
Antes de fundar las escuelas freudianas de un lado y otro del Atlántico, de sus clases de Psicopatología, de sus incursiones semióticas, de diseñar programas de lectura de psicoanálisis que hoy se utilizan, de erigirse como el introductor de Jacques Lacan en Argentina, Oscar Masotta (1930-1979) estaba “un poco loco”. Era un vehemente y contradictorio estudiante de Letras en la Universidad de Buenos Aires que golpeaba con fuerza las teclas cuando escribía para revistas como Contorno, Centro y Clase Obrera.
“La juventud no se perdona”, escribe Maximiliano Crespi en el libro Con la verdad: los ensayos del joven Masotta, publicado recientemente por el sello 17grises. Para este crítico literario hay “un desprecio y a la vez una ingenuidad” en el hecho de centrarse solo en los textos de madurez de Masotta, pero también en leer su primera etapa bajo el tamiz de lo que luego fue su autor, como si solo fuera posible pensar una serie de obras jóvenes como “precuelas” y no como textos producidos al calor de su tiempo específico.
Fue León Rozitchner quien dijo que hubo dos Massotas: “El primero era revolucionario, marxista y sartriano; el segundo, psicoanalista, profesor y terapeuta, exégeta lacaniano. Del primero no hay casi recuerdo; del segundo resulta su actual permanencia como modelo de la difusión del lacanismo en Argentina”. Crespi, autor de libros como Los infames, La revuelta del sentido y Pasiones terrenas, se enfoca en aquellos primeros textos, esa primera etapa donde “la lectura y la escritura se afirman como respuesta”.

Son textos que le hablaron a su tiempo, al país de entonces. “La tragedia del hombre en el radicalismo” está escrito entre el bombardeo a Plaza de Mayo en junio del 55 y el golpe militar en septiembre de ese año. Ahí, luego de un desarrollo argumental sobre el partido de Alen e Yrigoyen, se pregunta por su “irresponsabilidad moral”: “¿infantilismo o derechismo?” Otro artículo es “Sur o el antiperonismo colonialista” donde se dispara contra la revista de Victoria Ocampo y el “intelectual burgués”.
Masotta también fue poeta. Sobre esta faceta también se posa Con la verdad. ¿Su cara sensible? Curioso que ese capítulo del libro empiece con este epígrafe: “No sentía, Oscar, ninguna debilidad por los canallas. O. Lamborghini”. En el año 1961 publicó tres poemas en la Antología de Poesía Nueva en la República Argentina junto a nombres como Alejandra Pizarnik y Juan Gelman. Un verso al azar: “Todo eso que el mundo hace del mundo caerá sobre el / mundo”. Otro: “Todavía es el mundo”.
Sobre sus poemas, sobre su decisión sobre escribir poesía, Maximiliano Crespi tiene una hipótesis: “El ejercicio poético se realiza frente a un lenguaje anestesiado por los automatismos de la rutina. Es un trabajo negativo que busca romper con los límites alienados del lenguaje con el que las ideas acaban amortajadas”. Más adelante dirá que “la alienación está en el centro de las preocupaciones de Masotta, al punto que la percibe como un obstáculo político que se inscribe en la dimensión psicológica”

Crespi define a Masotta como un “escritor de lectura”. No es una obviedad: la escritura es una forma del decir, una forma de lo que hoy podríamos llamar velozmente “producir contenido”. Un afinado escritor no tiene por qué ser un afilado lector. Una cosa no depende de la otra, aunque en el fondo sospechemos que sí. Lo que hace Masotta es “producir contenido” a partir de “consumir contenido” entrelazando ambos procesos, y lo hace desde un aparato de lectura minuciosamente crítico y notablemente original.
Si toda obra se completa con su lectura, ¿qué pasa cuando esa lectura se torna obra aumentando esa “incompletitud”? “Lo que Masotta sigue —escribe Crespi— no es pues el objeto, sino la estela que confirma la falta: lo que lo vuelve imposible. De ahí que la suya sea siempre una aproximación por el significante (bajo la traza de la falta que lo vuelve deseante). Esa es la clave de su proyecto intelectual: operar siempre un desplazamiento en dos dimensiones: la de la expropiación y la del análisis”.
La crítica de Masotta sobre su tiempo es demoledora: “En general y en la conciencia de cada proletario la cultura burguesa permanece fuertemente aferrada”. Releyendo a Marx desde este rincón del mundo, se pregunta qué pasa en la clase trabajadora, qué obstáculos persisten, qué potencialidades afloran, cuestiones que siguen vigentes. Crespi, releyendo a Masotta, escribe: “Romper con la impotencia es encontrar la manera de renovar el vínculo con el futuro vedado por la lógica de la alienación”.
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