
La Bienal de Arte de Venecia enfrenta una crisis inédita: más de setenta artistas, incluidos representantes de 22 pabellones nacionales, han anunciado que no competirán en los recientes premios León de Oro del visitante, un gesto de protesta que cuestiona la legitimidad de la edición de 2026 y anuncia un posible quiebre en uno de los certámenes más influyentes del arte contemporáneo internacional.
Esta renuncia colectiva, comunicada en E-flux, surge por la decisión del presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, de sustituir al jurado oficial tras su dimisión, optando en cambio por un sistema de votación popular cuyos resultados se conocerán solo al cierre del evento en noviembre.
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Según E-flux, quienes firman el comunicado –entre los que destacan Laurie Anderson, Alfredo Jaar, Walid Raad, Sammy Baloji, Carolina Caycedo y Oriol Vilanova– justifican su negativa bajo una consigna explícita: “en solidaridad con el jurado seleccionado por Koyo Kouoh”, la directora artística fallecida en 2023 durante la organización de la muestra. La edición, que había convocado a 110 artistas en total, expone así una fractura entre el comité organizador y una proporción significativa de sus participantes.

La crisis se profundizó después de que el jurado designado por Koyo Kouoh renunciara en bloque el 2 de mayo, apenas dos días antes de la inauguración de la Bienal, informa E-flux. El detonante: la negativa de Buttafuoco a aceptar la exclusión de los pabellones de Rusia e Israel de los galardones, propuesta por el jurado en respuesta a presiones internacionales.
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Tanto el presidente israelí Benjamín Netanyahu como el ruso Vladímir Putin cuentan con órdenes de arresto activas por parte de la Corte Penal Internacional. El jurado había argumentado que no podían premiar a representantes de países “cuyos líderes están actualmente acusados de crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional”.
En ausencia de un jurado experto, la Bienal instauró los llamados “Leones de los Visitantes”, galardones otorgados a partir del voto del público y no por decisión crítica. Los resultados solo quedarán definidos tras el recuento de las votaciones a la clausura de la muestra en noviembre, una innovación que imita dinámicas de plataformas como YouTube o Spotify, donde la interacción masiva reemplaza el juicio especializado.
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El presidente de la Bienal defiende el nuevo método al introducir, por primera vez en la historia del certamen, un criterio cuantitativo para premiar el arte contemporáneo. Su decisión subraya la erosión de la autoridad de los expertos frente a la llamada “democratización” de la cultura. El mundo del arte observa con escepticismo cómo el poder de opinión de los especialistas se diluye, desplazado por la lógica de los algoritmos y la participación masiva online.
Douglas McLennan, editor del Arts Journal –un referente del periodismo cultural durante dos décadas–, ha planteado la pregunta clave ante la pérdida de peso de la crítica independiente y la institución de premios basados en votación popular: “Si los críticos y los premios han perdido influencia como instancias relativamente independientes capaces de definir la ‘calidad’ o establecer criterios de valor, y si incluso la noción misma de calidad se ha desplazado desde la evaluación de la obra en sí hacia la contabilización de la atención y la interacción —optimizadas algorítmicamente— que genera el ’contenido’ ¿cuál es entonces el papel de una institución artística o de un campo creativo dentro de un entorno de clasificación organizado en torno a algoritmos, comunidades y plataformas que ellos mismos no controlan?”.
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El impacto inmediato de la exclusión de los expertos ya se reflejó en Venecia. En el pabellón de Estados Unidos, tradicional bastión de la vanguardia, la ausencia de un comisariado sólido se manifestó en la propuesta considerada insípida del artista Alma Allen. En contraste, el pabellón de la Santa Sede firmó una apuesta radical al contratar como comisario a Hans Ulrich Obrist, director de la Serpentine Gallery de Londres, quien reunió a más de veinte artistas internacionales –incluida la cantante y poetisa Patti Smith y el cineasta Jim Jarmusch– para un despliegue inusual en escenarios conventuales venecianos, posible gracias a la legitimidad crítica de Obrist.

La reacción institucional ante la protesta de los creadores sigue sin materializarse. Hasta la fecha, E-flux señala que Pietrangelo Buttafuoco, nombrado en 2023 como apuesta del gobierno de Giorgia Meloni para fortalecer la imagen cultural de Italia, no ha emitido declaración pública.
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Su trayectoria como intelectual independiente y su decisión explícita de mantener abierta la Bienal a todos los países (“esto no es un juzgado, esto es un jardín de paz”) lo han colocado en tensión incluso con sus aliados más cercanos. El ministro de cultura Alessandro Giuli, hasta ahora uno de sus principales respaldos, amenazó con retirar los dos millones de euros ya asignados si la participación de Rusia permanece, en un contexto de presión diplomática desde la Unión Europea.
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