Hernán Casciari y Liniers, el dream team creativo detrás de la fabulosa historia de Dibu Martínez, “el arquero que baila”

El escritor y el ilustrador hablan de la película que recrea el recorrido de vida del arquero de la selección argentina de fútbol convertido, luego del triunfo en Qatar, en un héroe popular de los argentinos

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Tráiler de "Dibu Martínez: el pibe que ataja el tiempo"

“Hace un gol Messi y me dan ganas de contárselo a mi viejo. No me pasa eso todos los días. Ni siquiera cuando un libro mío funciona bien”, dice Hernán Casciari. Del otro lado de la pantalla y a miles de kilómetros de la pampa bonaerense, asiente Liniers. Dos de las figuras más relevantes de la cultura argentina de este siglo —uno de los escritores más leídos en español de su generación, el otro el ilustrador detrás de la tira existencial-lúdica Macanudo y con millones de lectores en todo el mundo— dialogaron con Infobae Cultura a propósito del estreno de Dibu Martínez: El pibe que ataja el tiempo, la película documental que reconstruye mitad real mitad fantasía, el camino de vida del niño que salió de Mar del Plata, pasó de adolescente por Independiente de Avellaneda y todavía adolescente, aterrizó en el lejano Reino Unido. Para después ser el hombre capaz de hacer llorar de emoción a un país entero en aquel caluroso e inolvidable diciembre de 2022.

Emiliano “Dibu” Martínez es, a esta altura, un héroe popular argentino. Entre aquel ignoto jugador argentino del que apenas se sabía que jugaba en el hoy exitoso Arsenal de Londres y este presente icónico, hubieron de pasar la famosa frase “mirá que te como, hermano” en la Copa América de la pandemia y por supuesto, todas las locuras y -mucho más importante- los penales atajados y también, “la pierna izquierda de Dios” que salvó a la Argentina de un infarto coletivo en el minuto 119 de la final frente a Francia en Qatar 2022.

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Que “Dibu” sea un héroe solo se explica por el fútbol y la inexplicable pasión argentina por el deporte de los 22 tipos corriendo atrás de una pelota. Liniers lo explica con una imagen que condensa todo: “El penal de Montiel... Imaginate acá en Estados Uidos que los tipos que votaron a Trump y los tipos que votaron en contra de Trump, estén todos abrazándose en un segundo mágico. Así lo vivimos nosotros, en ese momento no importó nada más”. Para Casciari, la magia del fútbol tiene una razón posible. Recuerda una frase del humorista Sebastián Wainraich ante una pregunta similar: “El fútbol es lo que es porque no sirve para nada. Y hay muy pocas cosas hoy que no sirven para nada, que nos emocionan sin que tengan ningún sentido. Hay que abrazarlas fuerte”.

Un díptico mostrando a Hernán Casciari a la izquierda con camisa a cuadros y a Liniers a la derecha con gafas y camisa blanca, ambos sonriendo
Casciari y Liniers, referentes culturales argentinos, aportan su visión sobre el fenómeno futbolístico y la pasión colectiva que genera

El fútbol como fenómeno emocional

—¿Qué hace que un partido de fútbol nos cambie el estado de ánimo a personas adultas, con hijos, responsabilidades e hipotecas?

Liniers: — El Negro Fontanarrosa lo decía mejor que nadie. Decía: “El día más feliz de mi vida fue cuando nació mi hijo Franco. Y la verdad es que no me abracé ni con la enfermera ni con el médico. Pero hace un gol Rosario Central y me abrazo al primer gordo que tengo al lado y grito como un desaforado”. No hay una explicación racional. Es como el arte: no se entiende, se siente.

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Casciari: —Hay un sentido de pertenencia que ya casi no existe en otras cosas. El fútbol, como el rock nacional o la religión, te hace una brochette en todas las clases sociales. Si viviéramos en Canadá, sería el hockey sobre patines. No importa qué, pero si todo el mundo lo entiende, tiene una importancia distinta.

Liniers: —Cuando Argentina le metió cuatro goles a Brasil, mi hija Matilda tenía tres meses y estaba dormida arriba mío. Tuve que gritar todos los goles en silencio, abriendo la boca para un grito sordo... Con la felicidad que yo tenía por estar con esa bebita encima mío al mismo tiempo. El doctor te mantiene vivo, pero estas son las cosas para las que estás vivo. Si no, seríamos como los tipos de Matrix, enchufados a una máquina.

—¿Qué tiene “Dibu” Martínez para ser el personaje que es? Por que se distingue de otros arqueros muy queridos en la historia reciente del fútbol argentino como el Pato Fillol o Goycochea?

