
La escritora portuguesa Lídia Jorge, galardonada con el Premio Camões 2026 —el máximo reconocimiento de las letras en lengua portuguesa— y el Premio Estatal Austriaco de Literatura Europea, afirmó que “la literatura no anuncia la destrucción del mundo, intenta impedirla”. La autora de Misericordia y La costa de los murmullos hizo estas declaraciones en una entrevista concedida al diario El Mundo durante el Festival literario BABELL, celebrado en Oporto.
El Premio Camões, instituido en 1988 por los gobiernos de Portugal y Brasil con una dotación de 100 mil euros, le fue otorgado por unanimidad del jurado, que destacó “el diversificado conjunto de su obra y la gran contribución para el enriquecimiento del patrimonio literario y cívico-cultural de la lengua portuguesa”. El Premio Estatal Austriaco, entregado el lunes 28 de julio en el marco del Festival de Salzburgo, se suma a una trayectoria que incluye el Premio Médicis al mejor libro extranjero publicado en Francia en 2023, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Románicas de Guadalajara en 2020 y el Premio Pessoa en 2025.
PUBLICIDAD
A sus 80 años, la escritora portuguesa se mantiene ajena a la solemnidad que suelen imponer los premios. “Los premios no se conceden a mi esencia. Se conceden a mi sombra”, afirmó. Y añadió: “Ningún premio puede alterar la humildad con la que uno se enfrenta al lenguaje”. Nacida en Boliqueime, en el Algarve, en 1946, Lídia Jorge debutó en la ficción con El día de los prodigios en 1980, obra que marcó un punto de ruptura con el realismo documental dominante en la literatura portuguesa de la época.
En la entrevista publicada por El Mundo, Jorge reflexionó sobre la paradoja que define a las sociedades contemporáneas: el avance material convive con un retroceso moral. “He visto dos movimientos simultáneos: una mejora extraordinaria de las condiciones materiales de la existencia —la medicina, la comunicación, la ciencia, la exploración espacial— y, al mismo tiempo, un proceso inquietante por el que volvemos a comportarnos como una manada”, señaló. “Cuanto más sofisticadas son nuestras sociedades, más fácilmente aceptan ser conducidas como rebaños”.
PUBLICIDAD
Esa tensión ha ocupado buena parte de su obra. Desde La costa de los murmullos —novela que reconstruye la guerra colonial en Mozambique desde la perspectiva de una mujer— hasta Los memorables, sobre los protagonistas de la “Revolución de los Claveles” de 1974, Lídia Jorge ha construido una cartografía de las grandes fracturas de Portugal y de Europa. “Me siento testigo de una época y prefiero pensar que mis libros son testimoniales antes que históricos”, declaró.

La autora también abordó el estado de las democracias occidentales con una mirada que rechaza tanto el catastrofismo como la complacencia. “Lo que me preocupa es que algunos hayan llegado a la conclusión de que hay que abolir la democracia cuando lo que necesitamos es lo contrario: reforzarla, devolverle credibilidad”, dijo. Para ella, el problema no radica en el sistema democrático en sí, sino en su relación con un modelo económico que “ha dejado de servir a una distribución justa de la riqueza y que cada crisis fortalece a quienes ya concentran el poder”.
PUBLICIDAD
Europa, tema recurrente en sus ensayos y artículos, aparece en su pensamiento no como una institución política sino como una conciencia moral compartida. Citó a Ortega y Gasset, que retomaba a San Agustín cuando le preguntaban qué era Europa. “No necesitamos definir Europa, la sentimos”, sostuvo. “Sabemos por qué no queremos volver a la guerra, por qué desconfiamos de ciertos modelos de poder como el ruso o el estadounidense y por qué seguimos buscando una forma de convivencia que vaya más allá del nacionalismo”.
Entre 2021 y 2026, Jorge formó parte del Consejo de Estado portugués, donde sucedió al filósofo Eduardo Lourenço. Fue, según explicó, un servicio que aceptó “con gusto porque exigía pensar constantemente en el presente del país y en los grandes asuntos internacionales”. El Consejo reúne en Portugal no solo a políticos, sino también a científicos, músicos, juristas y escritores, una práctica que la autora consideró natural para cualquier ciudadano.
PUBLICIDAD
Su última novela, Misericordia (2022), supuso para ella una aproximación inédita a la materia autobiográfica. En la entrevista con El Mundo, Jorge la describió como “un intervalo, no un final”, y la conectó con una idea del crítico literario Frank Kermode: “Las narraciones sobre el apocalipsis no hablan del deseo del fin del mundo, sino del intento de impedirlo”. La protagonista del libro llega a preguntarse si la pandemia será el fin de todo y descubre, precisamente entonces, un deseo intenso de seguir viviendo.
Esa voluntad de seguir escribiendo, de seguir buscando, es quizás la constante más firme en su trayectoria. “Yo escribo porque no entiendo las cosas”, confesó. “Multiplico los personajes porque, hablando entre ellos, saben más que yo sola. Y, aun así, nunca alcanzo del todo aquello que busco”. A los 80 años, con el Premio Camões recién recibido, la escritora mantiene intacta esa insatisfacción productiva: “Sigo creyendo que el próximo libro estará más cerca de ese libro que llevo toda la vida intentando escribir”.
PUBLICIDAD
[Fotos: cortesía João Barata]
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Barbara Cartland, la gran ausente: qué pasó con las obras de la escritora más vendida después de Shakespeare y Agatha Christie
Con 723 novelas y 750 millones de copias vendidas, la creadora superó a casi todos los autores de la historia, pero un cuarto de siglo después de su muerte sus libros son prácticamente imposibles de encontrar

50 años de la Noche de los Lápices: 4 libros sobre la memoria de las aulas
A cinco décadas del secuestro de los estudiantes secundarios en La Plata, un recorrido por las obras fundamentales que desarmaron la verdad oficial de la dictadura, rescataron las voces de los sobrevivientes y extendieron las fronteras del horror al interior profundo del país

“Hay muchas cosas que podemos hacer en Latinoamérica que en otros países no pueden existir”: Gael García Bernal en una reflexión sobre el cine
En una entrevista en el Festival Internacional de Cine de Toronto, el cineasta mexicano reflexionó sobre su nuevo filme, “Hombre al agua”, y sobre las pugnas ideológicas y de creación en la región
Trabajó en las dos películas argentinas que ganaron el Oscar: Félix “Chango” Monti, Personalidad Destacada de la Cultura por su trayectoria como director de fotografía
A lo largo de su carrera colaboró con cineastas como Fernando “Pino” Solanas, María Luisa Bemberg, Luis Puenzo, Lucrecia Martel y Juan José Campanella

Pablo Trapero, director de cine argentino: “No importa el idioma de las películas, sino lo que dicen los personajes”
El realizador defendió que las historias deben hablar a las personas más allá de fronteras o banderas, y sostuvo que el cine es libre y celebra la diversidad cultural. “Sus hijos” llega a las salas con Bill Nighy como protagonista, en una historia basada en la novela de David Gilbert y con adaptación de Sarah Polley



