Un museo filipino rescata la historia de la mortífera y lucrativa ruta de los galeones españoles

Un espacio cultural en Manila ofrece a los visitantes la oportunidad de conocer la conexión transoceánica de los siglos XVI al XIX, explorando el impacto social y ambiental dejado por los barcos que cruzaban el Pacífico

Un museo filipino rescata la historia de la mortífera y lucrativa ruta de los galeones españoles
Un museo filipino rescata la historia de la mortífera y lucrativa ruta de los galeones españoles (Crédito: Facebook Museo del Galeón)
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Una réplica de tamaño real de un galeón español se alza frente a la bahía de Manila, pieza central de un museo que transportará a los visitantes al siglo XVII, cuando marineros filipinos reclutados a la fuerza impulsaron la era de la globalización.

Este archipiélago asiático fue por más de tres siglos (1565-1898) una colonia de España que estuvo conectada por una prolífica ruta trasatlántica con el puerto mexicano de Acapulco.

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Por allí, además de bienes y tesoros, imponentes embarcaciones transportaron un profundo legado cultural, lingüístico y religioso que hoy persiste, eso sí, a cambio de un elevado precio humano, según los historiadores.

El Museo del Galeón, centrado en el buque “Espíritu Santo”, pretende contar 250 años de historia de esa vía comercial, desde la perspectiva de los filipinos que tuvieron que construir y tripular esos enormes barcos.

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“Esta es una tierra con una gran tradición marítima, pero a menudo bajo condiciones inhumanas y degradantes”, explicó a el director del centro, Manuel Quezon.

“Es una historia que no dudamos en contar”, enfatizó.

Un museo filipino rescata la historia de la mortífera y lucrativa ruta de los galeones españoles
Un espacio cultural en Manila ofrece a los visitantes la oportunidad de conocer la conexión transoceánica de los siglos XVI al XIX, explorando el impacto social y ambiental dejado por los barcos que cruzaban el Pacífico (Crédito: Facebook Museo del Galeón)

Construido con trabajo forzado en 1603, el “Espíritu Santo” fue uno de los 181 barcos que realizaron cientos de viajes de 1565 a 1815 entre Manila y México, desde donde se gestionaban las islas.

Las condiciones eran tan duras que, según expertos, uno de cada tres tripulantes moría.

“Fue el primer comercio global, conectando tres continentes”, detalló Francis Navarro, jefe de archivos de la Universidad Ateneo de Manila.

Bosques y familias devastadas

Navegando hacia el oeste por el Pacífico durante tres meses, los galeones transportaban monedas de plata desde las colonias americanas de España hasta Filipinas.

Allí se intercambiaban por artículos de lujo, como seda, porcelana y jade de China, incluido el famoso mantón de Manila, prenda símbolo de la cultura española.

El viaje de regreso podía durar hasta un año, con la carga atravesando luego México en mulas antes de dirigirse a España, completando así un circuito comercial entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

Los galeones transportaban más que plata a Filipinas. Llevaron ideas, enfermedades, alimentos, religión, moda y mucho más: elementos que “nos hicieron quienes somos”, según Quezon.

Pero este comercio colonial también devastó los bosques locales y desorganizó comunidades enteras, ya que los hombres aptos debían ofrecer 40 días de servicio no remunerado para talar árboles y construir barcos bajo supervisión española.

Otros eran obligados a servir como marineros por hasta 10 años.

Apretados dentro de embarcaciones sobrecargadas con el valioso cargamento, los tripulantes sobrevivían con una dieta miserable que provocaba graves enfermedades.

“Había una tasa de mortalidad asombrosa de alrededor del 30% por viaje”, indicó Quezon.

En algunas zonas donde se construían los galeones se produjeron rebeliones sangrientas, añadió Navarro.

Este comercio intercontinental solo terminó con la lucha de México por su independencia de España.

Un museo filipino rescata la historia de la mortífera y lucrativa ruta de los galeones españoles
(Crédito: Facebook Museo del Galeón)

Las rutas dejaron además decenas de buques naufragados en diferentes aguas, lo que ha provocado pugnas internacionales sobre la propiedad de las reliquias y sus riquezas.

A finales de 2025, Colombia dio a conocer los primeros objetos recuperados del galeón “San José”, hundido en el siglo XVIII con un tesoro incalculable que España y una comunidad indígena boliviana reclamaban como propio.

Rellenar vacíos

En Filipinas, catorce años después de su concepción y a partir del 1 de mayo, los visitantes podrán recorrer las cubiertas del “Espíritu Santo”, inmersos en una gigantesca pantalla LED que mostrará cielos nocturnos estrellados.

Artefactos de los viajes decoran el interior, incluida parte de una tumba china que sirvió de contrapeso en la bodega del barco original.

“Con este museo rellenamos vacíos”, comentó Quezon durante una visita previa a la apertura. “Queremos que el niño que entre aquí se dé cuenta de que muchas de las cosas que da por sentadas tienen historias absolutamente fascinantes detrás”.

La financiación del proyecto, valorado en unos 16,5 millones de dólares, provino de las familias más ricas de Filipinas, después de que fracasaran intentos de obtener apoyo gubernamental y de un multimillonario mexicano.

El “Espíritu Santo” es una maravilla de la ingeniería moderna, pero nunca zarpará.

Al inicio del proyecto, Quezon —historiador y nieto de un expresidente— descubrió con desilusión que las especies de madera dura y resistentes al agua utilizadas en los galeones habían desaparecido.

Un buque de madera del tamaño del “Espíritu Santo” habría requerido 800 árboles, que hoy solo podrían encontrarse en bosques de Birmania, detalló.

Aunque la representación del museo es fiel en diseño y dimensiones, fue construida con fibra de vidrio y otros materiales sintéticos.

Fuente: AFP

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