Cada 1 de enero, Europa se despierta a ritmo de valses y polkas procedentes del célebre Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. La primera edición se celebró en diciembre de 1939, pero gracias a la retransmisión, desde hace décadas, estos sones traspasan los muros de la Sala Dorada del Musikverein y se cuelan en nuestros hogares.
A pesar de la tradición que impregna esta cita, en los últimos tiempos se han intentado introducir algunas novedades, acordes con la conciencia social y musical de la época. No fue hasta 1997 cuando una mujer formó parte de los intérpretes. Y todavía hubo que esperar hasta la 85.ª edición para contar con obras compuestas por mujeres en el programa musical. Así, el 1 de enero de 2025, escuchamos, por primera vez, la obra de una compositora en el prestigioso evento. Se trató del Fernandus-Walzer, de la vienesa Constanze Geiger, quien, como otras muchas artistas, tuvo que abandonar su carrera profesional al contraer matrimonio.
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En 2026 disfrutaremos no de una, sino de dos obras nacidas de la creatividad de sendas mujeres. El Rainbow Waltz está firmado por la estadounidense Florence Price, considerada la primera gran autora sinfónica de origen afroamericano y la primera que logró que su legado fuera interpretado por una orquesta.
La segunda autora es Josephine Weinlich (1848-1887), más desconocida. A pesar de que son muchas las agrupaciones que han compartido, a través de las redes sociales, sus propias interpretaciones de la polka Sirenen Lieder, hasta el día de hoy sus composiciones no han despertado el suficiente interés para ser recogidas en grabaciones comerciales, con alguna excepción puntual en recopilatorios. Y, sin embargo, es una figura muy importante en la historia de la música.
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Pianista, violinista, compositora y directora de orquesta
Josephine Weinlich nació en la ciudad de Dechtice (Eslovaquia). Recibió su primera educación de su padre, el empresario Franz Weinlich, que era un gran melómano. Más allá de este dato, su formación es, en realidad, un misterio: desconocemos los nombres de sus maestros y, aunque algunos trabajos mencionan que estudió con Clara Schumann, no existen fuentes que lo demuestren.

Además de pianista y violinista, Weinlich se interesó también por la composición. Escribió piezas pianísticas, una obra para violonchelo solista y un Lied, así como numerosas polkas y valses, tan propios de Viena, ciudad en la que creció. Y no solo escribió, sino que podemos imaginar que su obra gozó de cierta visibilidad, pues algunas de sus composiciones fueron publicadas desde 1869. Sin embargo, su principal labor musical estuvo vinculada a la interpretación y, especialmente, a la dirección musical.
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Profesionales de los instrumentos de cuerda
En la Europa del siglo XIX, la mayor adscripción femenina a la música se limitaba a los entretenimientos de salón. En ese contexto, se esperaba que las mujeres burguesas se acercaran al arte musical desde el ocio, dedicándose al canto y al piano –frente a otros instrumentos poco apropiados–, pero sin grandes pretensiones intelectuales. Después de todo, sus mayores desvelos debían ir encaminados a su preparación como esposas y madres.
Como parte de las honrosas excepciones, podemos mencionar a la pianista polaca Maria Szymanowska, la pianista y compositora alemana Clara Wieck –posteriormente, Schumann– y la virtuosa del violín Wilma Norman Neruda, entre otras que desarrollaron una carrera profesional.
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Josephine Weinlich también logró un espacio prioritario en la realidad musical del momento como fundadora, en 1868, de un cuarteto instrumental exclusivamente femenino en Viena: el Josephine Weinlich’s Damenkapelle. Su hermana Elise, siete años menor, participó como violonchelista, y la propia Josephine se ocupó de la interpretación del piano y la dirección desde su instrumento.
La Primera Orquesta Europea de Mujeres
El cuarteto no era un fenómeno realmente novedoso. En el siglo XVIII, existían coros y orquestas femeninas en los conservatorios de Venecia. Sin embargo, se encontraban bajo el amparo de la Iglesia, por lo que su esencia y funcionamiento diferían de la agrupación fundada por Weinlich. También en París, a comienzos de la década de 1860, se habían fundado cuartetos de cuerda femeninos e incluso antes, en los años cuarenta, las hermanas italianas Teresa y María Milanollo llenaban salas de conciertos de toda Europa como prodigios del violín.
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No obstante, la gran proeza de Weinlich tiene que ver con el hecho de que el número de componentes de su cuarteto se fue incrementando paulatinamente, hasta que se configuró la Primera Orquesta Europea de Mujeres (Das Erste Europäische Damenorchester), que, en algunos conciertos de los años setenta, superaba los cincuenta músicos.
Su repertorio solía incluir obras cultas, piezas de baile y algunas creaciones de la propia Weinlich, como Gruß an Graz (Saludo a Graz), Frühlingsluft (Aire primaveral), Josephinen-Polka (Polca de Josefina) y Gruß an die Neugablitzer (Saludo a los habitantes de Neugablitz), entre otros títulos. Hasta 1874 no incluyeron instrumentos de viento metal, ejecutados por hombres, por lo que en la mayor parte de las ocasiones la orquesta interpretaba arreglos. Precisamente esa ausencia de viento metal –y, salvo algunas flautas, también de viento madera– fue objeto de ciertas críticas, en las que se hablada de un sonido orquestal incompleto.
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La actividad profesional de la Primera Orquesta Europea de Mujeres se extendió entre 1869 y 1879, con una buena acogida del público. Se convirtió así en un modelo para la creación de orquestas femeninas en otras ciudades. La agrupación causó un impacto significativo en el panorama cultural del momento, no solo como una rareza sino por sus logros musicales. Esto se constata en las críticas recibidas tras los numerosos recitales ofrecidos en Austria, Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Letonia, Países Bajos, República Checa, Reino Unido y Suecia.
Y en julio de 1873, la Primera Orquesta Femenina Europea ofreció conciertos en el Musikverein de Viena.
Ojalá el 1 de enero de 2026, cuando disfrutemos del célebre Concierto de Año Nuevo, e independientemente de las piezas que se interpreten, recordemos la labor de tantas mujeres que, al igual que Josephine Weinlich, encabezaron importantes proyectos en favor de la igualdad y de la dignificación de las artistas a lo largo de la historia.
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* Es profesora Titular de la UCLM. Doctora en Musicología. Galardonada por sus investigaciones sobre mujeres músicas de los siglos XIX y XX, Universidad de Castilla-La Mancha.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
Fotos: Wikimedia Commons e Instagram.
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