Casciari: —Ni Fillol ni Pumpido ni Goycochea bailaban, para empezar. Salían corriendo a festejar. Hemos tenido arqueros con una cierta solvencia, una cierta mítica. Lo que no había habido hasta ahora era un arquero decisivo en una final. En semifinales lo tuvimos al Goyco, pero no en finales. Y no solamente eso: con una actitud absolutamente loca, desquiciada, hermosa, fuera de lo común. Muy comprensible para niños. Una actitud que empieza de manera muy azarosa cuando en medio de una pandemia hay partidos sin público y podemos escuchar lo que les dice a los que van a patear los penales. Seguramente muchos arqueros le dicen cosas al rival, pero nunca había pasado una pandemia que nos permitiera oírlo claramente. Ahí el Dibu crece psicológicamente. Se generó una ley de fútbol para que no ocurran ciertas cosas que él hacía en la previa de esos penales. Muy pocos deportistas hacen que cambien las reglas de su deporte. Y después sale a defender a los hinchas en Brasil y se quiere quedar a trompadas con la policía, todo hace que sea un personaje ya mítico. Ahora estamos esperando sus nuevos episodios, su nueva temporada.

—¿Por qué conecta tan fuerte con los chicos en particular?

Liniers: —El arquero es el superhéroe de la cancha. Tiene poderes especiales, se viste diferente, vuela... Hay algo de superhéroe ahí: es el que te salva al último momento, como en las películas, cuando viene el tren que está por pisarte. Y encima le dicen Dibu, por un dibujito animado. Está como diseñado en un laboratorio para que los chicos conecten. Lo lindo del documental es que subraya el laburo y el sacrificio que él tiene, porque muchos se quedan con el baile y con el momento de gloria. Pero en el dibujito está: lo separaron de la familia, del hermano, a los diez, once años, cuando se va... Qué duro tener que dejar a tu familia y meterte en otra ciudad. Tiene todos esos detalles que van a enganchar fuerte a los chicos.

Póster de película con un dibujo de Emiliano 'Dibu' Martínez sonriendo, sosteniendo un balón de fútbol animado con rostro, sobre un niño arquero
El documental 'Dibu Martínez: El pibe que ataja el tiempo' explora la vida y la leyenda del arquero argentino, desde Mar del Plata hasta la gloria mundial

—¿Cómo nació el proyecto?

Casciari: —Nació como una idea de dibujo animado. No estaba prevista inicialmente la combinación con el audiovisual testimonial. Empezamos a trabajar con Ricardo (N. de la R: verdadero nombre de Liniers) un dibujo animado que iba a ser una serie de seis capítulos de ocho minutos cada uno, solo animación. Y nos dimos cuenta de que con el presupuesto que los inversores de Orsai nos habían dado llegábamos a muy poquito. Saqué mal las cuentas por ingenuidad: pensé que se podía hacer un dibujo animado con ochocientos mil dólares. Y no se podía hacer como uno quisiera, con las implicancias necesarias para poder venderlo en una plataforma. Tuve que salir a buscar socios. Y apareció Pegsa, la productora de Agustín Pichot, que ya venía haciendo documentales futbolísticos: hizo el de Di María, hizo Sean eternos después de que salimos campeones de América. Venían con muchas ganas de hacer un documental sobre el Dibu y no llegaban a encontrarse con su entorno para proponérselo. Yo ya venía trabajando en este dibujo. Y empezó a gestarse esa fusión, que al principio fue casi un matrimonio por conveniencia.

—¿Cuál es el eje narrativo del dibujo animado?

Liniers: —Hay un personaje infantil, un Dibu pequeño, que descubre que tiene un sistema para hacer trampa: un pequeño interruptor en el ombligo que detiene el tiempo. Entonces puede ver el recorrido posterior del balón, acercarse y después volver a hacer que el tiempo funcione. O sea, lo que es el don del niño Emiliano Martínez en realidad es trampa, y él sabe que es trampa, y cada vez que lo hace no puede dormir al otro día. Es una especie de ensayo sobre si el don es un talento o una trampa.

—¿Cómo se integró esa ficción con los testimonios reales?

Casciari: —Cuando apareció la posibilidad de sumar testimonios, propuse que no fueran como estaba previsto, de jugadores y del entorno profesional, sino más familiar. Y no solamente eso: que esa ficción se involucrara en los testimonios. Que la madre, el padre, el hermano, el propio Dibu, supieran que hay un secreto, un pequeño interruptor en el ombligo, y que los periodistas quisieran sacarles esa información y ellos se negaran a decirlo con todas las letras. Ahí empezó a generarse una aventura creativa espectacular. Nació como matrimonio de conveniencia y después dijimos: no, esto que tenemos es un lujo. Terminó siendo algo maravilloso.

Liniers: —Los animadores me hacen quedar bien, hay que decirlo. Yo hice los diseños, los personajes, los fondos, las acuarelas, las rayitas, la cosa mía... Y después ellos son los que se doblaron en computadora durante dos años moviendo la mano y la pelota y dándole características que tienen que ver más con el mundo de la animación que con Macanudo, con mis historietas. Los héroes que entregaron el cuerpo fueron más ellos que yo. Hay una cosa que me dijo Art Spiegelman hace muchos años: “Cuando sos el primero en hacer algo, nadie te puede decir que lo estás haciendo mal”. Este documental tiene algo único. Es diferente.

[Fotos: archivo; prensa Netflix]

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