Pitágoras, filósofo griego: “No digas poco con muchas palabras, sino mucho con pocas; calla o di algo más valioso que el silencio”

El famoso pensador y matemático enfatizó la importancia de la brevedad y la elocuencia de todo lo que decimos, recordando que, también en el lenguaje, la calidad importa más que la cantidad

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Cuadro de Pitágoras, filósofo griego, pintado por José de Ribera.
Imagen editada de Pitágoras, filósofo griego, pintado por José de Ribera. (Imagen original de la Generalitat Valenciana)

En la Antigua Grecia, el arte de la palabra era un elemento central en la vida pública de todos los ciudadanos. La retórica y la oratoria formaban parte esencial de la educación de los jóvenes, pues saber expresarse con claridad determinaba el éxito en la política, la justicia y la filosofía dentro del ágora.

Por eso, no es de extrañar que a Pitágoras de Samos, uno de los pensadores que más hizo avanzar el conocimiento de su época, se tomara tan en serio la importancia de lo que decimos, con algunas frases que aún a día de hoy son recordadas: “No digas poco con muchas palabras, sino mucho con pocas” y “calla o di algo más valioso que el silencio”. En ambos casos, la idea quedaba clara: la calidad del discurso siempre debe importar más que su cantidad.

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El filósofo y matemático centró buena parte de su pensamiento en conceptos como la armonía o el orden, aplicando estos conceptos tanto para las matemáticas como para el lenguaje. Y es que los pitagóricos pensaban la palabra como una extensión del alma que debía ser medida con precisión. De hecho, el filósofo imponía a sus discípulos años de silencio riguroso para cultivar la escucha activa y la reflexión interna antes de permitirles hablar.

Pintura del filósofo griego Pitágoras.
Pintura del filósofo griego Pitágoras.

El significado de la frase de Pitágoras

Las palabras del sabio de Samos invitan a una economía del lenguaje que resulta extremadamente útil en nuestra era de sobreinformación y redes sociales. Pitágoras defendía que “la medida es lo mejor”, sugiriendo que hablar sin contenido es un desperdicio de energía vital. En el día a día, esto se traduce en evitar, por ejemplo, las reuniones interminables que no llegan a conclusiones claras o mensajes vacíos.

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Al mismo tiempo, el filósofo griego afirmaba que “el hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”, una advertencia que resuena en todas esas publicaciones que vemos en redes sociales, donde prima más el impulso que la razón... aunque por el camino alguien salga mal parado. Al callar, conservamos nuestra autoridad y libertad; al hablar sin pensar, nos exponemos innecesariamente. La brevedad pitagórica busca que cada frase pronunciada tenga un peso real y un propósito definido.

De este modo, las sentencias pitagóricas sobre el valor de las palabras no solo obedecen a mejorar nuestra eficiencia a la hora de comunicarnos. Al contrario, se ofrecen como un manual ético y práctico. Si lo que vamos a comentar no aporta consuelo, verdad o conocimiento, la ausencia de ruido es preferible. En esos momentos donde la discusión parece inevitable, optar por la pausa reflexiva en lugar del ataque vacío demuestra una sabiduría que Pitágoras consideraba el primer paso hacia la verdadera virtud.

Pitágoras en el cuadro de 'La escuela de Atenas', de Rafael Sanzio.
Pitágoras en el cuadro de 'La escuela de Atenas', de Rafael Sanzio.

Lo bueno, si es breve, dos veces bueno

Otros grandes nombres de la filosofía antigua compartieron una visión parecida a la de Pitágoras acerca de temas como la parquedad o la prudencia. Zenón de Citio, fundador del estoicismo, solía decir que “tenemos dos orejas y una sola boca para que escuchemos más y hablemos menos”. Del mismo modo, el oráculo de Delfos y los Siete Sabios de Grecia promovieron el ideal de la “brevedad laconiana”, nombrada así por la provincia en la que vivían los espartanos, poco dados a las florituras verbales.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

En definitiva, rescatar el pensamiento de Pitágoras sobre el uso de la palabra es un ejercicio más necesario de lo que podríamos creer. Aprender a valorar el silencio y a seleccionar nuestros términos con precisión matemática nos permite comunicarnos mejor. Al fin y al cabo, la verdadera elocuencia es lo único que puede llevarnos a lograr que nuestras palabras dejen una huella positiva y duradera.

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