
Pura ficción, pero con precisión histórica. Hay hadas y objetos mágicos. Hay territorios prohibidos y bosques encantados. Y hay amor. En El Legado (El Emporio Ediciones, 2024), de la autora argentina Mayra Potenza, hay de todo.
En sus hojas van a descubrir la historia de Irlanda, sus mitos y leyendas, el sistema de sucesión y, sobre todo, el rol de la mujer en aquella época. Recomendado especialmente para los amantes del género fantástico-histórico, el texto de 653 páginas y 80 capítulos desarrolla múltiples temas, además de la trama central, que es muy rica y abundante en datos, descripciones y narrativa coral. Porque la novela está contada de a dos: un capítulo Saoirse de Brannagh y otro Bryce Mc Greggor. Y así. Y cada uno lo hace en primera persona. Nos hablan a nosotros, nos interpelan.
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La protagonista viene de una dinastía de mujeres poco convencionales: es la nieta de un hada y un humano. Tiene 17 años, es irlandesa, pelirroja de ojos verdes y dueña de una belleza despampanante. Rebelde y aventurera, no le gusta que la controlen o le digan lo que tiene que hacer.
“Me llamo Saoirse D’Brannagh. Mi nombre significa libertad. Mi madre me lo puso a la espera de que yo fuera un espíritu libre…Claro que atado a ella. A mi padre le encantó mi nombre, porque él deseaba que jamás me someta a nadie …Salvo a ellos dos. Libre, pero no tanto. (…) La libertad a veces hiere y a veces pesa. A veces es un yugo. Yo la siento como un mandato clavado en la sangre.”
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Y de él sabemos que es normando, que perdió a su madre cuando tenía 8 años, que es el “tanista” (sucesor elegido) de Laird (jefe del clan) Mc Greggor y que acaba de ser nombrado jefe de su ejército. Llegó de Inglaterra con su padre y se instaló en Irlanda, luego de fallecer su mamá.
“Dejar a la que había sido mi patria, a todo lo que conocía, fue para mí al mismo tiempo, necesario y aterrador. Inglaterra era la tierra de la infancia perdida, de los sueños rotos. De mi madre muerta. (…) No tarde en enamorarme de la bella Irlanda. Todos los que llegaron aquí quisieron quedarse. Esa es la historia de esta tierra y resume su encanto.”
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De qué se trata
Estamos en el año mil ciento y pico. Saoirse y su madre cabalgan rumbo al beguinato, cerca de la frontera de Connacht. Es que “la tía” Linead – así la llama Saoirse- ha muerto y ella ha sido como una segunda mamá para las dos.
“Los beguinatos son comunidades religiosas que no pertenecen a la Iglesia Católica, sin embargo, reconocen su autoridad. Son místicas que viven en grupo, se dedican a la contemplación y al servicio. (…) El beguinato es como mi segundo hogar, porque las beguinas son mi familia. Allí viven 11 mujeres y (…) siempre me he sentido en casa entre ellas. (…) Linead ha muerto y no volverá.”
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Paralelamente a esto, Bryce recibe un encargo: la hija del mejor amigo del Laird Mc Greggor huyó al norte para casarse en secreto, en contra de la voluntad de su padre. Entonces le dice que reúna algunos hombres y que viaje al norte a buscarla para traerla de regreso.
“Cómo es la joven? Algo rolliza, no muy alta y de cabello cobrizo. Nada que destaque demasiado, ni por lo bello ni por lo feo en su fisonomía, a excepción de su cabello, que es hermoso. (…) La traeré”.
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Bueno, así las cosas, hasta aquí, todo ok. Pero, por esas cuestiones raras del destino, resulta que el personaje masculino termina llevándose, a la fuerza, a la mujer equivocada.
“Te llevaré junto a tu padre. ¿De dónde conoces a mi padre? Soy Bryce Mac Greggor y tu padre recurrió a mi Laird para que impidamos que hagas estupideces y te lleve sana y salva a tu casa. Nunca oí hablar de ese clan. No te creo ni una palabra. Alanna, te llevaré con tu padre. Yo no soy Alanna, estúpido. Llévame de inmediato al sitio de donde me trajiste. (…) Mi nombre es Saoirse. Devuélveme allí. Mi madre me estará esperando”.
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El tema es que el muchacho este pensó que finalmente había encontrado a la chica en cuestión, cuando en realidad la confundió con otra. Lo cierto es que secuestró a la inocente Soairse y ella esta aterrada. Los normandos eran para la joven lo que el diablo es a la condición humana y entonces quería huir, pero sin suerte.
“Son normandos, al menos algunos de ellos. Su jefe, sin dudas, lo es. Lo reconozco por el cabello, más corto que aquel de moda entre los irlandeses. Representan todo aquello que odio. He crecido temiéndoles. Bastaba nombrarlos para que todo el castillo se pusiera triste. Representaba la pérdida y la barbarie, la muerte”.
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Final con sospresa
Ahora, bien: ustedes se preguntarán cómo es que estos dos, que empezaron re mal, finalmente se enamoraron perdidamente. La respuesta está en el libro y para saber habrá que leerlo. Pero en el mientras tanto puedo adelantarles que los personajes pasaron por mil cosas, mucho “tira y afloje”, oscuridad, miedo, incluso apariciones fantásticas y revelaciones ocultas. El camino recorrido fue tan incierto como esclarecedor. Y al contrario de la resistencia que la protagonista ofreció en un principio, la cosa fue cambiando gradualmente entre peleas, luchas cuerpo a cuerpo y maldiciones. Y todos sus intentos de escapar fueron en vano.
“Siempre quise vivir una aventura, pero esto excede cualquier deseo que yo haya podido tener. Mi fantasía no era clara, pero podría asegurar que no incluía normandos (por muy apuestos que sean) ni muertos, ni estiércol. Podría escapar ahora mismo, pero, por alguna razón, confío en el normando y en que me mantendrá a salvo”.
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El Legado es una novela épica y fantástica a la vez, donde el dato histórico y la ficción se entrelazan para ofrecer una narrativa que atrae. Abunda en descripciones de la geografía irlandesa, sus paisajes, costumbres, ciudades y pueblitos medievales que iluminan el relato. También juega con la mitología celta y sus leyendas (que aún hoy se encuentran vigentes) como uno de los grandes motores de la acción. Apasionada y profunda, la obra es una radiografía del entramado de la vida.
“Somos parte de una red que nos excede. Hay nudos tejidos, que no se deshacen. Son nudos profundos, nudos complejos. Nos son nudos que atan, sino que sujetan. Como tejidos, partes de un tapiz cuya matriz no vemos. El nudo infinito como aquel cordón que une a la madre con el hijo. Nudos que contienen. Y todos esos nudos forman una red que nos da soporte. El mallado de la vida. Son nudos que no amarran, sino que sostienen. Hay hilos de oro que ni las Moiras pueden cortar. Son hilos que teje Dios. Y forman nudos infinitos.”
¿Quién es Mayra Potenza?
Nació en Buenos Aires, y antes de iniciar su vocación como escritora fue modelo y productora de moda. Su primera novela la comenzó a escribir cuando estaba embarazada de su hija. Es autora de La Gestante, donde da visibilidad al complejo mundo de la infertilidad. La colina de Tara es el primer volumen de la trilogía de historias de mitología celta, vinculadas entre sí. El legado es el segundo tomo de la tríada. Actualmente se encuentra trabajando en la tercera y última entrega de la saga.
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