Un guía de turismo, que estudió Letras, termina en Nepal, se hace budista y escribe su primera novela

Gabriel Barok nació y se formó en Buenos Aires. Pero su vida se reparte entre Asia y España. Siempre vinculado al turismo, presenta su libro “Homo Turisticus”, donde cuenta el mundo a través de los viajes. Sensacional

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Gabriel Barok sonríe con chaqueta amarilla y mochila roja, de pie frente a las ruinas de Machu Picchu y una montaña. Una portada de libro "Homo Turisticus" flota a la derecha
Gabriel Barok, autor de "Homo Turisticus", posa sonriente frente a las icónicas ruinas de Machu Picchu, promoviendo su obra literaria que explora la esencia del turista moderno.

Hizo de todo. La pulsión por viajar lo llevó a formarse como guía de turismo. Amaba las montañas y la naturaleza, entonces se convirtió en guía de trekking y expediciones para viajeros extranjeros. Pero también estudió Letras en la UBA y su tiempo comenzó a dividirse entre la academia y la Cordillera de Los Andes. Esa doble vida —entre aulas universitarias y paisajes de alta montaña— lo llevó a desarrollarse también en el ámbito del turismo internacional, hasta fundar su propia empresa de turismo: Kalpa Tour Operator. Paralelamente se especializó en Crítica literaria y en Estética y en 2016 dio un giro inesperado. ¿O esperado?

De eso y de su libro, que se presenta el 9 de abril, en la librería Asunto Impreso, conversamos por celular, con Gabriel Barok , autor de Homo Turisticus (Travelsofia, 2026), una tarde que se hizo noche y que duró largo con tan apasionante historia.

Lo primero que me dio curiosidad fue: “¿Qué hace este tipo en Nepal? ¿A qué se dedica? ¿De qué vive? ¿Tiene familia? ¿Por qué una novela, que se parece, y mucho, a un cuaderno de notas? Y allí fui. Los husos horarios no coincidían: cuando allá era de mañana acá era de noche y así sucesivamente. Pero al final se pudo y charlamos un montón. El guía de turismo, licenciado en letras, profesor, escritor, músico y budista se acaba de levantar, son las 6 de la mañana en Nepal, pero dice que para él es normal amanecer al alba. A través del teléfono, se escucha el canto de los pajaritos, pero en Buenos Aires hace rato que oscureció y reina un silencio inusual. “No quería un libro común”, dijo a 16.500 kilómetros de distancia. Y lo consiguió.

Cuando le pregunto de qué va su novela me responde: “Un insatisfecho narrador argentino levanta carpas a desgano en la Isla de Pascua para un grupo de turistas angloparlantes: han viajado hasta el fin del mundo para presenciar un eclipse total. A su lado y para aminorar su tremenda soledad está Nataniel Laperousse, su amigo más entrañable, colega universitario, escritor en potencia que, a diferencia del narrador, encontrará —por fin— una audiencia inesperada. Contratado para redactar itinerarios turísticos, Laperousse decide torcer el género: donde se espera información, él escribe emoción; donde se exige precisión, introduce imaginación. Lo que comienza como un desvío personal se convierte en un éxito imprevisto y arrastra a ambos a una travesía que desborda el viaje organizado y la escritura convencional”.

Un hombre de cabello canoso y barba, Gabriel Barok, posa sonriente con dieciséis jóvenes monjes con túnicas granates frente a un templo budista dorado y detallado
Gabriel Barok posa sonriente junto a un grupo de dieciséis jóvenes monjes budistas vestidos con túnicas granates, frente a la ornamentada fachada dorada de un templo. (Gabriel Barok)

Barok, cuenta que quiso desarrollar un personaje que fuera el hombre ideal del turismo. Un ser capaz de generar cierta belleza. Que no destroza la naturaleza. Será por eso que también hay humor, ironía y juego en esta propuesta literaria que ya, desde su edición -muy particular- nos dice que no es una novela “normal”.

“Es un compilado de monografías, cartas, escritos, mensajes, diálogos y descripciones con muchas notas al pie. Son 2 narradores que deciden reunir escritos de toda su vida. Una vida relacionada a las letras, a la escritura, a los viajes y a la música. Es un libro objeto y a la vez es un mensaje. Pero no uno unívoco”. La encuadernación de los ejemplares está pensada a modo de carpeta: dos tapas con hojas sueltas que se sujetan a través de dos cordones (como los que usábamos en la escuela). ¿Tipo vintage? Bueno, eso.

El giro esperado, el inglés y el sarot

Ya dijimos que, el argentino que vive cerca de Katmandú, hizo de todo antes del famoso “giro” en su vida. Pero lo cierto es que lo sigue haciendo, pero esta vez al pie del sistema montañoso más alto del planeta. Entonces la pregunta es: ¿y cuál fue el giro? Bueno, les cuento. El hombre que se especializó en la crítica de la obra de Arthur Miller y en Historia del arte y que alternaba sus horas entre guía de turismo, clases en la facultad y trekking en las montañas, un día sintió un llamado.

