
El mercado global de Labubu, el carismático personaje creado por Kasing Lung, ha alcanzado cifras sorprendentes: una subasta en Pekín adjudicó una escultura de este peluche viral, de más de 1,20 metros (cuatro pies) de altura, por más de USD 150.000. Este fenómeno, que ha desatado una fiebre internacional por los muñecos diseñados en China, plantea interrogantes fundamentales para coleccionistas, artistas y juristas sobre el valor, la protección legal y los límites de la creatividad en torno a los juguetes de diseñador.
En este contexto, la abogada Mari-Claudia Jiménez, socia y codirectora global de la práctica de derecho del arte en Withers Art and Advisory, advierte sobre los riesgos de considerar a Labubu como un activo de inversión artística. Según explicó en diálogo con The New York Times, “aconsejaría no tratar un Labubu como un activo de arte porque, al final del día, esto es la tendencia del momento (como lo fueron los Beanie Babies y los Cabbage Patch Kids en su época), y más a menudo que no, con este tipo de tendencias virales, ¡lo que sube debe bajar!”.
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No obstante, Jiménez reconoce que, si un coleccionista decide tratar estos objetos como bienes apreciables, resulta imprescindible recurrir a tasadores especializados en cultura pop y mantener un inventario detallado para una adecuada planificación patrimonial.
La explosión de popularidad de Labubu ha impulsado a muchos artistas a buscar colaboraciones con marcas de juguetes de diseñador. En estos acuerdos, la titularidad de los derechos de autor se convierte en un aspecto central. La abogada Gina Bibby, líder de la práctica global de tecnología de la moda en Withers, detalla que cuando una marca contrata a un artista para un proyecto, suele establecerse un contrato en el que el artista cede sus derechos de autor sobre la obra creada.
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“Para cubrir el caso en que, por alguna razón, esa cesión no pueda hacerse valer legalmente, el contrato suele otorgar a la marca una licencia mundial, perpetua y libre de regalías para usar la obra protegida por derechos de autor del artista”, precisa. En situaciones de colaboración conjunta, el artista puede conservar sus derechos y conceder a la marca las licencias necesarias, negociando la distribución de la propiedad intelectual según los intereses de ambas partes.
La protección legal de personajes tan reconocibles como Labubu se apoya en el registro de derechos de autor, que permite al titular demandar por infracción y evitar la copia no autorizada o la creación de obras derivadas. Bibby subraya que “la expresión artística plasmada en los muñecos Labubu, incluido su diseño y características, puede protegerse mediante un registro de derechos de autor que permitirá al titular demandar por infracción y evitar la copia no autorizada y la creación de ‘obras derivadas’ (es decir, imitaciones o versiones alteradas)”.
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La legislación de Estados Unidos otorga al titular de los derechos la exclusividad para crear o autorizar obras derivadas, y cualquier uso no autorizado puede constituir una infracción, salvo en casos muy limitados como la parodia, la crítica o el comentario.

El auge de la personalización y la exhibición de Labubu en redes sociales y tiendas físicas también plantea desafíos legales. Si bien la “doctrina de la primera venta” en la legislación estadounidense permite al propietario de un muñeco adquirido legalmente venderlo, prestarlo o regalarlo sin necesidad de autorización, la situación cambia cuando se trata de reproducir imágenes del muñeco personalizado. Bibby aclara que “publicar fotos de un muñeco con atuendos personalizados en redes sociales puede ser problemático sin el permiso del titular de los derechos de autor, porque en ese caso se trata de una copia del muñeco físico, y no del objeto en sí”.
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La efervescencia en torno a Labubu ha reavivado el debate sobre la naturaleza del arte, la inversión y los límites de la creatividad en la era de los fenómenos virales. Para los coleccionistas, la recomendación de los expertos de Withers Art and Advisory es clara: actuar con cautela, documentar y tasar adecuadamente sus piezas, y comprender que el valor de estos objetos puede fluctuar tan rápido como su popularidad. Para los artistas, la experiencia de Kasing Lung y la protección legal de sus creaciones ofrecen lecciones sobre la importancia de los contratos y el registro de derechos de autor en un mercado donde la originalidad y la apropiación conviven en una frontera cada vez más difusa.
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