
Hay ferias que se recuerdan por un libro. Otras, se recuerdan por una conversación de un par de minutos que reordena una biblioteca entera. La mía fue la segunda.
La fila para la firma de Kim Ho-Yeon en el Pabellón Amarillo de La Rural era larga. Esperé los 100 metros de cola de lectores, de todas las edades. Luego, la típica foto de una escena repetida en cada feria: traductora al lado, acompañamiento institucional y calidez humana en el aire, como el humo de una taza que se disfruta sin prisa. Él levantaba la vista, sonreía, firmaba, escuchaba. La fila llegaba a su fin y de pronto, el ruido de la Feria pasaba a un segundo plano. Ahí estaba yo con un ejemplar de “Las acuarelas prodigiosas” mi nuevo libro, bajo el brazo.
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Kim Ho- Yeon es el pionero de la Healing Fiction, género nacido en Corea del Sur tras la crisis en los ‘90, cuando el país entendió que había que reparar algo más que la economía. Es literatura de sanación: narraciones sin villanos, con tempo lento, donde gente común recompone lo que la vida astilló en espacios mínimos y cotidianos: una librería, una lavandería, una tienda de barrio. No hay estridencias. Hay soledad, duelos, vidas cruzadas, trabajos perdidos. Pero también la capacidad de soñar, de volver a levantarse. Hay comunidad, té caliente y segundas oportunidades. No edulcora: acompaña. No alecciona: alumbra. Su libro Las maravillas de la tienda de Cheongpa-Dong vendió más de un millón de ejemplares porque entendió algo que habíamos olvidado: que empatizar a través de las historias también es un acto reparador de nuestro día a día.

Para Kim Ho- Yeon escribir Healing fiction nació de su propia necesidad de encontrar refugio en el arte, tal como contó en una charla previa en la sala Gorostiza. “Pasé por una muy mala racha tanto económica como personalmente” dijo.
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En lo personal, me volqué a la Healing Fiction como una necesidad íntima y profunda ante la pregunta que me desvelaba: cómo seguir sin volverme piedra.
Muchas veces la resistencia no habla desde el ruido ni necesita violencia. Simplemente existe desde la autenticidad, con dignidad belleza y verdad. Porque hay gracia en la imperfección.
Y la healing fiction tiene buen ojo para el comportamiento de nuestro tiempo. Porque mira, precisamente de frente. Cuando aprendemos a reconocernos en otras miradas aparece nuestra humanidad más auténtica, aparece la historia. Todos tenemos una historia, un dolor y una verdad.
Venía a mi mente ese poema de Jaime Sabines que decía: “Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente. Me dijo: ¡vive, vive, vive! Era la muerte"
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Además, venía de visibilizar historias de mujeres atravesadas por la guerra de Malvinas con el libro Nuestras Mujeres de Malvinas, a cuatro décadas de la guerra ( co-escrito junto a Beatriz Reynoso) un libro testimonial donde la guerra se cuenta desde el dolor, la espera, la valentía y la esperanza. Ahí entendí que la verdadera épica está en lo que se revela con honestidad y coraje. Quería continuar mi propósito de visibilizar historias y sentires de mujeres e imaginariamente leer a Kim Ho -Yeon me dio otra gramática para seguir. Me autorizó a creer que un texto puede ser refugio sin dejar de ser literatura convencional. Que la ternura no es ingenuidad: también es una parte de aquella resistencia. Bajo ese paraguas escribí “Las acuarelas prodigiosas” Pero la forma era mía. Argentina. Contemporánea. Una serie de cuentos cortos que duran lo que un video de TikTok: intensos, breves, humanos. Cuentos que emergen de las profundidades del alma. Interactivos en su sentido más literal porque es un espacio de resonancia emocional. En estos tiempos impersonales, rápidos y de scroll, el libro acompaña, emociona y abraza. Son historias de mujeres que no se rinden.

Le entregué el libro. Con la traductora como puente y un inglés a medias, coincidimos que escribir historias que compartan los valores que nuestra época necesita es primordial.
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Le conté que en Argentina también estábamos escribiendo Healing Fiction. Que su obra había llegado aquí antes que su cuerpo. Agradeció el regalo con sus manos sobre su pecho. Miró la tapa ilustrada por Cecilia Ferreres y dijo que le encantaba, esa mujer sobre aguas diversas. Le conté que mis cuentos duran lo que un video, pero buscan lo contrario de ese scrolleo: quedarse. Que los lectores argentinos entendían el género, tal vez, lo estaban esperando sin saber el nombre. Cuando pronuncié “Healing Fiction argentina” se emocionó. No por cortesía. Se emocionó como se emociona alguien que ve sus flores en otra tierra, en otro idioma, en otras mujeres, en otro formato: el cuento breve, el que cabe en un viaje en subte, el que compite con las pantallas desde su esencia humana.
Para Kim Ho-Yeon Buenos Aires siempre ha sido un lugar admirado a la distancia.
El Centro Cultural Coreano y la Fundación El Libro no trajeron sólo a un autor. Trajeron la prueba de que Seúl y Buenos Aires pueden hablar el mismo idioma cuando se trata de sostener a alguien con una historia, sea en 300 páginas o en 300 palabras.
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Salí de la Feria este viernes con la certeza de que escribir para acompañar y consolar no es un acto menor. Es sanar. Crecer. Abandonar viejos relojes. Escuchar el propio latir.
Fueron apenas unos minutos. Alcanzaron para entender que los géneros no tienen pasaporte ni extensión obligatoria. Tienen diálogos, y la idea de que la vida cotidiana merece ser narrada. Entendí ahí que el género no es moda. Es necesidad.

Es elegir el matiz por sobre el grito. Es creer que nombrar la herida sin regodearse en ella también es sanar, aunque el texto dure tres minutos. Si Kim Ho- Yeon se emocionó al saber que acá el género se desarrolla con mujeres que se pintan los labios, salen a la calle rotas y enteras a la vez, pero tomando sus propias riendas, entonces “ Las acuarelas prodigiosas” ya cumplió su primer propósito. El segundo empieza ahora, cuando un lector abra un libro buscando en la profundidad de un instante efímero y eterno, ese permiso para soñar y ver el lado luminoso que nos conecta con la vida real, la más real de las vidas.
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La entrada, los horarios, los días
Entrada: La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires costará 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos.
Con esa entrada, el visitante recibirá un “chequelibro” con el que podrá conseguir descuentos en librerías cuando termine la Feria. Gratis: de lunes a jueves desde las 20 hs.
Fecha: La Feria sigue hasta el 11 de mayo.
Horarios: de lunes a viernes de 14 a 22 h. Sábados, domingos y feriados de 13 a 22 h.
Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704, Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia).
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