
Quizás las nuevas generaciones no tengan ni idea de quién es Juan Díaz. Pero habrán escuchado alguna vez a sus abuelas tratando de “Cuchuflito” a algún flaco, torpe y desgarbado que aparecía en su camino. Ese muñeco interpretado por el actor nacido el 3 de abril de 1939 en Mercedes, provincia de Buenos Aires, logró trascender a los que crearon el personaje. Su pseudónimo quedó incorporado en el diccionario popular argentino.
Díaz había empezado su carrera en su ciudad natal, donde se dedicaba al teatro independiente. Allí, encabezó obras como El zoo de cristal o El inspector. Decía que era un actor dramático, pero frustrado. “Esto era un poco en serio y un poco en broma. Porque yo quería venir a Buenos Aires a trabajar de cualquier cosa. No me importaba si era en un kiosco o un almacén, si a la noche o los fines de semana podía actuar en algún grupo”, contó en una entrevista. Pero la realidad es que su fuerte terminó siendo la comicidad. Y su éxito fue impulsado por Aldo Cammarota.
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Todo comenzó en la década del ‘60, en radio Belgrano. “Me presenté, le dije que sabía hacer imitaciones y me citó para el domingo siguiente”, recordó Juan sobre su diálogo con el célebre guionista. El programa se llamaba Farandulandia y había sido un desprendimiento de La Revista Discolcada, que se emitía por Radio Splendid. Allí, un grupo de cómicos entre los que figuraban Juan Carlos Calabró, Tristán, Mario Sapag y Mario Sánchez, empezaron a hacer de las suyas. Díaz se sumó a ellos. Y el suceso fue tal, que al tiempo recibieron la oferta de pasar a la pantalla chica, primero a Canal 11 y después a Canal 13, con el ciclo Telecómicos.
“Fue un éxito enorme. Llegamos a tener picos de 35 puntos de rating. Era muchísimo. Íbamos todos los viernes, una hora”, contaba el actor sobre aquel programa. Eran tiempos en los que toda la familia se reunía frente al televisor. Y los personajes creados por la pluma de Cammarota entraron en cada uno de los hogares y se arraigaron en ellos. Por eso “Cuchuflito”, que era un muñeco enclenque, no tardó en quedar incorporado al imaginario colectivo. Como sucedió con el término “pendorcho”, con el que uno de sus personajes, Volantieri, encarnado por Adolfo Pícaro, prometía resolver todos los problemas mecánicos.
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“”Cuchuflito" viene de cuchuleta, chanza, tomadura de pelo. Yo era un locutor al que le salía mal el aviso. Porque yo soy libretista y autor de mis personajes. Así que parodiaba un poco la televisión de los comienzos, en los que todos los avisos salían en vivo. Entonces hablaba de un producto que fallaba, así que Cammarota le puso Cuchuflito, porque era malo o trucho. Y la gente empezó a llamarme así”, contó el actor.
Lo cierto es que, tras más de una década interpretando a “Cuchuflito” en varios sketches, Díaz continuó haciendo el mismo personaje junto a Calabró en Calabromas, donde también hacía de Juanchi, el amigo de Aníbal. Y luego compartió elencos teatrales con Alfredo Barbieri, Fidel Pintos, Pelele, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Juan Carlos Altavista, Juan Verdaguer, Moria Casán, Mirtha Legrand y Susana Giménez.
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Al mismo tiempo, Díaz formó parte de varias películas como Canuto Cañete, conscripto del siete (1963), Necesito una madre (1966), La gorda (1966), Che, OVNI (1968), Un elefante color ilusión (1970), El veraneo de los Campanelli (1971), Los vampiros los prefieren gorditos (1974), No hay que aflojarle a la vida (1975), La noche del hurto (1976), Patolandia nuclear (1978), Expertos en pinchazos (1979), A los cirujanos se les va la mano (1980), Gran valor en la Facultad de Medicina (1981), Camareto nocturno en Mar del Plata (1986) y Las aventuras de Tremendo (1986).
En el 2011, recibió un reconocimiento de su ciudad natal, Mercedes. Y, en 2012, fue galardonado con una medalla conmemorativa de la Asociación Argentina de Actores durante la entrega de los Premios Podestá. Sin embargo, en 2013, a Díaz le tocó vivir un duro momento cuando tuvo que despedir a su amigo Calabró. “Con él siempre nos mantuvimos comunicados y hablamos de todas las cosas de la vida”, había dicho visiblemente triste en ese momento.
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“El muñeco lo inventé yo, pero no con la idea de que fuera un éxito. Es como pasa siempre que hacés algo y es un boom pero no lo imaginaste. La resonancia fue impresionante. Y Cammarota dijo que había que hacerlo todas las semanas. A mí, eso mucho no me entusiasmaba porque no soy repetitivo. Pero lo comercial es así y, si algo pega, hay que seguirlo hasta sacarle la última gota. Si a mi ex mujer le preguntaban si a la noche me colgaba en el placard para dormir. En un momento me hartó, porque iba a comer y me miraban como si fuera mi personaje. Y me empezaba a molestar porque tenía que ver con mi identidad. Porque, además, yo no era solamente eso”, cuenta el actor que, hasta el día de hoy, sigue siendo recordado por “Cuchuflito“. Aunque ya no reniega de eso.
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