
La verdadera patria del hombre es la infancia dice el poeta Rainer Maria Rilke y yo suscribo con vehemencia a dicha frase, en el caso del proceso de escritura y de ensayos de Osamenta y patria da en el clavo. La obra en cuestión, que acabamos de estrenar en el querido Teatro del Pueblo los viernes a las 20 horas, surge de un intrincado, por lo menos para mí, entrecruce de ciertos imaginarios de mi infancia en el campo y una mirada literaria de esa desmesura que llamamos patria. La patria y la infancia. La pampa y la infancia. Soy nacido en Bahía Blanca pero criado en Macachín, un pueblo del medio de la provincia de La Pampa, un pueblito muy pequeño, en esa época no pasábamos de los tres mil habitantes, contando la periferia de chacras y tambos. La casa familiar en la que vivíamos daba a una calle, enfrente una arboleda de eucaliptus, un alambrado de seis hilos y el campo. Podía ver mientras desayunaba desde la ventana del living algún novillo a las perdidas, pastando en la vereda, algún tero siempre gritando, si te quedabas mirando un rato de seguro pasaba a las corridas una mulita o una liebre y en los postes vigilando cual milico de frontera, un par de chimangos. La versión escrita de Osamenta y patria se nutre de estos imaginarios. Imaginarios que mirados desde otro punto de vista, o mejor, desde el punto de vista de la ciudad podrían afirmar que “eso que está ahí” ese objeto, chimango, mulita, tero, liebre, vaca pastando en una vereda son algo así como una imagen precisa de “la verdadera patria”.

Lo que se pregunta la obra, la premisa fundacional de Osamenta y patria tiene que ver con esto ¿Qué vendría siendo eso que llamamos patria? O mejor aún: ¿Dónde es que se territorializa ese concepto? Pura pregunta imposible e inútil y por lo tanto entrañable. En nuestra obra aparece la incursión hacia un fortín, la búsqueda de una osamenta del periodo mesozoico, especie de vaca voladora a la manera de los pterodáctilos descubiertos en la Alemania del siglo diecinueve pero en el caso de la Argentina son osamentas ínfimas, mínimas vacas voladoras del tamaño de un plato de sopa aproximadamente. La zanja de Alsina como mito proveedor, aporte de las entrañas de la tierra a los fortines, desentierro, el discurso epistolar como equívoco, el viaje de una paleontóloga junto con dos baqueanos que colaboran con la búsqueda de ese cadáver de cuarenta millones de años, que dentro de la ficción de la obra, se piensa como fundacional de eso que llamamos Patria, conservado por la zanja de Alsina, especie de muralla china invertida, el hallazgo de la osamenta entre calaveras, teclas de piano, cuentas de colores.
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Una obra de carretera, un salir de la ciudad, transitar el campo y sus desventuras, sus encuentros fortuitos y volver a la ciudad. Eso se propone la obra. Un recorrido que podríamos pensar cómo clásico, la inefable road movie, pequeña odisea pampeana intermediada por ese imaginario que puede llegar a decir “esto es la patria” en los ojos idiotas de un novillo que pasta en la vereda de enfrente en la soledad más absoluta o que también podría decir “esta si es la patria” cuando ese novillo se convierta en osamenta y sea un montón de huesos brillando al sol en un potrero de la pampa.
Nadie sabe lo que puede un pozo. Nadie sabe de lo que es capaz una zanja en el medio de la pampa. A lo mejor el punto de llegada, la vocación final de Osamenta y patria tenga que ver con esto, como si pudiéramos pensar que la patria es un agujero, una zanja, una falta, la infancia que ya no está y sin embargo contra todo realismo, contra todo pronóstico, nos embarcamos en su búsqueda, nos subimos a la carreta y si bien lo más probable es que a esa infancia no la encontremos, al menos, a la manera del mejor de los consuelos, tenemos el paisaje enorme del teatro, el juego, la osamenta de la infancia en el presente que aún reluce, fosforescente y nos llena de entusiasmo.
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Osamenta y patria, dramaturgia y dirección Andrés Binetti. Funciones: viernes a las 20. Teatro del Pueblo - Lavalle 3636 - Entradas www.alternativateatral.com
Actuación: Edgardo Marchiori, Cecilia De Paoli, Malala González, Juan Anun, Sergio Lobo, Ignacio Bozzolo, Alejandra Oteiza, Virginia Flammini. Duración del espectáculo: 75 minutos.
* Andrés Binetti, dramaturgo, director y docente teatral. Egresado de la carrera de Puesta en Escena de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). Docente a cargo en diferentes instituciones. Integrante de la Fundación SOMI/Teatro Del Pueblo.
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Fotos: gentileza prensa de Osamenta y patria.
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