
En su última novela, Un futuro prometedor, el escritor francés Pierre Lemaitre se adentra en el París y la Praga de 1959 con la Guerra Fría como telón de fondo.
Tras vender su fábrica de jabón en Beirut, el matrimonio Pelletier se instala en la apacible campiña francesa, donde recibe la visita regular de sus tres hijos y sus numerosos nietos. Corre el año 1959 y la vida parece sonreír a los Pelletier, pese a que el sombrío panorama político nacional e internacional no invita al optimismo, pero todo cambia cuando, en plena guerra fría y con el comunismo en horas altas, uno de sus hijos debe dirigir una peligrosa misión en Praga, detrás del Telón de Acero, de la que no sabe si va a poder salir indemne o ni siquiera vivo.
Atrapado en una ciudad donde reinan la policía, el ejército, los delatores y los informadores, deberá superar una prueba a la que se ha comprometido en nombre de un valor moral que considera superior.
En una presentación virtual de la obra, Pierre Lemaitre dijo que “lo que queda de aquella Francia de los años cincuenta es la nostalgia, pues en aquellos 50 y 60 había una Francia feliz, que estaba escribiendo la última página del siglo XIX, con una sociedad que confiaba en la revolución industrial, en el progreso, en las máquinas, en el futuro, sin saber que se estaban sentando las bases del cambio climático actual, pero ellos no lo sabían, mientras que hoy sí lo sabemos, salvo algunos negacionistas trumpistas”.
Lemaitre ha reiterado su idea de que el formato de las series televisivas actuales, que tanto éxito tienen hoy, “es un invento de los escritores del siglo XIX, porque no hay nada más moderno que el folletín”.
Si en la anterior novela de la serie, El silencio y la cólera se apuntaba el desarrollo del capitalismo en la posguerra como origen del cambio climático, en esta tercera entrega se adivina que “desgraciadamente, en aquel período de mediados del siglo pasado se preparó buena parte de lo que vivimos actualmente y se inició buena parte de lo que sucede hoy entre Europa y el resto del mundo”.

El autor galo argumentó que en 1959, en plena Guerra Fría, había tensión entre dos bloques, “en el fondo una situación muy parecida a la actual, con la reconstrucción de unos bloques duros”.
La novela como testigo de la historia
Lemaitre declaró que “una novela siempre es testigo de la historia en la que se sitúa, pero también traduce las condiciones en las que se escribe, en este caso los inicios del siglo XXI”.
Para la construcción de Un futuro prometedor, Lemaitre se inspiró en la existencia de un topo, un agente infiltrado que no se sabe quién es y a quien se intenta desenmascarar”. Y recuperando la esencia de este tipo de personajes, intenta rendir homenaje a las novelas de John Le Carré o Ian Fleming, creador de la saga del personaje James Bond.
Sin ánimo de comparación vanidosa, Lemaitre reconoció que en su literatura intenta “integrar los dos modelos narrativos franceses, el de Zola y el de Balzac”, a los que rinde también un homenaje. En particular, añade, “Zola es un modelo en lo que respecta a la construcción, no tanto por la novela social, sino por la forma en que sus novelas hablan entre sí”.

Más que el interés de una adaptación cinematográfica, que “al ser histórica sería muy costosa”, Lemaitre preferiría que los productores se interesaran por la saga para hacer una serie televisiva.
Lemaitre inició hace más de diez años con Nos vemos allá arriba (Premio Goncourt 2013), su monumental proyecto de ofrecer una historia subjetiva del siglo XX. Por eso el escritor francés se declaró orgulloso que “hay pocos directores a nivel internacional que hayan decidido hacer un folletín de todo un siglo, una ambición literaria un tanto desmesurada”, reconoció.
Para los lectores de sus primeras novelas policíacas, Lemaitre ha dicho que cuando termine esa saga del siglo XX, de la que le faltan solo tres entregas para completar diez libros, le gustaría volver a sus “primeros amores” con la novela negra.
Fuente: EFE
[Fotos: EFE/ Andreu Dalmau]
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