
El rugido de O Fortuna volvió a estremecer a los asistentes cuando, en la última aparición escénica de Ozzy Osbourne, la monumental cantata de Carl Orff sirvió de telón de fondo para el ingreso del legendario músico. Esta fusión entre el universo sinfónico coral y el rock, que también exploró la banda francesa Era en uno de sus álbumes, ilustra la capacidad de Carmina Burana para trascender géneros y épocas. En ese mismo espíritu, la Compañía Artística Clásica del Sur se despide de la temporada con dos funciones finales de la obra en el imponente Gran Templo de la Masonería Argentina, según informó la propia compañía en un comunicado de prensa.
La cita tendrá lugar en el Palacio Cangallo, sede de la Gran Logia de la Argentina de los Libres y Aceptados Masones, ubicada en Juan Domingo Perón 1242, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Las funciones están programadas para el sábado 26 de julio a las 20:30 y el domingo 27 de julio a las 18:30.
La historia de Carmina Burana se remonta a los años 30, cuando Carl Orff compuso la cantata entre 1930 y 1936, estrenándola en la Ópera de Frankfurt el 8 de junio de 1937. Basada en una colección de poemas medievales en latín y alto alemán medio, la obra se inspira en los manuscritos hallados en el monasterio benedictino de Beuern, al sur de Múnich. Este monasterio, fundado en el año 733, albergó durante siglos un valioso patrimonio literario que, tras su traslado en 1803 a la Biblioteca de la Corte de Múnich, permitió la edición moderna de un manuscrito iluminado con poemas seculares. Cuarenta y cuatro años después, la colección se popularizó en toda Europa bajo el nombre de Carmina Burana o Canciones de Beuern.

En la década de 1930, Orff encargó al poeta y jurista Michel Hofmann la organización de 24 poemas de la colección en un libreto para un oratorio secular con elementos escénicos. Así nació la obra que el propio compositor describió como “canciones seculares para cantantes y coros que se cantarán junto con instrumentos e imágenes mágicas”, concebida más como un evento teatral que como un concierto tradicional. El resultado fue una cantata de 24 movimientos que explora temas tan terrenales como la glotonería, el amor erótico y los placeres mundanos, asuntos que sorprenden por su distancia respecto a los intereses habituales de los monjes benedictinos.
El coro inicial, O Fortuna, velut Luna, se ha convertido en un emblema de la cultura popular. Su presencia en la apertura y cierre de la obra le otorga un marco dramático inconfundible. Este fragmento ha musicalizado escenas de batallas épicas en el cine, anuncios de café, bebidas y perfumes, e incluso ha inspirado memes sobre letras malinterpretadas. La pieza también ha sido utilizada en éxitos bailables y, como ya se mencionó, en la apertura de los conciertos de Ozzy Osbourne.

La estructura de la cantata divide los poemas en tres grandes bloques: las alegrías efímeras de la primavera (Primo Vera), la vida en la taberna (In Taberna) y el amor carnal (Cour d’amours). Esta organización refuerza el carácter secular y festivo de la obra, que desafió tanto a la crítica especializada como a los prejuicios de su época, incluso enfrentando los fantasmas del nazismo.
El elenco de la Compañía Artística Clásica del Sur para estas funciones finales incluye la dirección musical de César Tello, pianistas como Claudio Santoro y Lorena Eckell, y un ensamble de percusión y timbal propio. Las voces solistas estarán a cargo de Eugenia Coronel Bugnon, Bruno Sciaini, Miguel Alberto Balea (el 27 de julio) y Luchi de Gyldenfeldt (el 26 de julio). Participan también el Coro Estable de Clásica del Sur bajo la dirección de César Tello, el grupo Vocal Va Pensiero dirigido por María Julia Contardi, y el Coro de Niños de Clásica del Sur dirigido por Natalia Vivas. La producción general corresponde a Juan Carlos Montamat y la coordinación artística a la propia compañía.
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