
“El nacimiento de Milo me cambió absolutamente todo”, dice Florencia Di Croche. Fue hace seis años. Los médicos le dijeron que su hijo tenía una condición discapacitante irreversible, que no iba a poder hablar ni caminar. Pero fruto de un trabajo lleno de amor y acompañamiento la situación cambió drásticamente. El proceso lo cuenta en Amar para sanar, libro donde narra “una historia real sobre amor, fe y poder personal para crear lo que parecía imposible”.
“Antes de Milo yo era una persona muy enfocada en el logro”, recuerda. Trabajó más de veinte años liderando equipos de marketing y de ventas. “Mi identidad estaba muy ligada al rendimiento, al reconocimiento. Mi vida giraba en torno a mi trabajo y al crecimiento profesional”, confiesa. Pero cuando nació Milo cambió todo: “La cabeza, mis prioridades, mi forma de habitar el mundo, mi forma de estar, mi forma de pensar, mi forma de ser... todo”. Después de una semana entera con contracciones y 36 horas internada con bolsa rota, donde ya no se escuchaban sus latidos, Milo nació por cesárea.
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“Ese quirófano fue un campo de batalla”. Los dos días siguientes no lo pude ver. Fueron situaciones muy difíciles: terapia intensiva, terapia intermedia, internación domiciliaria, vivir en alerta permanente, atravesando el miedo y el agotamiento. “Fueron años de dormir muy poco, de vivir en alerta. En ese periodo entendí que muchas veces no podemos elegir lo que nos pasa, pero sí podemos elegir desde dónde pararnos frente a lo que nos pasa. Ese fue el verdadero quiebre para mí”, cuenta.
“No lo vas a ver sonreír ni te va a decir mamá”, le dijeron. Tendría una sobrevida limitada. “Hoy es un niño sano, feliz, divertido, ocurrente, cariñoso y lleno de vida. Sin ninguna limitación. Un niño amado”, sostiene. “Y yo hoy soy una mujer mucho más consciente y mucho más coherente. Ya no vivo desde el miedo a perder, sino desde la decisión de crear”, asegura.
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“No quiero romantizar lo que nos pasó, fue realmente durísimo, pero el punto de inflexión que me llevó a pararme en mi poder personal y a replantearme mi carrera fue este enorme desafío con el que nació mi hijo. Es mi mayor maestro. Yo hoy vivo una vida distinta: dejé la relación de dependencia, no me desafiaba a salir de mi zona de confort. Hoy soy tan, tan feliz”, asegura Di Croche. Ahora es coach, acompaña a mujeres profesionales a lanzar o a escalar sus propios servicios independientes. Trabaja menos horas y puede disfrutar de Milo. “No quiero perderme verlo crecer”.
Cuando Milo estaba internado en terapia intensiva, Di Croche empezó a escribir. Su vida estaba en Necochea, muy lejos de Buenos Aires, donde su bebé se sometía a todo tipo de estudios médicos. “No podía entender cómo habíamos terminado ahí un embarazo perfecto, no entendía lo que estábamos viviendo. Veía que la vida pasaba y nosotros estábamos ahí. Milo iba avanzando muy de a poquito, no sabíamos si íbamos a poder volver a vivir a casa, a nuestra ciudad, si nos íbamos a tener que quedar a vivir en Buenos Aires. Entonces decidí empezar a escribir. No sabía que iba a ser un libro”.
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Un día, con Milo ya de tres años —ya le habíamos cerrado la traqueostomía, ya había empezado a comer y a caminar, también a hablar—, decidió retomar aquellos escritos. “Empecé a leerlo y me di cuenta que eso era un libro. Dije: ‘Esto es espectacular, me voy a sentar a terminar esto, le voy a dar forma al libro’. Antes de que cumpla los cinco, lo terminé de escribir. Quedó ahí. Y el año pasado me dieron ganas de publicarlo. Sentí que era el momento, sentí que yo ya estaba lista, sentí que nosotros como familia estábamos listos para poder contar la historia de Milo”.
Uno de los objetivos del libro es, dice ahora, “acompañar”: “Hay tantas situaciones complejas que se viven, no solo de salud, no solo de discapacidad, en cualquier orden de la vida. Son cosas que te descolocan y te enfrentás a un cambio que no esperabas. Siento que este libro puede acompañar mucho en cualquier tipo de proceso de transformación”. En el libro también escribe que es “una invitación a explorar juntos ese tejido, a profundizar en los hilos de la vida que nos conectan”. ¿Qué herramientas puede darnos la escritura, la lectura, la literatura? “Nos dan algo que en la vida cotidiana prácticamente no tenemos: pausa, perspectiva, frenar”, responde.
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“Cuando escribís empezás a ordenar el caos interno y le ponés palabras a emociones, le ponés palabras al miedo, a la culpa, a la bronca, al enojo. Y cuando algo tiene nombre deja de ser tan amenazante. La escritura me permitió transformar mi experiencia de vida, que parecía solamente dolor, en amor y en conciencia. La lectura también te saca del aislamiento. Cuando yo decido publicar este libroes porque me doy cuenta que a tantas personas le podía servir leerlo. Este libro se había escrito para ser leído”, dice.
“Desde la lectura también uno puede encontrarse menos solo en eso que le pasa. Y resignificarlo. Eso me genera esperanza. Genera ese: ‘Sí, se puede’. La literatura nos permite vernos, no solamente como víctimas, sino también como protagonistas. Y nos permite también ver la vida como si fuera un relato. Yo desde muy chica veo mi vida como un relato. Nunca imaginé que iba a escribir y a publicar un libro. Siento que es el primero, que no va a ser el último”, concluye.
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