
Desde el 28 de mayo, y hasta el 23 de julio, la galería Herlitzka & Co. presenta dos muestras más que interesantes que proponen un trabajo sobre la materialidad del arte proporcionando nociones conceptuales. Una de ellas es Mutación, de Martín Churba, donde el textil se transforma en una obra de arte autónoma, liberándose de su función tradicional.
La obra de Churba se caracteriza por una técnica innovadora que combina gestos físicos, pintura expandida y procesos de transferencia sobre textiles, resultando en piezas únicas que fusionan lo manual con una estética industrial.
Churba utiliza materiales descartados como parte central de su obra, otorgándoles un nuevo significado estético y conceptual. Un ejemplo de esto es su reciente serie que incorpora maples de huevo, transformando lo que el sistema desecha en recursos artísticos.

Nacido en 1970, cuenta con un Konex de Platino y dos Konex. Se formó en publicidad y diseño gráfico. Cuando descubrió la pasión por lo textil, decidió intervenir telas de una forma original y lúdica. Conformó la empresa TrosmanChurba con Jésica Trosman, luego siguió en forma independiente y formó Tramando.
“Sus colecciones de vanguardia son comercializadas en los locales que la marca tiene en Buenos Aires y Nueva York, y se exportan a Japón y a Europa. Diseñó, junto con la Cooperativa La Juanita, el programa social Pongamos el trabajo de moda, que integra distintos actores sociales, resignificando al guardapolvos como ícono de la cultura del trabajo”, se lee en la web de la Fundación Konex.
Sin dudas, el trabajo colaborativo es un pilar fundamental en su práctica, manifestándose en el Colectivo Tsufwelej, que Churba integra junto a Fidela Flores, artista textil wichí, y Candelaria Aaset, artista y curadora. Este colectivo explora la creación como un vínculo, un espacio para narrar y transformar el mundo.

Simultáneamente, en la Sala E, se presenta Memorias cifradas de la artista chilena Francisca Rojas, quien explora la intersección entre arte textil, memoria ancestral y tecnología contemporánea. Rojas utiliza su obra para examinar las múltiples facetas de la producción artística en contextos periféricos, desarrollando su trabajo principalmente en cerámica y textil.
En esta muestra, Rojas reinterpreta los quipus, antiguos dispositivos andinos de registro de información, vinculándolos con la tecnología digital actual. Los quipus, utilizados por las culturas andinas, codificaban información a través de hilos y nudos, y su uso fue prohibido durante la conquista española.

Rojas reivindica estos dispositivos como sistemas informáticos ancestrales, combinando el código binario moderno con la notación numérica de los quipus. En sus tejidos, encripta textos como proverbios populares y extractos de documentos históricos, organizándolos en configuraciones que evocan circuitos integrados, explorando así la poética del tiempo y el legado cultural.
Ambas exposiciones estarán abiertas al público desde el 28 de mayo hasta el 23 de julio de 2025, de lunes a viernes, en Libertad 1630, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
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