El “Huevo de Invierno” de Fabergé, considerado una de las creaciones más bellas del legendario joyero de la Rusia Imperial, alcanzó un precio récord de £22,9 millones (30,2 millones de dólares) en una subasta el martes, informó Christie’s.
“El huevo acaba de venderse por £22.895.000, superando el récord mundial anterior para una obra de Fabergé”, señaló la casa de subastas en un comunicado, y añadió que superó con amplitud los £8,9 millones pagados cuando Christie’s vendió el Huevo Rothschild en 2007.
Esta obra, que fue un regalo de Pascua en 1913 del zar Nicolás II a su madre, María Feodorovna, representa no solo el lujo extremo de la dinastía Romanov, sino también la maestría artística de la diseñadora Alma Pihl, una de las pocas mujeres que trabajaron en los talleres de joyería de San Petersburgo a principios del siglo XX.

Entre 1885 y 1916, los emperadores Alejandro III y Nicolás II encargaron un total de 50 huevos imperiales a la Casa de Fabergé. Estas piezas, célebres por su complejidad y opulencia, requerían casi un año de trabajo y se convirtieron en símbolos de la magnificencia y el derroche de la corte rusa. El Huevo de Invierno destaca entre ellas por su composición de cristal de roca, platino y diamantes talla rosa, que recrea una escena invernal serena y gélida.
La historia de su creación está marcada por la inspiración de Alma Pihl, nacida en una familia finlandesa de maestros artesanos y diseñadores. A los 20 años, Pihl ya trabajaba para Fabergé, donde se encargaba de archivar las creaciones del taller mediante acuarelas a tamaño real.
Paralelamente, desarrollaba sus propios diseños y, según la leyenda, concibió el motivo de copos de nieve al observar los cristales de hielo en la ventana de su taller mientras cumplía un encargo para un magnate petrolero. Su objetivo era reproducir la belleza de esos cristales con los minerales más exquisitos disponibles.

El diseño del huevo transmite la dureza y la belleza del invierno, pero también sugiere la inminente llegada de la primavera. La base de cristal simula hielo a punto de derretirse, con los primeros hilos de agua representados por destellos de platino y diamante.
La superficie del huevo exhibe el patrón helado ideado por Pihl, mientras que en su interior se encuentra una canasta de flores de cuarzo blanco: algunas abiertas, mostrando destellos de verde granate, y otras cerradas, aguardando el deshielo.
Con información de AFP
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