
“Señora, qué extraña devoción por el sistema decimal”, fue la ácida respuesta de Borges, durante el velatorio de su madre, a una amiga de la familia que se lamentaba de que hubiese muerto a los 99 años, sin llegar a los míticos 100.
En estos días de 2026 me sumé a esa devoción, buscando indicios de mi vida y trabajo al cumplirse 50 años del Golpe de Estado. Entre negativos olvidados y papeles amarillentos, aparecieron estas fotos de una entrevista a Borges, que le hicimos con Miguel Briante para la revista Confirmado en 1975.
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Briante ya era en esos días un periodista conocido y un autor en ascenso. Yo, en cambio, era un inexperto fotógrafo de 19 años. Lejos de ayudarme, Miguel no paró de quejarse: ¿cómo iban a mandarme a retratar al más grande escritor en castellano-español (ñamericano, diría mi amigo Martín Caparrós)?

Encima, como las fotos iban a ser la tapa de la revista, tenía que hacer diapositivas color, que tenian una sensibilidad mucho menor que el blanco y negro. La modesta vivienda de Borges era un poco oscura y en lugares así hay que usar flash, pero eso es algo que nunca me gustó.
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Otra incomodidad era que el retrato no es mi especialidad y el género “foto de escritor” no me interesa, aunque una de mis fotos más conocidas es una de Cortázar en 1983 frente a Harrods, pero esas fotos tienen un componente politico mas que literario. En definitiva, salvo porque Borges estuvo muy simpático, el trabajo fue un calvario.
Y esas fotos color nunca se publicaron y se perdieron.
Cuando llegamos, Borges comía unos cereales sobre un individual con la bandera inglesa. Estaba Fanny, su famosa empleada. Recuerdo que nos ofreció algo de tomar pero dije que no, temía meter la pata. Ella le decia “Borges” en el trato, que era casi familiar.
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Briante y Borges hablaron mucho de literatura. Yo no era bruto pero desconocía gran parte de los autores que mencionaban. No recuerdo que se hablara de política: eran momentos de mucha violencia y la Triple A aterrorizaba. Creo que Miguel siempre fue peronista y admiraba realmente a Borges como para arruinar la entrevista. Y yo nunca vi a Borges como un viejo gorila, yo era de izquierdas pero bastante antiperonista también.
Borges era alguien muy popular, la gente lo saludaba por la calle, seguro que pocos lo habían leido pero trasmitía un aura de sabiduria y su ceguera le daba un poder extraordinario. Yo lo había leido pero no lo veneraba. En esa época me gustaban más Gabriel García Márquez, Isaac Asimov, Dostoievski o Camus.
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Luego de charlar un rato largo en su departamento de la calle Maipú, fuimos a tomar un café a uno de sus lugares predilectos, la librería de la Ciudad, en la Galería del Este. La Librería de la Ciudad era mi preferida, a metros del Florida Garden, pegada a la disquería El Agujerito, muy cerca de la agencia Noticias Argentinas. Recuerdo qué emoción sentí cuando me llamaron por teléfono para decirme que tenían mi ejemplar de El otoño del patriarca, recién editado.
Al final, Borges me dedicó un ejemplar de El Aleph que extravié en alguna mudanza, algo que aún hoy lloro.

Entre los papeles que encontré ahora, apareció una credencial de Confirmado. Yo era un colaborador muy eventual pero igual me la dieron. Vi que la firmaba el director: Horacio Agulla. No lo recordaba, así que lo busqué en internet: asesinado en plena calle en agosto de 1978, especialista en temas militares, diputado conservador, le había comprado la revista a Jacobo Timerman. Fue un ajuste de cuentas entre la Marina y el Ejercito, me cuenta un periodista amigo.
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Sin querer, unas inofensivas fotos de Borges me trasladaron al horror de esa época. Ahora se cumplen 40 años de su muerte. Ante la catarata de homenajes, reediciones y notas, imagino al maestro repitiendo “Qué devoción por el sistema decimal”.
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