
“Lo que más se recuerda es el olor de los seres queridos“, dijo Stella Maris Cuevas ante una sala desbordada en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde el domingo presentó la segunda edición ampliada y actualizada de su libro La fascinante experiencia de oler. La médica otorrinolaringóloga, especialista en alergia e inmunología y referente en el estudio del olfato, lo dijo desde un lugar que no era solo científico: mientras terminaba el manuscrito, cuidaba a su marido enfermo. En los recreos preparaba mates y tereré, y lo que hacía sobre todo era olerlo.
Antes de que Cuevas -expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires- iniciara su intervención, cuatro figuras del ámbito político y referentes de la comunicación en Salud enviaron saludos en video para destacar la relevancia pública del tema. El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, señaló que “en esta ciudad, profesionales como vos marcan la diferencia todo el tiempo”.
El exministro de Salud porteño, Fernán Quirós, rememoró el trabajo conjunto durante la pandemia de COVID-19 con foco en las alteraciones del olfato, subrayando que el libro “le agrega un componente tremendamente relevante en lo que es la calidad de vida de las personas, sobre todo en una ciudad tan cosmopolita y tan variable en sus olores y sabores”. El médico Claudio Zin, responsable del prólogo, definió a Cuevas como “un genio empeñado en difundir, porque además hay mucha gente que es genia y se guarda”.

Finalmente, la periodista de Infobae Daniela Blanco, autora de la contratapa, realzó “el valor que le das a la divulgación pública de estos temas y sobre todo, poniendo en el centro de la escena a ese sentido que no tiene tanta prensa, como es el olfato, que la pandemia y la postpandemia lo ha colocado para todos en un lugar de mucho conocimiento y de mucha relevancia, como lo es desde siempre”.
Los cuatro mensajes convergieron en que la pandemia fue el punto de inflexión que llevó las alteraciones del olfato al debate médico masivo. Si bien la anosmia —la pérdida del olfato— pasó de ser una rareza clínica a una vivencia universal para millones, Cuevas venía trabajando sobre el tema desde hace décadas. El vacío de información y comprensión general que dejó esa experiencia es, en parte, lo que el libro busca suplir.
Qué sucedió en la presentación del libro
La charla ocurrió en un clima de cariño, con la presencia de colegas de la doctora, seguidores y pacientes, como el director de la Feria del Libro, Ezequiel Martínez, quien también se tomó unos minutos para agradecer: “Me cambió la vida”, contó.
El presentador, Guillermo Lobo, cerró el momento de las felicitaciones y dio paso a la voz de Cuevas, sentada a la mesa con el perfumista Alejandro Mazzola, quien dialogó con ella.
Pero, en realidad, fue uan conversación entre muchos, porque, con calidez, Cuevas alternó entre el discurso científico, las cirncuntancias personales y la respuesta a las dudas que iban surgiendo desde el público.

“Acá hay amigos de mi pueblo, Bella Vista, en Corrientes”, dijo la autora. “Y estoy muy emocionda porque vino mi hermana”.
“El olfato es el primero de los sentidos en formarse durante la gestación”, dijo la médica. Al momento del nacimiento, el recién nacido ya lo tiene completamente desarrollado: es lo que le permite reptar por el abdomen de la madre y encontrar el pecho. Busca alimento, pero también seguridad. Esa doble función —nutrir y vincular— acompaña al ser humano durante toda la vida, aunque rara vez recibe la misma atención que la vista o el oído.
“La memoria está en el sistema límbico", explicó Cuevas durante la presentación. “Me gusta llamarlo la biblioteca de los recuerdos, donde se archiva todo esto que estamos hablando. Y de esa manera podemos evocar recuerdos de personas, de lugares y también de sabores.” Para ilustrarlo, citó uno de los pasajes más famosos de la literatura occidental: la escena de Marcel Proust en la que el narrador moja una madalena en el té y, al instante, recupera el recuerdo de su tía Léonie. No se trata de un recurso literario fortuito; en términos neurológicos, describe cómo funciona el olfato. “Vos perdés el olfato, pero también después lo podés recuperar porque hay una célula basal que va creciendo y va reemplazando a la célula olfatoria”, dijo la doctora. “Es la única, es la única neurona que está fuera del cerebro. O sea, que se pone en contacto con el medio ambiente, que está tan contaminado y ahora aún más con este cambio climático, con esta contaminación global que hay”.

