La escritora Maggie O’Farrell sostuvo que la ficción nace de lo que una persona no sabe y vinculó esa idea con Land, su nueva novela, que se publica el 2 de junio, después de una investigación personal sobre su tatarabuelo irlandés y su trabajo en la cartografía de Irlanda tras la Gran Hambruna. Assí lo explicó en una columna publicada en The Guardian.
Entre 1846 y 1852, más de un millón de personas murieron de hambre o por enfermedades asociadas a la hambruna y otro millón se vio forzado a emigrar, muchos de ellos con muerte en el mar, escribió O’Farrell, y añadió que algunos historiadores consideran conservadoras esas cifras.
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Desde niña había escuchado en su familia una historia repetida durante años: uno de sus antepasados había participado en la elaboración de algunos de los primeros mapas de Irlanda. Esa figura, relató, ocupó su imaginación durante la infancia y la adolescencia, mientras recorría lugares como Donegal o Galway y se preguntaba cómo una sola persona podía contribuir a cartografiar un país entero.
La pesquisa tomó forma mucho después, cuando un familiar murió y sus padres recibieron objetos vinculados a la familia. Entre ellos había un mapa dibujado a mano de un lugar imaginario y una fotografía antigua en la que aparecía un hombre sentado en una puerta de piedra con un niño sobre las rodillas.
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La escritora identificó en esa imagen a su tatarabuelo junto con su bisabuelo niño. Al volver a examinar el mapa con una lupa, descubrió en la esquina superior izquierda una escena minúscula: un soldado con chaqueta roja observaba un teodolito montado sobre un trípode y, detrás de él, un hombre con una cadena de medición sostenía la posición con una rigidez que O’Farrell reconoció de inmediato.

Ese segundo hombre tenía la misma chaqueta gastada, el sombrero de ala baja y la barba que veía en la fotografía. La autora explicó que aquella escena, casi invisible a simple vista y cargada de implicancias políticas, la dejó fija en la imagen: el soldado británico aparecía con una postura de dominio, mientras su antepasado se situaba detrás con una tensión que ella consideró palpable.
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La búsqueda en registros escritos resultó difícil porque, en ese período, el personal irlandés de la Ordnance Survey no tenía permitido firmar su propio trabajo. Todas las notas de relevamiento y los borradores de mapas debían ser certificados y firmados por un oficial del ejército británico.
En los archivos de la Ordnance Survey en Dublín, la escritora encontró documentos administrativos de todo tipo, desde directrices tipográficas hasta una carta de una casera de Cavan que se quejaba de que zapadores del ejército habían dañado una cama. También halló una orden que imponía que todos los “obreros” fueran identificados solo por la traducción anglicanizada de sus nombres.
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La prueba que buscaba apareció en un memorando que indicaba que “todos los obreros” podían disponer de una semana de licencia, y debajo figuraba la firma de su tatarabuelo. La autora describió ese momento como la confirmación, en blanco y negro, de que la historia familiar que había oído de niña contenía una verdad comprobable.
La fecha del documento, junio de 1853, cambió el sentido del hallazgo. Eso significaba que su antepasado acompañaba a divisiones cartográficas de la Ordnance Survey como obrero y traductor durante las revisiones efectuadas después de la catástrofe demográfica y social de la Gran Hambruna.
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La autora afirmó en The Guardian que su tatarabuelo habría recorrido un país devastado, con casi el 30% de la población perdida, aldeas enteras desaparecidas, fosas comunes al costado de los caminos, campos y propiedades reconfigurados y una conmoción sociopolítica sin precedentes. Su tarea, añadió, consistía en asegurarse de que esos cambios quedaran asentados en las nuevas versiones poshambruna de los mapas de Irlanda.
A partir de esa pregunta sobre qué significaba cartografiar un territorio después de semejante destrucción, O’Farrell situó el origen de Land. La novela trata sobre un hombre llamado Tomás y su familia mientras intentan salir de la larga sombra de la Gran Hambruna, y a la vez cuenta la historia de Irlanda a través de una pequeña porción de tierra y de quienes vivieron en ella.
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O’Farrell rechazó la consigna frecuente en talleres de escritura de que un autor debe escribir sobre lo que conoce. “Para mí, la ficción nace de lo que desconoces”, afirmó, y explicó que en este caso nació de las preguntas que le despertaban la historia de Irlanda en el siglo XIX y, sobre todo, cómo una catástrofe de esa magnitud pudo ocurrir tan cerca del centro de uno de los imperios más ricos del mundo.
La escritora señaló que Land surgió de esa mezcla de perplejidad e indignación, impulsada por los pocos datos que conocía sobre su tatarabuelo, por un mapa dibujado a mano, por una fotografía y por un mito familiar que, al final, contenía mucha más verdad de la que su familia había imaginado.
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