La cineasta china Chloé Zhao, ganadora de varios Óscar de Hollywood por Nomadland y ahora nominada en ocho categorías por Hamnet’, define su situación como “compleja”: “Puede ser un poco desagradable que a tu trabajo le pongan una etiqueta” en la que solo eres “ganador o no”, dice. “Creo que todos mis compañeros se sienten así porque todos somos muy sensibles. Así que a lo que nos aferramos es a la comunidad que existe dentro de nuestra industria, especialmente ahora mismo, y a apoyarnos mutuamente”, explica Zhao (43 años) en una entrevista antes de un encuentro en la Academia de Cine.
Todos los pronósticos señalan que el próximo 15 de marzo la cineasta recogerá varias estatuillas por su película sobre el dolor de Shakespeare y su esposa por la muerte de su hijo de 11 años, adaptación de la novela de Maggie O’Farrell, producida por Steven Spielberg, que está teniendo una gran respuesta en cines de distintos países, a cuyo público da las gracias.
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Cineasta por supervivencia
Sobre sus orígenes en la industria audiovisual, asegura que hace las películas “por supervivencia”. “Sinceramente, me convertí en narradora y cineasta porque me costaba conectar, expresar o sentir mis emociones”, dice Zhao, que se define como neurodivergente. Sin embargo, sí es capaz de conectar con las emociones de otros -“la pérdida se siente igual, el desamor se siente igual, el amor se siente igual”- y de integrarse rápidamente en comunidades en apariencia muy diferentes.
Esta mujer que nació en China, se educó en Reino Unido y estudió cine en EE.UU., considera que “cuando no eres de un lugar y no tienes un profundo apego, en lo único en lo que puedes confiar es en estar completamente presente cuando estás con otro ser humano”. Con esta premisa consiguió obras como el excelente retrato del oeste americano contemporáneo de The Rider (2017) o la historia de una mujer mayor y pobre que debe buscarse la vida en los bellos pero hostiles paisajes estadounidenses de Nomadland (2020). “Es más fácil y seguro crear un mundo fantástico y contar las historias de otras personas” y “experimentar una especie de catarsis a través de la alquimia de la narración”, destaca.
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Algo parecido es lo que le ocurre al personaje de Shakespeare en Hamnet’, que en la piel del actor Paul Mescal muestra dudas, debilidades y un dolor que vuelca en sus inmortales creaciones literarias. La imagen de un Shakespeare que llora chocó a algunos críticos que consideran excesiva la carga emocional de la película. Al respecto, la directora cree que “vivimos en una sociedad que, lamentablemente, no honra nada lo que no es productivo” y en la que a menudo se ocultan los duelos.

“Preferimos vivir en verano todo el tiempo en lugar de honrar el invierno, cuando las cosas se están muriendo y se están preparando para el siguiente renacimiento”, defiende Zhao, quien explica que “si no te permites sentir duelo sin intelectualizarlo” no habrá una transformación. Ella misma, a medida que madura, también sigue un proceso de “curación”, ya que había partes sobre las que no se había permitido hacer un duelo.
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“Cuanto más lo hago, más me doy cuenta de que el cine, si no pones cuidado, puede ser disociativo, en el sentido de que no estás en tu cuerpo, sino en tu cabeza”, reflexiona. Un ejemplo de esta corporeidad en la película de Hamnet sería la escena del primer parto de la esposa de Shakespeare, Anne Hathaway -en la película es Agnes, el nombre con el que también se le conocía-, interpretada por la actriz irlandesa Jessie Buckley. “El primer nacimiento en el bosque fue muy diferente al segundo, estaba mucho más en contacto con su cuerpo. El bosque, metafóricamente, es su conexión con su propio bosque interior; no solo con su cuerpo, sino con el linaje de las madres y las mujeres de su linaje”, subraya Zhao.
Fuente: EFE
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