
El análisis de documentos históricos y la interpretación de términos clave abrió la posibilidad de que exista una obra perdida de Johannes Vermeer, lo que reavivó el interés por su legado artístico. La conocida obra La Alegoría de la Pintura, considerada durante siglos una de las joyas del Kunsthistorisches Museum de Viena, se situó en el centro de un debate que podría transformar la comprensión de la producción del maestro neerlandés.
Una reciente investigación aportó evidencias para cuestionar si la pieza expuesta en Viena es realmente la misma citada en un antiguo documento de 1676 redactado por la viuda del pintor. La controversia surgió a raíz del análisis de Paul Taylor, especialista en arte neerlandés del siglo XVII y curador del Warburg Institute de Londres.
Taylor analizó el significado del término “de schilderconst” usado en el documento de la viuda de Vermeer y concluyó que no se refería exactamente a una escena de taller de artista, como la que muestra la pintura vienesa, sino a una alegoría de la pintura en sentido más amplio. Esta diferencia semántica resulta crucial para entender la verdadera identidad de la obra mencionada en el siglo XVII.
El experto fundamentó su argumento en una revisión de fuentes contemporáneas. Encontró 25 descripciones de cuadros holandeses de la época que emplean la expresión “de schilderconst”, y en todos los casos señalan personificaciones alegóricas de la pintura, no representaciones de artistas en sus estudios.

El especialista reforzó su hipótesis con citas de escritores y pintores contemporáneos de Vermeer, como Karel van Mander, Philips Angel, Samuel van Hoogstraten, Gerard de Lairesse y Arnold Houbraken, quienes usaron el término con ese sentido alegórico. En la obra del pintor neerlandés, la figura femenina con trompeta corresponde a Clío, la musa de la historia, lo que respalda la interpretación simbólica, según expuso Taylor.
El contexto histórico añade complejidad al debate. Tras la muerte de Vermeer en 1675, su viuda Catharina intentó evitar que la pintura fuera confiscada por los acreedores, transfiriendo su propiedad a su madre, sin lograr evitar el embargo. En el documento legal de 1676 se menciona una obra “en la que se representa el Arte de la Pintura”, tradicionalmente vinculada a la pieza que actualmente exhibe el museo vienés.
No obstante, Taylor defendió que este inventario podría referirse a otra pintura desaparecida. “Está convencido de que el documento de 1676 de Catharina se refiere a otra obra, que ahora está perdida”, según relata The Art Newspaper.
Las consecuencias de este planteo resultan significativas para la historia del arte. Si la obra mencionada en el documento legal no resulta ser la conservada en Viena, podría existir una obra perdida de Vermeer aún no identificada.
Esto abriría nuevas perspectivas sobre el catálogo y la evolución artística del pintor, así como el destino de sus creaciones tras su muerte. Esta posibilidad, aunque poco probable, mantiene el interés de especialistas y público general, y alimenta el debate sobre la autenticidad y atribución dentro del arte neerlandés del Siglo de Oro.
La polémica derivó en repercusiones para el ámbito museístico. El Rijksmuseum de Ámsterdam proyectó dedicar una sala exclusiva a “La Alegoría de la Pintura” en su exposición de 2023 sobre Vermeer, pero el Kunsthistorisches Museum consideró que la pieza resultaba demasiado frágil para trasladarla.

Esta decisión impidió el viaje de la obra a Países Bajos, manteniéndola en Viena y, de alguna manera, preservando el enigma sobre su verdadera identidad.
La posibilidad de que la obra mencionada en el documento de 1676 reaparezca algún día, aún no identificada como un Vermeer auténtico, permanece latente y sostiene la expectativa de un descubrimiento capaz de modificar la historia del arte neerlandés.
Johannes Vermeer: precisión y misterio
Johannes Vermeer nació en Delft, en las Provincias Unidas de los Países Bajos, en 1632 y permaneció toda su vida en esa ciudad. Es considerado uno de los grandes maestros del barroco neerlandés y figura esencial del Siglo de Oro de la pintura. A diferencia de otros artistas de su tiempo, su obra resulta relativamente escasa: completó apenas cerca de 35 cuadros documentados.
La mayoría de sus pinturas presentan escenas domésticas, representadas con meticulosidad y una atención extraordinaria a la luz, el color y los detalles cotidianos. Se destaca su maestría en plasmar atmósferas íntimas y un uso singular de la perspectiva, que crea una conexión directa con el espectador. Obras como La joven de la perla, La lechera y Vista de Delft se han vuelto icónicas, sumando a la leyenda sobre su vida y método de trabajo.
Vermeer murió en 1675 en circunstancias adversas para él y su familia; su fallecimiento coincidió con una crisis económica que sumió a sus herederos en la ruina. La escasa información documental y los enigmáticos vacíos de su biografía, así como la limitada circulación de sus obras durante dos siglos, aumentaron aún más el misterio en torno a su figura.
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