“El caníbal de la fiesta“: horas y horas de reescritura y la historia de un hijo que transiciona en su madre muerta

El autor de esta novela que acaba de publicar el sello Azul Francia habla del proceso creativo y de los retos de abordar la identidad y las relaciones humanas desde la ficción

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Portada del libro 'El Caníbal de la Fiesta' de Joaquín Gallardo, con un vestido verde y una balanza, un ojo azul y fondo abstracto con papeles.
La portada de "El Caníbal de la Fiesta" de Joaquín Gallardo, publicada por Azul Francia: la historia de un hijo que transiciona en su madre muerta

Durante unas vacaciones en Neuquén, en una noche tan ventosa que hacía silbar la casa, me senté en la cocina, abrí mi computadora y tipeé:

Papá frenó el auto y dijo:

—Llegamos.

A nuestra izquierda, el paredón blanco del cementerio; un grafiti: Jesús, nuestro salvador. Dos pintores con mamelucos azules cargaban baldes y rodillos.

Así arrancó esta novela sobre un hombre que, a partir de la muerte de su madre, transiciona en ella. El primer borrador lo escribí en dos meses, algo poco común. Me junté una noche con mi amigo y maestro Luis Mey, le conté en lo que estaba trabajando y dijo que me ayudaría a corregir el texto. Nos llevó casi un año de discusión, debate y trabajo. Ese borrador se pulió hasta llegar a una novela a la altura de ser presentada en una editorial. Azul Francia lo transformó en un libro y ahora circula y dejó de ser mío para que se lo apropien los lectores.

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Hace unos días, en una cena con una amiga, después de contarme que tuvo pesadillas cuando leyó el capítulo 12 de El caníbal de la fiesta, me preguntó: ¿cómo hiciste para escribir esto?

Mi escritura está muy alejada de mis emociones, lo que voy construyendo no me angustia ni me conmueve, es una ficción. Por supuesto que hay capítulos más fáciles que otros, pero la dificultad no radica en lo emocional, si no en la construcción de un relato. Me acuerdo de mis clases con Luis, de las cantidades brutales de páginas que me borraba sin pudor y decía: escribilo de nuevo, escribilo mejor. O sus mostrame lo que está pasando, no quiero saber lo que piensan tus personajes. Y yo volvía a casa a seguir trabajando.

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Antes de la escritura de esta novela, escribí varias y una infinidad de cuentos. Empecé a mis ocho años, cuando la maestra de tercer grado nos enseñó cuál era la estructura de un cuento y cómo componer personajes. Fueron clases inolvidables. Me acuerdo del cuento que escribí y de los personajes que armé como si hubiera sido hace un rato. Traigo esto a colación porque quiero resaltar que escribir una novela es muy, muy difícil. No es sólo contar una historia, es cómo. Creo que no hay dimensión de la cantidad de horas y trabajo que lleva el proceso.

En mi caso, tengo un cuaderno en el que voy tomando notas, mucho antes de empezar a escribir un texto —el que sea: un cuento, una novela, una nota—, y en ese espacio tengo mucha libertad: corrijo, tacho, vuelvo a escribir. A veces hago bosquejos de los capítulos, construyo el esqueleto de una historia. Otras, sólo escribo títulos para algún relato. También describo imágenes que tengo. Es como poner los ingredientes en la mesa, acomodarlos, observarlos: sabés más o menos qué vas a escribir, pero tenés que juntar los elementos y elegir cómo disponer de ellos.

Joaquín Gallardo
Joaquín Gallardo nació en la ciudad de Neuquén en 1994 y, desde 2012, reside en Buenos Aires. Es psicoanalista, graduado en la Universidad de Buenos Aires. Colabora en medios digitales con artículos sobre psicoanálisis y literatura. Actualmente estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. "El caníbal de la fiesta" es su primera novela

Yo sabía que quería escribir una novela sobre un varón que transiciona desde que terminé mi tesis de Psicología en 2016, ¿pero cómo, quién? Y me llevó tiempo construir al personaje de Julián, su posición fantasmática, su modalidad de goce, pero sí me orientó, mientras escribía las escenas, tener en cuenta que él ocupa una posición de objeto ante el otro, y eso me servía para tener en claro cómo reaccionaría ante ciertas situaciones. También contaba con dos o tres imágenes de su transformación —podía verlo delante del espejo haciendo sus monerías—, pero no voy a spoilear cuáles.

¿Y el fundamento? Había quedado obsesionado con La chica danesa, particularmente con la escena en que Einar Wegene se viste con medias de mujer para que su esposa lo pinte. Quería que la transición en El caníbal de la fiesta dialogue con esa escena. Tuve que construir de quién serían esas prendas, y elegí a una madre muerta. Pero a medida que avancé con la escritura de la novela, que Julián se transformara en su madre implicaba, por lógica y necesidad, que las maneras de relacionarse con su familia se modifiquen también, como un efecto dominó. ¿Qué iba a pasarle a su padre al ver a su esposa muerta en su hijo?

Otro punto de dificultad es el armado cohesivo de las partes de una novela, sin revelar demasiado. Esto es importante para que un lector no abandone el texto y se mantenga atento, curioso por lo que vendrá. Lo peor que puede pasarle a tu novela es que se vuelva predecible. En El caníbal de la fiesta hay dos enigmas que se revelan si uno vuelve sobre las mismas páginas leyéndolas en esa clave. Uno puedo adelantarlo: ¿quién es el caníbal? El otro, no. Y mientras escribía, si bien yo sabía cuáles eran las respuestas a esos interrogantes, tuve que vencer la tentación de no volcarlas en el texto. Elegí, en cambio, dejarle el lugar a cada lector para que respondiera por su cuenta.

Esta novela trata sobre la transexualidad, pero también sobre los modos de vincularse de las personas. El padre de esta novela es un hombre desbordado que no puede habitar la paternidad. Joni, el amigo del protagonista, es un escort en estado de supervivencia que engaña para mantenerse en vida. Esos son los personajes principales de El caníbal de la fiesta, son mis Frankestein de personas que conocí, de anécdotas que escuché, de textos que leí, películas que miré. Desde Lo siniestro de Freud, El camino del tabaco de Caldwell, las novelas de Harwicz. Una variedad de contenido que me fue formando como psicoanalista, escritor y lector, me dio las herramientas y las posibilidades para construir esta novela de horror.

Ahora es el momento del disfrute, de ver cómo la novela circula, impacta y atraviesa a los lectores, de escuchar qué hizo cada uno con esta historia. Espero que quienes lean este texto puedan acercarse a El caníbal de la fiesta y, ojalá, no les sea indiferente.

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