En una mesa en la Feria del Libro de Buenos Aires, el escritor Guillermo Saccomanno reflexionó sobre su experiencia al escribir su novela Arderá el viento, por la que obtuvo el Premio de Novela Alfaguara 2025.
Saccomanno, que describió el proceso como un viaje introspectivo y laberíntico, explicó que la obra se construyó en medio de circunstancias personales adversas, incluyendo problemas de salud y un desalojo, lo que paradójicamente convirtió la escritura en un refugio y una fuente de felicidad.
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Además, relató que, durante tres meses, se propuso escribir un capítulo diario, incluso en condiciones físicas complicadas, convencido de que mientras escribiera, no sucumbiría a las dificultades que enfrentaba.
“Mientras yo estuviera escribiendo, sentía que no me iba a morir. Fue una de las etapas más felices de mi vida, a pesar de la catástrofe”, expresó.
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En el marco de esta charla con Claudio Zeiger, Saccomanno compartió que la idea del laberinto es central en su novela, no como un espacio del que se busca escapar, sino como un lugar donde los personajes se sumergen voluntariamente. Esta metáfora del laberinto refleja la vida misma, la sociedad y las trampas que estas imponen: “La vida es un laberinto. ¿Y qué es un laberinto sino una trampa metida en una trampa?”, dijo.
En este contexto, los protagonistas de la obra, Molly y su familia, enfrentan un destino marcado por decisiones que los llevan a adentrarse en este complejo entramado. Saccomanno destacó que las grandes preguntas existenciales que subyacen en la novela —como por qué persistimos o por qué escribimos— no tienen respuestas definitivas, sino que resuenan en el viento, evocando la célebre canción de Bob Dylan.
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“Los personajes, en especial Molly y su marido, decidieron irse a meter en el laberinto por propia voluntad. ¿Por qué nos quedamos? ¿Por qué persistimos? ¿Por qué escribimos?”, comentó.
Durante la conversación, Saccomanno también abordó la influencia de otros escritores en su obra. Mencionó a Juan Carlos Onetti como una figura clave en la construcción del tono de Arderá el viento. Según explicó, la lectura de Los adioses de Onetti le permitió encontrar una voz narrativa que capturara la sordidez y la complejidad de la naturaleza humana, elementos que considera esenciales en su novela.
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Además, reconoció la influencia de autores como William Faulkner y Jim Thompson, cuyas obras, cargadas de violencia y oscuridad, le sirvieron como referencia para explorar las dimensiones más abyectas de sus personajes.
El autor también reflexionó sobre la relación entre literatura y política, argumentando que toda expresión artística está atravesada por el contexto histórico y social que la produce. Según Saccomanno, la literatura no puede separarse de la realidad, y en su caso, busca leer esta realidad desde perspectivas alternativas, como los medios de comunicación populares o los crímenes que reflejan las tensiones sociales. En este sentido, destacó que “fenómenos como los femicidios o el abuso doméstico son ventanas para comprender la estructura de una sociedad”.
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“La novela aborda cómo leer la realidad desde distintos espacios, desde Crónica TV o las revistas populares, porque ahí se perciben dimensiones del contexto social que los informes económicos no transmiten”, agregó.
Uno de los aspectos más destacados de la charla fue la descripción del proceso creativo detrás de la novela. Saccomanno reveló que la escritura de Arderá el viento estuvo marcada por una estructura no lineal, donde los capítulos se construyeron de manera fragmentada y con una narrativa que se entrelaza de forma caótica.
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Este enfoque, según el autor, refleja su experiencia previa como guionista de historietas, un oficio que le enseñó a construir tramas de manera eficiente y a resolver conflictos narrativos con rapidez.
En cuanto a los personajes, Saccomanno expresó un especial afecto por Molly, la protagonista femenina de la novela. Admitió que se enamoró del personaje durante el proceso de escritura, describiéndola como una figura compleja y coherente, cuya evolución a lo largo de la historia está marcada por el desastre y la resiliencia. Según el autor, crear un personaje femenino es uno de los mayores desafíos para un escritor, ya que implica adentrarse en una perspectiva que no le es propia.
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La conversación también abordó temas como la lucha de clases y la representación del bien y el mal en la novela. Saccomanno señaló que estas tensiones no son exclusivas del capitalismo, sino que forman parte de la condición humana. En su obra, estas dinámicas se manifiestan a través de personajes que encarnan tanto la pureza como la abyección, reflejando la complejidad de las relaciones sociales.
“El bien y el mal son algo constitutivo, no solo de los individuos, sino también de las sociedades. Es una lucha que atravesamos todos”, dijo.
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Finalmente, el autor compartió anécdotas sobre su fascinación por los hoteles, espacios que considera cargados de historias y secretos. Según explicó, los hoteles vacíos fuera de temporada tienen un encanto particular, con su mezcla de olores y sonidos que evocan un pasado lleno de vida. Esta fascinación se traduce en su obra, donde los hoteles se convierten en escenarios que encapsulan la soledad y el misterio.
La charla concluyó con una reflexión sobre el papel de la literatura como un espacio de resistencia y creación. Para Saccomanno, escribir es una forma de habitar un país llamado Literatura, un lugar donde las adversidades de la vida real pueden transformarse en historias que resuenan con los lectores.
“La literatura del yo, en su peor versión, es aquella en la que no pasa nada, en la que el mundo del escritor se encierra sobre sí mismo”, finalizó.
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