El nombre de Enrique Cadícamo resuena merecidamente con fuerza al hablar del tango y la cultura popular argentina del siglo XX. Nació en 1900 y murió en 1999, su producción artística cubre prácticamente la totalidad del siglo XX. Su obra estuvo marcada por colaboraciones memorables junto a Enrique Cobián y Aníbal Troilo, nada menos, para alumbrar tangos que permanecen en la memoria colectiva de argentinos de varias generaciones, como “Anclao en París”, “Nieblas del Riachuelo”, “Garua” y “Los mareados”. Fue un artista integral porque su recorrido creativo no se limitó a la música; dirigió filmes, ideó guiones cinematográficos y escribió libros. En cada uno de estos trabajos, supo reflejar en sus letras y relatos los paisajes y la idiosincrasia de Buenos Aires, la ciudad de su vida. Tuvo además una estrecha relación con Carlos Gardel, quien registró versiones canónicas de buena parte de sus tangos, un sello adicional en el prestigio del poeta y músico.
Cadícamo descolló como una figura representativa no solo por la cantidad, sino por la calidad de su producción, convertida en testimonio del devenir y la transformación de la Buenos Aires del siglo pasado. La influencia de sus obras permanece vigente en el repertorio tanguero y en la memoria de la cultura popular argentina. Con su amplitud creativa y sus vínculos con otros grandes artistas, representa un emblema ineludible en la historia del tango.
Nacido el 15 de julio de 1900 en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, Enrique Domingo Cadícamo fue hijo de inmigrantes italianos y creció en el barrio de Flores. A los 26 años publicó su primer libro, Canciones Grises (1926), donde ya se percibía la influencia del modernismo y del tango. A este debut siguieron los poemarios La luna del bajo fondo (1940) y Viento que lleva y trae (1945), la novela Café de camareras (1969) y el libro de recuerdos El desconocido Juan Carlos Cobián (1972).

Carlos Gardel y los tangos históricos
La relación con Carlos Gardel marcó un hito en la historia del tango. El propio Cadícamo recordaba el inicio de su amistad: “Lo único que recuerdo es que yo lo miraba como si fuera un ser de otro planeta. Me palmeó la espalda y desde ese día fuimos amigos”. El primer tango que Cadícamo escribió, “Pompas de jabón”, fue también el primero que Gardel grabó de su autoría, el 27 de diciembre de 1925 en España, acompañado por José Ricardo y utilizando el sistema eléctrico, tecnología que aún no había llegado a Buenos Aires. A partir de entonces, Gardel grabó al menos 20 tangos de Cadícamo, entre ellos “Muñeca brava”, “Cruz de palo”, “Madamme Ivonne” y “Anclao en París”. Este último fue compuesto en Barcelona en 1931 y enviado a Gardel, que se encontraba en Niza; la música fue obra de Guillermo Barbieri.
La producción de Cadícamo, además, abarca títulos emblemáticos como “Che papusa, oí” (1927), escrita para la Troupe Ateniense de Montevideo y grabada por Alberto Vila; “Compadrón”, con música de Luis Visca y difundida por Sofía Bozán; “De todo te olvidas”, que obtuvo el primer premio para tangos con letra en el concurso de Max Glücksmann en 1929; y “Niebla del Riachuelo”, interpretada por Tita Merello en la película La fuga (1937).
Algunos tangos de Cadícamo tienen historias particulares. “Tres Esquinas” alude al cruce de las calles Montes de Oca y Osvaldo Cruz en Barracas, y fue estrenado por Ángel Vargas con la orquesta de Ángel D’Agostino en 1940. “Los mareados”, sobre música de Juan Carlos Cobián, sufrió la censura del gobierno militar en 1943, que obligó a suprimir el lunfardo y referencias a la embriaguez, por lo que pasó a llamarse “En mi pasado”. En 1949, bajo el gobierno de Juan Domingo Perón, recuperó su nombre y letra original. “Garúa” nació de una colaboración con Aníbal Troilo: una noche, Troilo pidió a Cadícamo que le pusiera letra a una melodía; esa madrugada, bajo una llovizna, el poeta imaginó la extraordinaria frase inicial (“Que noche llena de hastío y de frío...) y completó el texto antes de regresar al cabaré Tibidabo.

La visión de Cadícamo sobre el tango moderno quedó plasmada en entrevistas y en el suplemento Testigos del siglo: el tango nacional y popular. Según el autor, “Lo que hoy se escucha como tango nada tiene que ver con las melodías y el espíritu que tenía hace cuatro o cinco décadas. El tango es un sentimiento que no tiene nada que ver con las fantasías de un arreglador que hace o deshace una composición según su gusto o los pedidos de los directores de una discográfica. Me da mucha pena escuchar temas que compuse hace un tiempo y que transmitían el clima de esa época, convertidos en una obra de corte vanguardista, con un sentido musical muy distinto. Si se quiere el tango de verdad, hay que dejarlo tal cual, se lo concibió en su momento”. Y añadía: “Con esto no quiero decir que no estoy de acuerdo con las nuevas edades de la música, pero siento que hoy perdió su personalidad y se la desvirtuó. Además ya no están nuestras fuentes de inspiración: ¿a dónde fue el barrio, la vida nocturna, la calle Corrientes? Si ese paisaje de Buenos Aires hoy es tan lejano, no podemos esperar que, a pesar de los buenos y jóvenes talentos, surjan esas canciones inolvidables que nacieron desde el alma”. Para Cadícamo, “Hoy puede haber compositores y autores de música, pero no de tangos. El tango sería entonces otra cosa, otra manifestación actual. Sería canción de Buenos Aires, u otro título que le dieran”. Y sentenciaba: “¿Cuándo termina la época de ese tango? Con los tangos conocidos, tradicionales y de antología. Ahí terminó la época. Yo puedo hacer un tango en 20 minutos o en 15. Si es media hora no vale. Lo hago todavía con el sabor y con el estilo que supe conocer en Buenos Aires en el año 20, en el 25 o en el 30”.
La obra de Cadícamo también se extendió al cine y al teatro. Escribió y dirigió películas como Virgencita de Pompeya, Noches cariocas y Nace un campeón. Fue guionista de Galería de esperanzas (Chingolo) (1934) e intérprete en Al corazón (1995), Gardel, el alma que canta (1985) y El canto cuenta su historia (1976). En teatro, creó piezas como Así nos paga la vida, La Baba del Diablo, El Romance de dos Vagos, El cantor de Buenos Aires y La epopeya del tango.
El poeta e historiador León Benarós lo describió en la revista Tanguera como un “muchacho eterno” que parecía desafiar el paso del tiempo, con su cabellera rubia y su estilo juvenil. Murió el 3 de diciembre de 1999 a los 99 años.
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