“La vida es un viaje. En este momento estamos bien acá y no hay panorama de irse. Pero un día te vas y te vas lejos, aunque nunca lo hubieras esperado.”. Esto pasó a sus 43 años. Y fue el segundo gran viaje el que lo hizo tomar la decisión de irse a vivir – en forma permanente- cerca del Himalaya. Porque con el primero llegaron con su mujer e hijo, como turistas, para hacer caminatas por esas tierras desconocidas. Es así que se encuentra con un universo nuevo: las enseñanzas de los budistas. “El trabajarse uno mismo y elevarse espiritualmente”, dice.

Dos mujeres en un taller, una sonríe y la otra trabaja en libros apilados. En primer plano, dos libros con cubiertas marrones y texto 'Homo Turisticus'
Dos mujeres trabajan en la producción artesanal de los libros 'Homo Turisticus' del autor Gabriel Barok, mostrando el meticuloso proceso de encuadernación. (Gabriel Barok)

Fue entonces que el interés por disciplinas vinculadas con la respiración y la meditación lo condujeron, en 2016, a iniciar junto a su familia una vida repartida entre España y Nepal. Y fue también durante ese período cuando concluyó Homo Turisticus, su primera novela.

Nepal abriría otra dimensión de su búsqueda. Allí entró en contacto con la profundidad del budismo tibetano y, al mismo tiempo, con el mundo de la música. Desde Katmandú comienza a desarrollar proyectos musicales (aprendió a tocar el sarot) y a participar en iniciativas educativas, relacionadas a la enseñanza del idioma inglés en un monasterio budista tibetano, situado en el distrito nepalí de Kavre.

“Actualmente mi trabajo se despliega en varios frentes: la escritura de ficción (segunda novela en progreso), la fundación de Travelosofía Books, una editorial dedicada a publicar libros acerca del viajar (en todos sus niveles), la difusión internacional del budismo tantrayana y la organización de “conciertos inciertos”, experiencias musicales abiertas a la exploración y al encuentro entre culturas”.

De itinerarios turísticos a textos para monjes

Construida como un collage narrativo, llena de ironía y sentido crítico, la novela de Barok mezcla formas y registros —relatos, epístolas, monografías, notas al pie, itinerarios— con el objetivo de interpelar al lector: “para interrogarlo acerca del sentido de viajar, de escribir y de buscar algo que todavía no tiene nombre”. Como dice su último texto, “lo que me interesa es torcer el género” y por eso se la puede tranquilamente considerar una novela experimental, que dialoga con el lector poniéndose “máscaras” de novela biográfica y de novela de aprendizaje en general.

Un monje, Gabriel Barok, una mujer y un bebé posan descalzos en escaleras frente a un edificio decorado. La mujer sostiene una manzana y un plátano
Gabriel Barok, su pareja y su bebé posan con un monje en las escaleras de un templo budista, reflejando un momento de conexión cultural y familiar. (Gabriel Barok)

En este sentido, Barok asegura que en su obra hay un afán muy grande de verosimilitud en tanto que la obra pretende ser vista como una “compilación” (por eso su factura tan particular) de diferentes textos que se han escrito en diferentes momentos de la vida de los narradores. De allí las monografías, cartas, apuntes, recortes de diarios y hasta notas al pie. “Ese afán de verosimilitud se vincula con la relación ficción-realidad, frontera para mi demasiado incierta para existir, relación que, a través del juego, de lo lúdico, se puede soportar y luego disfrutar”.

Así las cosas, el novel escritor y experto en turismo, comenzó escribiendo itinerarios para turistas internacionales en una agencia de viajes, al igual que los protagonistas de su obra. Y varios años, viajes y husos horarios después, terminó en la redacción de textos y enseñanza de inglés, para los monjes tibetanos. Quizás sea eso lo que atrapa de su historia, que hoy es novela, con dos narradores que provocan todo el tiempo y te llevan a preguntarte muchas cosas. Tomar conciencia. Cuestionarse. Creo que es por ahí. O al menos a eso apuntan, entre risas y no tanto, los personajes de Homo Turisticus. Y sí: la vida es incierta y es un viaje, sin duda. Porque: ¿quién puede saber en verdad cuál es el camino o cuál será el próximo paso que daremos? “Hoy estamos aquí pero no sé mañana. Dependerá de los proyectos, de mi familia, de un montón de cosas. En la vida solo se trata de surfear”, concluye el autor argentino. Y tiene razón.

Gabriel Barok

Nación en 1970 en la ciudad de Buenos Aires. Creció en una cultura urbana que pronto se vio atravesada por el impulso del viaje. Tras completar sus estudios secundarios comenzó a trabajar y a formarse como guía de turismo, activo en montaña. En 1994 empezó la licenciatura en Letras en la UBA. En el 2000 se recibió, especializándose en Crítica literaria. Realizó estudios de posgrado en Estética y fue docente en la FADU y en la Facultad de Filosofía, durante 16 años. A partir del 2013 su trayectoria tomó un rumbo introspectivo. El interés por las técnicas de meditación y respiración lo condujeron, a partir de 2016, a iniciar, junto a su familia, una vida repartida entre España y Nepal. En ese período escribió su primera novela Homo Turisticus.