
Un error de caligrafía medieval ha permitido a dos investigadores de la Universidad de Cambridge descifrar el verdadero significado de un poema perdido que desconcertó a generaciones de filólogos. James Wade y Seb Falk sostienen que la clave para resolver el enigma de The Song of Wade (La canción de Wade) radica en la confusión de letras cometida por un copista del siglo XII, quien, al transcribir un sermón en latín, sustituyó la letra “w” por una “y” en palabras en inglés medio.
Este simple desliz transformó a los elfos en lobos y a los duendecillos en serpientes marinas, alterando por completo la interpretación del texto y alimentando un misterio literario que se prolongó durante más de un siglo.
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La historia de este poema comenzó en la década de 1890, cuando MR James, medievalista de Cambridge célebre por sus relatos de fantasmas, halló en la biblioteca del Peterhouse College el único fragmento conocido de The Song of Wade. Junto a su colega Israel Gollancz, James identificó el texto como parte de una obra que, en su época, había gozado de enorme popularidad en Inglaterra. Tanto es así que Geoffrey Chaucer la mencionó en dos ocasiones en sus escritos, sin molestarse en explicarla a sus lectores, convencido de que todos la conocían. Lo mismo hizo el predicador del sermón, quien citó el poema ante su congregación sin ofrecer detalles.

El fragmento, repleto de referencias a criaturas fantásticas, desconcertó a los estudiosos. Su contenido evocaba un relato épico plagado de monstruos, lo que parecía anacrónico y vinculado a mitos germánicos más antiguos. Además, las menciones en la obra de Chaucer resultaban enigmáticas.
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En Troilo y Criseida, la historia de Wade no parecía adecuada para que Pandarus intentara avivar la pasión de Criseyde. En Los cuentos de Canterbury, la expresión “Wades boot” se utilizaba para justificar por qué las mujeres jóvenes eran preferibles a las mayores en el matrimonio, una explicación que tampoco encajaba con un mito heroico. Un estudioso de los años 30 llegó a afirmar que “probablemente no hay en Chaucer una cuestión más debatida que la historia de Wade”.
La reciente investigación de Wade y Falk, publicada en The Review of English Studies, propone una solución inesperada: la confusión se originó porque el copista, hábil en latín pero poco familiarizado con el inglés medio, cometió errores sistemáticos al transcribir el sermón. El uso incorrecto de la letra “y” en lugar de “w” alteró el sentido de varias palabras clave, lo que llevó a generaciones de lectores a interpretar el fragmento como un relato de seres sobrenaturales, cuando en realidad se trataba de una narración de caballeros, gestas y romance.
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Según los autores, “es una revisión fundamental de lo que este fragmento puede revelarnos sobre el mundo de una novela de caballería hasta ahora desconocida”. Añaden que se trata de “una leyenda perdida tal como la conocían los lectores y oyentes de la Inglaterra medieval tardía, entre ellos Geoffrey Chaucer”.
El sermón en cuestión, conocido como Humiliamini, gira en torno a la humildad y la culpa humanas. Wade y Falk atribuyen su autoría a Alexander Neckham, teólogo y abad inglés famoso por emplear alegorías naturales en sus enseñanzas morales. En sus textos, los leones simbolizan el orgullo, los cerdos la gula, y los lobos y serpientes acuáticas representan la tiranía y la duplicidad, respectivamente.
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Al citar un poema popular como The Song of Wade, Neckham buscaba, según los investigadores, acercar la doctrina eclesiástica a su audiencia. Seb Falk lo resume así: “Aquí tenemos un sermón de finales del siglo XII que utiliza un meme de la historia romántica de moda en la época. Es una de las primeras pruebas de un predicador incorporando la cultura popular a su discurso para captar la atención del público”.
La cuestión de si el poema completo llegó a escribirse sigue sin respuesta. Wade reconoce la dificultad de resolver este punto: “Sabemos que en este periodo los poemas largos y complejos se memorizaban y transmitían oralmente, pero también que a menudo se escribían. La ausencia de manuscritos originales sugiere que, si existieron copias, probablemente no fueron muchas. Es una gran pregunta y no tiene respuesta”.
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Fotos: cortesía de Peterhouse/Universidad de Cambridge.
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