
These Thoughts May Disappear, la primera muestra pública de arte visual de Jack White, se exhibe en la Newport Street Gallery de Londres con el respaldo de Damien Hirst y colaboraciones de Ai Weiwei, pero la recepción crítica no tardó en llegar: The Guardian la calificó de vacía, pretenciosa y sin ideas visuales propias. El crítico de arte del diario inglés destruyó la exposición del guitarrista y cantante: “Como un niño de 12 años que visita el Tate Modern por primera vez”
La reseña, firmada por Jonathan Jones, no dejó resquicio para la benevolencia. “Como artista visual, White es un completo no-iniciado”, escribió en una nota que recorre sala por sala los trabajos del ex integrante de The White Stripes y concluye que la fama musical no se traduce en talento plástico. La exposición, con entrada libre y gratuita, reúne más de 100 obras entre esculturas de objetos encontrados, instalaciones, piezas de mobiliario y trabajos interactivos. White, quien se formó como tapicero antes de convertirse en músico, describió su práctica visual como Hardware Store Art (Arte de ferretería): una mezcla de carpintería, tapicería, ensamblaje y reapropiación de materiales industriales. La muestra permanecerá abierta hasta el 13 de septiembre de 2026.
PUBLICIDAD
Jonathan Jones reservó sus críticas más ácidas para las piezas que White presenta como homenaje a la tradición musical de la América profunda —el blues, el country, la herencia de artistas como Son House y Robert Johnson—. La figura del Ukulele Joe”, una estatuilla de principios del siglo XX que White reprodujo en serie con patrones de colores, le pareció al crítico “superficial y estéril”, incapaz de transmitir la profundidad que el músico le atribuye. “Estas apropiaciones coloridas y estampadas son chanzas decorativas sin más”, escribió.
La instalación central de la muestra, The Red Tree —un árbol pintado de rosa sobre un jardín artificial con tumbonas—, tampoco escapó al escrutinio. Para el crítico, la pieza repite ideas que Anselm Kiefer y Giuseppe Penone ya exploraron con mucha mayor sustancia. “¿Quién pensó en poner un árbol en una galería de arte? Kiefer y Penone, para empezar. Y ellos no lo pintarían de un color tan tonto”, consignó.
PUBLICIDAD
El texto apunta con especial dureza a lo que describió como una concepción confusa y pretenciosa del arte contemporáneo: readymades, instalaciones y referencias al movimiento neerlandés De Stijl —White tituló uno de sus álbumes con ese nombre y convirtió una cuadrícula al estilo Mondrian en un mueble— que, a su juicio, reflejan “el nivel intelectual de un niño de 12 años que acaba de visitar el Tate Modern por primera vez".
Las colaboraciones con figuras del mundo del arte tampoco redimieron la muestra a ojos del crítico. Ai Weiwei intervino uno de los amplificadores Fender diseñados por White en 2024 con la palabra “fuck” escrita en botones de distintos tamaños y colores. Jones la calificó de “gesto cínico y despectivo”, aunque reconoció en ella “un espíritu nihilista y peligrosamente creativo” que, a su entender, brilla por su ausencia en el resto de la exposición. Damien Hirst, por su parte, personalizó otro amplificador con una cabeza de vaca en descomposición y colaboró con White en piezas que incluyen una pelota de ping-pong en levitación permanente y una pintura giratoria —recursos que la nota calificó de “tópicos manidos” del propio Hirst.
PUBLICIDAD
El catálogo de la muestra, un libro de lujo con tapa dura, incluye una entrevista a Jack White realizada por el curador Hans Ulrich Obrist, lo que da la medida del respaldo institucional que recibió el proyecto. Allí el músico contó que la relación con Hirst comenzó cuando ambos se conocieron durante la apertura de la tienda Third Man Records en Londres, y que fue el artista británico quien lo animó a llevar su obra al espacio público tras ver fotografías de sus trabajos.
Para Jones, precisamente ahí reside la paradoja más llamativa de la exposición: que Hirst, quien en sus años de formación puso una cabeza de vaca en descomposición real dentro de una vitrina llena de moscas y lo llamó arte —“eso sí era rock and roll”, escribió el crítico—, haya puesto su galería al servicio de una muestra que, a su juicio, carece de pasión y propósito. “Sigue convenciendo a músicos de que son artistas”, escribió, en referencia también a Ed Sheeran, a quien Hirst habría persuadido de que era “el nuevo Pollock”.
PUBLICIDAD
[Fotos: Newport Street Gallery; Reuters/Jack Taylor]
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El Coro Estable del Teatro Colón presenta un concierto con la historia de dos siglos de ópera
El programa de este miércoles propone un recorrido en tiempo real por el bel canto romántico, el drama verdiano y escenas del siglo XX, bajo la batuta de Miguel Fabián Martínez

Marilyn Monroe vuelve a Londres en una muestra que reúne 200 piezas de su vida y su mito
La National Portrait Gallery abre una gran exposición sobre la estrella con fotos, vestidos, guiones y cartas que recorren su camino desde Norma Jean hasta el ícono que sigue fascinando al público

El festival Bleak Week convierte la desesperanza en fenómeno global
La cita internacional transforma la adversidad humana en una experiencia artística única, expandiéndose a nuevas ciudades con propuestas audaces y cierres inesperados

Antoni Gaudí, “arquitecto de Dios”: el papa León XIV celebrará una misa en la Sagrada Familia
A un siglo de la muerte del creador catalán, el Vaticano vuelve a poner el foco en su legado espiritual con una ceremonia en su obra más famosa, mientras avanza el camino hacia su posible beatificación

De Lucrecia Martel y Dolores Fonzi a Mariano Cohn y Gastón Duprat, los Premios Sur fueron una asamblea del cine argentino
Más allá de las estatuillas para ‘Gatillero’ y ‘Belén’, ciertos discursos en la ceremonia de premiación expusieron diferentes puntos de vista sobre la industria audiovisual, su impacto cultural y político, y el rol del Estado


