
La sala tiene una luz tenue, las localidades no son numeradas y se invita a ubicarse donde se guste. Ofrecen, además, la posibilidad de servirse un té. Se elige una ubicación alrededor de la mesa que se presiente pasarela escenario. Junto con las tazas y las teteras, sobre el proscenio, hay desparramadas fotos de una beba, sola y con sus padres. Pero todas son de la misma niña; también hay un par de termómetros y oxímetros.
No hay telón, y el público, entre murmullos, espera. Cuando los movimientos sugieren el inminente comienzo, apuran el trago de la infusión de eucalipto y orégano –para las vías respiratorias– y silencian las voces. Se bajan las luces. Comienza Respirar: Bitácora escénica en un acto, escrita, codirigida y protagonizada por Pilar Ruiz.
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Una actriz menuda, que parece una niña, sube al escenario, se sienta, inspira y expira con intensidad ante el micrófono. Respira casi en total oscuridad. Luego, con ímpetu e intensidad, enlistará, vertiginosamente, una serie de términos médicos.
Durante los siguientes cincuenta minutos, Pilar Ruiz, directora, actriz y dramaturga, invitará al público a conocer una historia personalísima de amor, condiciones raras, sanidad y resiliencia. Durante una hora, tomará todo el aire que pueda, y lo dosificará para desnudar una historia propia, la de una patología congénita, y una colectiva, la de la salud pública, la de la vocación médica y la de madres y padres que apuestan lo imposible por la salud de sus hijos.
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La respiración es un material precioso para Pilar Ruiz –lo es para todo ser vivo, pero al finalizar la obra, definitivamente, para el público este simple hecho vital cobrará otra dimensión– y, sin embargo, es generosa. Administra el aire, pero no escatima la energía, se debe al público, lo sabe, y baila, muestra sus cicatrices, confiesa su historia, la describe milimétricamente, de palmo a palmo.
Recupera los diarios de su madre, en los que registraba cada acción y movimiento de su beba, nacida con un defecto de nacimiento: una atresia de esófago –una malformación que hace que pulmón y esófago estén conectados–. Antes de su primer año, ingresó varias veces al quirófano. Después, también. Con el tiempo, y siempre acompañada de sus padres, su hermana y de un médico que ya es parte de la familia, con todos los cuidados correspondientes, llevará una vida como la de cualquier otra persona.
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Sin golpes bajos ni conmiseración, incluso con pinceladas de humor, a través de testimonios de sus padres, con videos caseros de su adolescencia, junto con sus amigas, se arma un rompecabezas, se construye una historia en la que el amor y la esperanza, por mínima que sea, lo es todo. Abandonar la batalla no es opción. Y empezó a actuar, a la par que usaba un corsé por una escoliosis. Nada la detuvo.
Respirar: Bitácora escénica en un acto opera como un manifiesto sin tener la intención de serlo, porque la performer-actriz-protagonista reconoce su condición, pero no se embandera en ese hecho. Todo lo contrario, asume la realidad y se empodera ante lo posible, agradece con sus movimientos arriba y abajo del escenario, se compromete con diferentes causas, al extremo, se brinda en cuerpo y alma.
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Pilar Ruiz desgrana recuerdos desde un lugar luminoso, porque ese cuerpo que es el que conoce, escenario de mil batallas, aun así, le ha permitido llegar hasta aquí. Y ella lo transforma, lo convierte en ofrenda, porque le permite bailar, actuar, nadar, comunicar, tomar una cerveza o comer papas fritas.
*Respirar: Bitácora escénica en un acto se presenta los sábados a las 20:30 en Sala de máquinas, Lavalle 1145 (C.A.B.A.)
[Fotos: Ana Rodríguez Baños y Francisco Castro Pizzo.]
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