El cine argentino de género tiene una deuda histórica con el barrio. Lo ha visitado, lo ha retratado, lo ha usado como decorado. Gatillero, la película de Cristian Tapia Marchiori estrenada en junio de 2025, hace algo diferente: lo habita. Y lo hace sin red, sin margen de error y en un único plano secuencia de 80 minutos que la convierte en apenas la segunda producción nacional filmada íntegramente con ese recurso, después de Causalidad. En la vigésima edición de los Premios Sur, la película se alzó con cinco estatuillas —Mejor Dirección, Mejor Fotografía, Mejor Guión Original, Mejor Maquillaje y Caracterización, y Mejor Sonido—, el reconocimiento más amplio de la noche.
La historia que cuenta Gatillero tiene su origen en una historia real. Tapia Marchiori conoció en vida a un joven del conurbano bonaerense al que en el barrio llamaban “gatillerito” y que murió a manos de la policía. De esa muerte nació una pregunta: ¿Qué habría sido de él si hubiera sobrevivido? El director la respondió con un guión escrito junto a Clara Ambrosoni, que sigue a Pablo “El Galgo” —encarnado por Sergio Podeley—, un exsicario recién salido de la cárcel que acepta lo que parece un encargo menor y descubre que cayó en una trampa. Lo que sigue es una persecución sin pausa por los pasillos, techos y calles de Isla Maciel, el barrio de Dock Sud donde la película fue rodada en escenarios reales.
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Varios personajes secundarios conservan nombres casi reales, con alguna letra cambiada; otros llevan el nombre de una persona con el apellido de otra. Son, según el propio director, mafiosos de mayor o menor rango que él conoció en el barrio. Julieta Díaz interpreta a La Madrina, la jefa de la banda que controla el territorio; Maite Lanata, Ramiro Blas y Mariano Torre completan un elenco que Tapia Marchiori construyó en buena parte a partir de amigos y colaboradores de larga data.
Esa seducción por la dificultad técnica atraviesa toda la producción. El plano secuencia —recurso que en el cine internacional tiene antecedentes tan dispares como El arca rusa de Aleksandr Sokurov, Birdman de Alejandro González Iñárritu o la reciente serie Adolescencia— funciona en Gatillero no como exhibición virtuosista sino como método narrativo. La cámara acompaña el desgaste físico y mental del protagonista sin el alivio del corte ni la comodidad del montaje explicativo. El espacio no decora la acción: la condiciona. Cada esquina de Isla Maciel redefine el peligro; cada desplazamiento agrega una capa al cerco que se cierra sobre El Galgo. “Quería que fuera un plano secuencia real”, dijo el director. “Pero por cuestiones de seguridad tuvimos que incluir cortes ocultos. Por ejemplo, no podíamos apuntar a un actor con un arma cargada con balas de fogueo, entonces tuvimos que cortar ahí.”
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Lo que distingue a Gatillero dentro del cine argentino contemporáneo no es solo la apuesta formal. El género de acción —con persecuciones, tiroteos y un protagonista en fuga permanente— es prácticamente un territorio virgen en la producción nacional. El Nuevo Cine Argentino que emergió a fines de los años 90 y principios de los 2000, con figuras como Pablo Trapero, Lucrecia Martel o Israel Adrián Caetano, construyó su identidad sobre la austeridad formal, la observación social y la distancia contemplativa. Gatillero toma esa herencia —el barrio como territorio, la violencia estructural como telón de fondo, los personajes marginales como protagonistas— y la lleva a un terreno que el cine argentino rara vez pisó: el thriller de acción puro, con todo el vértigo que eso implica.

El rodaje en Isla Maciel -un territorio mitificado como “áspero” en el conurbano bonaerense- implicó desafíos que excedieron lo cinematográfico: el equipo debió lidiar con la amenaza permanente de robos y con la vida del barrio, que seguía su curso mientras la cámara corría. En lugar de grúas o arneses, soluciones de bajo presupuesto: una escalera, un pasamanos de cámara entre dos operadores. “Soñar juntos algo raro, que tuviera todo lo que nos gusta a nosotros, que nos abrace el elenco, el equipo técnico y el barrio”, describió el director.
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Gatillero tuvo su estreno mundial en marzo de 2025 en el Festival de Cine y Creatividad Cinequest, en Estados Unidos, y se convirtió en la revelación del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) antes de llegar a las salas argentinas en junio del año pasado. Desde entonces acumuló premios en más de diez festivales internacionales: Mejor Actor para Podeley en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Porto Alegre (Fantaspoa) y en el Festival Internacional de Cine Ravenheart de Oslo; Mejor Director para Tapia Marchiori en el Festival de Cine de Acción de Toledo, en el Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México Macabro, en el Festival Monsters y en el 30° Festival de Ourense; y el Premio del Jurado Joven en el Festival de Cine Fantástico de Bilbao (FANT Bilbao). La película fue también candidata al Premio Goya como representante argentina. El festival de Neuchâtel, en Suiza, la presentó con una definición que circuló ampliamente: “El western urbano que Tarantino habría filmado con una GoPro y un shot de mezcal”.
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