Roma vibra con una muestra de Bienalsur en el imponente Auditorium Parco della Musica

Una de las salas más importantes de Europa, diseñada por Renzo Piano, alberga “Invocaciones. Un sonido en el fondo del oído”, una invitación a reflexionar sobre el límite del lenguaje sonoro y visual

“Decir casi lo mismo”: la video instalación de la artista argentina Lihuel González que se proyectó en el Auditorio Parco della Musica Ennio Morricone
“Decir casi lo mismo”: la video instalación de la artista argentina Lihuel González que se proyectó en el Auditorio Parco della Musica Ennio Morricone
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Desde Roma, Italia. El Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone es el mayor recinto de espectáculos de Europa: tiene cuatro auditorios cubiertos y uno al aire libre con capacidad para más de 10.000 espectadores. Inaugurado en 2002, y proyectado por el arquitecto Renzo Piano, se convirtió en uno de los centros culturales y de entretenimiento más importantes del continente, con una programación que abarca música, danza, teatro y arte.

En ese escenario, BIENALSUR presentó el jueves la muestra Invocaciones. Un sonido en el fondo del oído, con obras de los artistas italianos Jacopo Mazzonelli, Friedrich Andreoni y Giorgia Errera; del español Marc Vilanova y de la argentina, Lihuel González.

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El título alude a un sonido interior, individual, percibido solo por quienes aceptan el desafío de poner a prueba sus sentidos. “Me pareció interesante pensar una muestra que estuviese relacionada con el sonido, pero que no incluyera sonidos. Trabajar con obras que surgieran de una fuente sonora, pero que no la introdujeran, para permitir que convivieran naturalmente”, explicó Casini a Infobae Cultura. Además, señaló que varios de los trabajos dialogan entre sí por sus materialidades y por la presencia de elementos naturales.

La inauguración contó con la presencia de algunos de los artistas, que detallaron su trabajo ante el público. El primero en hablar fue Friedrich Andreoni, quien convirtió su voz en una imagen: sobre dos filas de banderas imprimió el espectrograma de la frase I am so wrong (“Estaba tan equivocado”). “La voz es el color; lo negro, el silencio”, explicó.

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El artitas italiano Friedrich Andreoni dispuso dos filas de banderas sobre las que imprimió el espectrograma de la frase “I am so wrong” (“Estaba tan equivocado”)
El artitas italiano Friedrich Andreoni dispuso dos filas de banderas sobre las que imprimió el espectrograma de la frase “I am so wrong” (“Estaba tan equivocado”)
"Finis", del artista italiano Jacopo Mazzonelli
"Finis", del artista italiano Jacopo Mazzonelli

Finis, del artista italiano Jacopo Mazzonelli, representa “los rulos de un piano” que, al final de la composición, repiten una y otra vez la palabra “fin”. “De alguna manera es una contradicción —observó Casini—, porque si estás repitiendo fin, parece que nunca termina”.

En Ginestra, de Andreas Zampella, un arbusto construido con tapones de oído color amarillo remite directamente al título de la muestra. “Un sonido en el fondo del oído es un sonido íntimo que escuchás vos solo, como cuando te colocás un caracol sobre la oreja”, señaló la curadora.

La artista argentina Lihuel González presentó Decir casi lo mismo, una video-instalación en la que un músico de orquesta ejecuta su dirección mientras, del otro lado de la pantalla, una mujer baila. Si hay correspondencia sonora entre ambos o no, si él está dirigiendo alguna sinfonía en particular o no, son preguntas que quedan abiertas.

En la recorrida por la exposición, Casini también destacó la obra de la italiana Giorgia Errera, basada en la película 2001: Odisea del espacio (1968). La artista emuló una pantalla de televisión en la que solo se ve y se lee un subtítulo. “Lo que hizo fue quitar la imagen, quitar los subtítulos y se quedó solo con los subtítulos sonoros. En una escena aparece la frase A sound of air rushing in (‘El sonido del aire entrando’) y ella la pintó sobre una tela”, explicó la curadora.

“Ginestra”, del italiano Andreas Zampella, remite directamente al título de la muestra
“Ginestra”, del italiano Andreas Zampella, remite directamente al título de la muestra

El artista catalán Marc Vilanova presentó una instalación construida a partir de grabaciones de infrasonidos naturales —frecuencias tan bajas que el oído humano no puede percibirlas— registradas en distintas cataratas del mundo, entre ellas, las de Iguazú, en la provincia argentina de Misiones.

“Empecé siendo músico, era saxofonista, y hace unos ocho años hice la transición hacia el arte instalativo”, contó. “Siendo músico me interesaba cómo producía sonido; ahora me interesa cómo recibimos ese sonido, en especial, cómo escuchamos esas frecuencias que no podemos percibir con nuestro cuerpo”, le contó a Infobae.

En ese contexto, Vilanova viajó por a Misiones, Brasil, Niágara y Quebec City y grabó con micrófonos especiales los infrasonidos generados por las cataratas del Iguazú, las del Niágara y las de Montmorency, siguiendo el recorrido de ciertas especies de aves que utilizan esas frecuencias para orientarse durante las migraciones.

“A diferencia del un volcán o de un terremoto, las cataratas son la única fuente continua de infrasonidos en la naturaleza. Hay familias de pájaros que pueden escucharlos y los usan como guía para volar, a pesar de las fuentes artificiales producidas por los seres humanos, como los molinos de viento o los aviones que generan infrasonidos que los desorientan”, dijo.

Marc Vilanova - Invocaciones. Un sonido en el fondo del oído

Según Vilanova, el montaje de la obra traduce el sonido en movimiento y luz. “Hasta que llegás al estudio no sabés si grabaste algo o no, porque no lo podés escuchar cuando estás ahí”, explicó. “Usé solo las frecuencias por debajo de los veinte hercios. Esos sonidos se reproducen en la instalación a través de pequeños altavoces que no pueden emitirlos al aire, pero vibran, y esa vibración se transmite a las fibras ópticas que cuelgan de ellos. De alguna manera, podés ver la onda sonora caer por la fibra óptica”.

Las fibras ópticas, colgadas en hilos translúcidos que caen desde el techo, fueron perforadas para dejar escapar la luz. Esa mínima fuga, invisible a simple vista, hace visible el pulso del sonido. “Es un material muy especial —una fibra óptica creada originalmente por una empresa estadounidense para hacer crecer algas— que ya no se fabrica”, contó el artista.

En la charla, el artista recordó una de sus experiencias de grabación en Canadá: “En Montmorency, una catarata cerca de Quebec City, mientras hacía tomas en las escaleras, sentí una presión en el estómago. Después, cuando llegué al estudio, descubrí que había sido la grabación con más contenido de infrasonidos”. Y agregó: “Es bonito pensar que a veces no podemos escuchar el sonido, pero sí los sentimos de alguna manera”.

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