La arquitectura cerebral de este sentido explica por qué un olor puede trasladar a una persona, en décimas de segundo, a un momento del pasado con una nitidez insuperable. “Cuando hay un recuerdo, siempre hay un olor”, afirmó el perfumista Alejandro Mazzola, quien acompañó a Cuevas en el panel. Mazzola se dedica, según sus palabras, a “contar historias desde un perfume”: recrea lugares, personajes y épocas mediante composiciones olfativas. Entre sus proyectos se cuenta imaginar a qué olía Pinocho como personaje y transformar esa esencia en un frasco. Otro ejemplo es Biblioteca, un perfume inspirado en las tapas de cuero seco de libros antiguos, las hojas avainilladas por el tiempo y un fondo de cedro y roble evocando los estantes.
Por qué el olfato es clave en la memoria y la salud
“La creatividad no es algo que tenemos, sino algo con lo que conectamos”, sostuvo Mazzola. Perfumes, libros, música y lugares son los vehículos que facilitan esa conexión. Esta perspectiva coincidió con el enfoque que Cuevas desarrollaba desde la clínica: el olfato no es decorativo, sino una vía de acceso a la memoria emocional, la identidad y, muchas veces, la salud.
La pérdida del olfato, contó la médica, puede ocurrir de tres formas principales. La primera, más abrupta, es la anosmia provocada por tumores —como los meningiomas, que crecen y comprimen las estructuras olfativas— y requiere intervención neuroquirúrgica. La segunda deriva de traumatismos craneales: una caída desde la propia altura puede causar pérdida del olfato, con o sin pérdida de conciencia. La tercera, y más frecuente, corresponde a infecciones respiratorias: rinovirus, gripe y, desde 2020, COVID-19. “Las cosas se valoran cuando se pierden”, sentenció Cuevas, una frase que sintetiza el impacto que la pandemia tuvo sobre la percepción del olfato, transformándolo de manera súbita en algo preciado.

“Tengo una mala noticia”, la médica, nacida en 1964. “Veo que acá somos más o menos de la misma generación: a partir de los 60 años vas perdiendo olfato, en algún momento van a empezar a oler menos”, Y aconsejó antioxidantes, para prevenir.
Mazzola le preguntó si usaba perfumes. Sí, mucho, distintos, dijo Cuevas. Pero cada uno tiene su olor personal “y eso está en nuestra genética, en nuestra huella digital y en nuestro pasaporte olfativo. Entonces, nos perfumamos y eso también puede hacer que haya una cierta atracción, porque los olores tienen mucha importancia en el plano sexual”. El público asentía.
La charla siguió el curso de las preguntas del público: ¿unolor puede enfermar? Sí, dijo la médica. ¿Y los que huelen demasiado, los que perciben todo? “Hipersensibilidad olfatoria”, dijo Cuevas. “Veo ese tipo de pacientes, uno por semana, en general mujeres. Una pequeña cantidad de un olor le produce un montón de sintomatología. Recorren, hacen una peregrinación por distintos consultorios y les dan diferentes diagnósticos. Y lo que ocurre es que tienne un umbral muy bajo ante el olor y las neuronas se excitan. Entonces, aparece no solamente el rechazo a los olores, sino que, además, sentir tanto les produce muchos síntomas, desde una cefalea hasta neuralgia del trigémino”.
¿Más que aprender sobre el olor? Sí: “Puede haber algo psicológico. Y hay una patología muy difícil, que la toman los psiquiatras, que se llama bromosis, en donde el paciente cree que huele mal y no lo huele. Es subjetivo, solamente él cree. Entonces, ante esa situación, el paciente tiene que ir a trabajar, la persona tiene que ir a trabajar, se hace purgas, se baña, se lava los dientes, este tipo antes de salir de su casa. Eso se llama bromosis”.
Empatía, dijo. Lo que un médico necesita es escuchar e intervenir. Y si hay que derivar, no anotar un nombre en un papelito sino levantar el teléfono y hablar con el otro médico de su paciente. Esas cosas también hacen la diferencia.
Un momento difícil
El libro fue escrito en condiciones que la autora relató con una honestidad singular durante el evento. Cuevas entregó el manuscrito el 28 de febrero, con unos días de retraso respecto al plazo acordado con su editora, la médica pediatra reconvertida en editora Jorgelina Taveira -de editorial Hygea, respondable del libro- quien comprendió la situación. El motivo era el delicado estado de salud de su esposo —también mentor académico, a quien conoció antes de casarse—, situación que la llevó a alternar la escritura con su cuidado. “Controlaba el pulso, veía si seguíamos o si no seguíamos”, relató.
La presentación coincidió con la jornada en la que el piloto de Fórmula 1 Franco Colapinto realizó una demostración con un auto de carrera en el mismo predio de la Feria. Guillermo Lobo aludió a esa experiencia como ejemplo involuntario de la premisa del libro: los niños que ese día percibieron el olor del caucho quemado del Lotus del corredor, recordarán esa emoción cada vez que capten ese aroma en el futuro. Cuevas confirmó que el propio Colapinto manifestó haberlo vivido así.
La segunda edición ampliada y actualizada de La fascinante experiencia de oler incorpora nuevos testimonios de pacientes, investigaciones y actualizaciones clínicas, además de los aprendizajes extraídos desde la pandemia.
Cuevas ejerce su labor en Buenos Aires y vive parte del tiempo en Bella Vista..
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