidad, los investigadores trabajaron con colonias de abejorros y perfumaron cada día a las reinas con aromas florales desconocidos: alcohol anisílico o antranilato de metilo. Después dejaron que esas reinas formaran sus colonias y observaron qué aprendían las obreras durante ese proceso.
La lógica del experimento era directa: si las obreras nacen preparadas solo para reconocer señales químicas fijas, esos olores nuevos no deberían adquirir un valor especial. Si, en cambio, pueden aprender, entonces ese aroma agregado a la reina podría convertirse en una señal social.
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Eso fue lo que ocurrió. El estudio señala que “en un olfatómetro de dos opciones, las obreras prefirieron el olor de la reina que aprendieron durante el desarrollo de la colonia”.
Un olfatómetro de dos opciones puede sonar técnico, pero la idea es sencilla. Dicho de forma cotidiana, es un dispositivo que permite ver hacia cuál de dos olores se dirige un animal. Sirve para medir preferencia.
El resultado indica que las obreras no reaccionaron solo a un mensaje químico heredado o fijo. También incorporaron un olor nuevo y lo vincularon con la reina. En otras palabras, la identidad química de la reina no sería un código completamente cerrado.
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Una señal social que cambia según el contexto
La segunda parte del estudio fue todavía más llamativa. Los investigadores analizaron qué pasaba cuando exponían a las obreras al olor asociado con la reina, pero sin la reina presente. Querían saber si esa señal aprendida también alteraba la puesta de huevos.
La respuesta fue sí, aunque no en cualquier situación. El abstract resume que “la exposición de las obreras al olor asociado a la reina en ausencia de esta influyó en la puesta de huevos únicamente en presencia de crías”.
Acá aparece una clave central del trabajo: el contexto importa. O dicho de otro modo, el mismo olor no produce siempre la misma reacción. La presencia de crías cambia la forma en que las obreras interpretan esa señal.
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El dato inesperado
Lo más sorprendente es que el efecto fue el contrario al que podía esperarse. En lugar de reducir la puesta, la exposición a ese olor aumentó la cantidad de huevos cuando había crías presentes.

Ese hallazgo refuerza la idea de que estas señales no operan como un interruptor simple. La última frase del resumen del estudio lo plantea de forma precisa: “las obreras pueden aprender nuevos olores asociados a su reina o nido, los cuales, a su vez, funcionan como señales sociales dependientes del contexto que modifican su comportamiento social y reproductivo”.
Dicho en un lenguaje menos técnico, las abejas no solo detectan un olor: también lo interpretan según la situación en la que se encuentran.
Menos automatismo, más aprendizaje
Durante mucho tiempo, la vida social de los insectos se describió como un sistema casi automático, gobernado por reglas químicas rígidas. Este estudio no descarta la importancia de las feromonas, pero sí cuestiona que todo esté decidido de antemano.
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¿Puede una colonia ser más flexible de lo que parecía? Los datos apuntan en esa dirección. Las obreras de Bombus terrestris no solo responden a señales de la reina: también pueden aprender olores nuevos y convertirlos en parte de su mundo social.
Eso cambia la imagen clásica de estos insectos. La organización de la colonia sigue dependiendo de mensajes químicos, pero esos mensajes no parecen funcionar siempre como órdenes fijas. A veces también se construyen con experiencia.
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