Arthur Schopenhauer, filósofo alemán: “La vida oscila, como un péndulo, de atrás hacia adelante, entre el dolor y el aburrimiento”

En “El mundo como voluntad y representación” (1819), este gran intelectual fue a contracorriente y propuso que toda felicidad es momentánea porque proviene del deseo, la carencia, la falta. En esta nota, un vistazo a las ideas que dieron vuelta la filosofía

Guardar
El filósofo Arthur Schopenhauer en 1859. Pintura de Angilbert Göbel
El filósofo Arthur Schopenhauer en 1859. Pintura de Angilbert Göbel

“Toda satisfacción, o lo que normalmente se llama felicidad, es siempre, propia y esencialmente, negativa y nunca positiva. No se trata de una dicha que nos sobrevenga originariamente y por sí misma, sino que ha de ser siempre la satisfacción de un deseo”. La idea de esas líneas le corresponde a Arthur Schopenhauer. Lo escribió en El mundo como voluntad y representación (1819). Su idea es que antes de la felicidad está el deseo, es decir, la carencia, la falta. Con ese movimiento dio vuelta toda la filosofía.

“La vida oscila, como un péndulo, de atrás hacia adelante, entre el dolor y el aburrimiento”, escribió en el “Libro Cuarto”, “Sección 57″. Para Schopenhauer, el deseo insatisfecho produce dolor, y cuando lo satisfacemos, caemos en el aburrimiento. Para entender el péndulo, hay que entender qué es la “Voluntad”: una fuerza ciega e irracional que nos empuja a querer cosas. El dolor surge de la carencia: deseamos algo que no tenemos, y esa falta se siente como un sufrimiento físico o mental.

Y el aburrimiento es el “invitado de piedra”. Una vez que conseguimos lo que queríamos, la satisfacción dura un suspiro. Al no tener ya un objeto por el cual luchar, caemos en un vacío existencial angustiante. Pero de lo que se trata es del pesimismo como realidad. Schopenhauer no escribió esto para ser “deprimente” por gusto, sino porque creía que la felicidad era una ilusión negativa. Según él, la felicidad no es algo real en sí mismo, sino simplemente la “eliminación momentánea” de un dolor.

Un joven Schopenahuer. Pintura de Ludwig Sigismund Ruhl, realizada entre 1815 y 1818
Un joven Schopenahuer. Pintura de Ludwig Sigismund Ruhl, realizada entre 1815 y 1818

Lo que este filósofo alemán buscaba demostrar era que la vida no tiene un propósito final de “felicidad plena”. El péndulo es la representación de nuestra insatisfacción crónica: la vida es una cacería donde, al atrapar a la presa, nos damos cuenta de que no sabemos qué hacer con ella. El mundo como voluntad y representación se compone de cuatro libros que abordan, en orden, la teoría del conocimiento, la ontología, la estética y la ética. Y un apéndice titulado “Crítica de la filosofía kantiana”.

Quién fue Schopenhauer

Arthur Schopenhauer (1788–1860) fue el gran filósofo del pesimismo, un pensador alemán que rompió con el optimismo de su época para mirar de frente al sufrimiento humano. Se le define como el “filósofo de la voluntad”. A diferencia de Hegel, su gran rival, que planteaba un mundo racional, él hablaba de la irracionalidad, y que somos esclavos de un impulso que nos empuja a desear sin fin. Solitario, culto y sarcástico, fue el primer gran pensador occidental en integrar la sabiduría oriental en su sistema.

Foto de Jacob Seib, en 1852
Foto de Jacob Seib, en 1852

Tiene muchos aportes. Nombremos algunos. La Voluntad vs. la Representación: el mundo que vemos es solo una “representación” (una imagen en nuestra mente), pero la esencia real de todo es la “voluntad”: un deseo de vivir feroz e insaciable que está en humanos, animales y plantas. Hablaba de la ética de la compasión: dado que todos sufrimos por culpa de la misma “voluntad”, Schopenhauer propuso que la base de la moral es la piedad: reconocer mi propio dolor en el otro.

Además, decía que la estética era un refugio: fue de los primeros en decir que el arte (especialmente la música) no es solo entretenimiento, sino una forma de “pausar” el péndulo del dolor. Al contemplar belleza, olvidamos por un momento nuestros deseos. Hoy se lo recuerda como el “educador” de genios (influyó en Nietzsche, Wittgenstein, Richard Wagner, Jorge Luis Borges, Albert Einstein y Sigmund Freud, el precursor del psicoanálisis y un referente del realismo.