
La censura rusa no se conforma con el exilio de aquellos artistas que no comulgan con la política militarista del Kremlin. Como ocurriera con la manipulación fotográfica estalinista, ahora las autoridades intentan borrar toda huella de los disidentes culturales del imaginario colectivo nacional.
En el marco de este nuevo macartismo ruso, los funcionarios encargados de proteger las buenas costumbres han comenzado a retirar la imagen de esos nuevos enemigos del pueblo del mundo de la cultura y la televisión.
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En plena guerra las autoridades crearon el Grupo de Investigación de Actividades Antirrusas en la Esfera de la Cultura o GRAD, como se conocen en este país las lanzaderas de misiles que se utilizan, por ejemplo, en el campo de batalla en Ucrania.
Si “aplastar como chinches” en el mundo de la cultura con escarnio público y diferentes medidas de purificación no era suficiente, ahora la han tomado con los exiliados.
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No importa donde vivan, en países teóricamente amistosos como Israel, Georgia o Armenia, o en territorio hostil como los bálticos u Occidente.
Para ello, utilizan técnicas tradicionales como el corte puro y duro de las imágenes de las películas donde aparecen, y otras más modernas como el difuminado.
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De esa forma, estos disidentes son “matados dos veces” -cuando se exilian y cuando desaparece su imagen-, como hacía Stalin con los purgados que desaparecían de las fotografías oficiales tras ser fusilados.
No se ha librado de la persecución la mayor leyenda de la canción soviética y rusa, Alla Pugacheva, exiliada en Israel desde el comienzo de la guerra y contra la que la televisión ha lanzado una campaña de desprestigio.
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“Existe la popularidad, la fama, el éxito y hay un fenómeno único, el amor de la gente. Desgraciadamente, esa persona no lo valoró, lo despreció”, aseguró María Zajárpova, portavoz de Exteriores.
La imagen de Pugacheva, que tiene ya 75 años, fue difuminada a finales de marzo por el canal Casa del Cine al emitir la película Ledokol (Rompehielos).
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Lo curioso es que la diva no actuó en la cinta, que únicamente muestra su foto cuando uno de los protagonistas revisa un calendario de 1985 con el retrato de Pugacheva. En respuesta, la cantante ha publicado dos nuevas canciones en las que critica la guerra.
“Maldigo esa lucha, mamá, que nos separó”, canta Pugacheva en la canción ‘Mamá’, que ha recibido ya 319.000 visitas en menos de 24 horas desde que la subió en YouTube.
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La propia cantante, casada con un famoso humorista perseguido por la Justicia, escribió la letra de la canción que habla sobre el diálogo entre una madre y su hijo caído en la guerra.
La película Brat 2 (Hermano 2), la secuela de una de las películas más exitosas de la historia de Rusia tampoco se libró de la censura televisiva, según informan los canales de Telegram.
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El cartel del grupo DDT, cuyo líder, Yuri Shevchuk, ha tenido más de un encontronazo con el Kremlin, fue desenfocado, aunque aún se puede distinguir.
Shevchuk, que tuvo que pagar una multa hace tres años por decir que la patria “no es el culo del presidente”, ha visto como sus últimos conciertos fueron cancelados por orden de arriba.
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Otro mito de la música rusa de los últimos años de la URSS y de los albores de la Federación Rusa, Boris Grebenshchikov, desapareció por arte de magia de la película Piter FM.
Mientras, la figura de varios cantantes críticos con la conocida como operación militar especial, en especial Mumi Troll, también fueron recortados de la película Día de Radio.
Uno de los protagonistas -Mijaíl Kózirev, conocido periodista del canal independiente Dozhd- y una de las actrices también vieron recortada notablemente su participación por haber sido declarados agentes extranjeros. La censura alcanzó los créditos, donde fueron difuminados sus nombres.
En el caso de algunos artistas especialmente activos en su oposición al Kremlin y su apoyo a Ucrania, las autoridades cortan por lo sano. Es el caso de la veterana actriz, Lía Ajedzhákova, que tuvo que emigrar a los 86 años tras quedarse sin roles en el teatro Sovreménnik.
Fuente: EFE
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