
Desde la literatura medieval hasta las series de televisión, los vikingos fueron retratados como guerreros implacables y exploradores audaces, pero su verdadera historia es mucho más compleja. En Embers of the Hands: Hidden Histories of the Viking Age, la historiadora y divulgadora británica Eleanor Barraclough desmonta la imagen tradicional de los vikingos como saqueadores y navegantes temibles para revelar una sociedad diversa, sofisticada y profundamente interconectada.
A través de hallazgos arqueológicos, inscripciones rúnicas y un minucioso análisis histórico, la autora reconstruye la vida cotidiana de los habitantes de la Escandinavia medieval, centrada en sus relaciones, creencias, economía y costumbres en una época que se extendió desde el siglo VIII hasta el XI.
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Lejos de las narraciones épicas que glorifican a figuras como Erik el Rojo y Harald Bluetooth, Barraclough hace foco en aquellos que quedaron al margen de las grandes sagas: mujeres tejedoras cuya labor permitía la navegación, comerciantes que tejieron redes desde América del Norte hasta Asia Central y ciudadanos anónimos que, en tablillas de madera, registraban chismes, bromas y maldiciones.
Con capítulos temáticos como “Amor”, “Viaje” y “Creencias”, el libro reinterpreta la llamada “Era Vikinga”, cuestiona su propio nombre, sugiriendo que su influencia perduró mucho más allá de la famosa batalla de 1066.
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Mensajes en madera: las “notas adhesivas” de los vikingos
El término “vikingo” fue históricamente equívoco. Barraclough recuerda que en su lengua original, el nórdico antiguo, víkingr no era una designación étnica sino una ocupación: se refería a quienes se dedicaban al saqueo y la incursión marítima. Por ello, hablar de la “Era Vikinga” es, según la autora, tan impreciso como referirse a la “Era de los Navy SEAL”.
Con un enfoque arqueológico y lingüístico, Barraclough examina elementos del día a día de los nórdicos, desde objetos triviales hasta inscripciones rúnicas que capturan pequeños momentos de su existencia. En Embers of the Hands –título inspirado en un kenning, o metáfora poética nórdica, que significa “oro”– la historiadora recurre a peines, dados de juegos, monedas e incluso desechos fosilizados para reconstruir la vida doméstica de estos pueblos.
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Entre los hallazgos, destacan los mensajes escritos en palos de madera con runas, utilizados como una suerte de notas adhesivas medievales. Algunos son simples recordatorios, mientras que otros contienen maldiciones, bromas e incluso chismes de taberna. Un ejemplo particular menciona una frase común en Bergen, Noruega, alrededor del año 1200: “Gyda dice que deberías irte a casa”.
Algunos contenían insultos o frases humorísticas, mientras que otros tenían un carácter más supersticioso o ceremonial. Lejos de los textos épicos de las sagas, estas marcas permiten un acceso directo y sin filtro a la vida de los vikingos comunes.
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“Los palos con inscripciones rúnicas eran el equivalente a los Post-its de la época”, escribe Barraclough, destacando su uso cotidiano y práctico. Además de simples notas, algunas de estas inscripciones registraban listas de compras, nombres de comerciantes y hasta pactos comerciales, demostrando la compleja red de interacciones dentro del mundo nórdico.
La vanidad vikinga: peines, peinados y críticas anglosajonas

Lejos de la imagen de guerreros rudos y descuidados, los vikingos eran meticulosos con su higiene y apariencia personal. Barraclough documenta que se peinaban con esmero y utilizaban peines tallados en hueso, madera y asta, muchos de ellos decorados con gran detalle. De hecho, la primera inscripción rúnica jamás hallada no está en una piedra ni en un pergamino, sino en un peine.
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Los peinados también tenían un significado importante en la cultura nórdica. Según la autora, los vikingos eran reconocidos por sus largas y bien cuidadas melenas. En las sagas, por ejemplo, se menciona al rey Harald Fairhair, quien antes de unificar su reino era conocido como Tanglehair, ya que había jurado no usar un peine hasta lograr su objetivo. Pero más allá de los relatos mitológicos, la evidencia arqueológica respalda esta idea: “Los primeros runas que tenemos están en un peine”, señala Barraclough.

Su esmero en el arreglo personal no pasó desapercibido para sus vecinos europeos. En documentos de la época, clérigos anglosajones se quejan de que sus compatriotas estaban imitando los estilos vikingos. Uno de ellos describe un corte de cabello característico como “cuellos desnudos y ojos cubiertos de cabello”, un estilo que incluso puede verse representado en el Tapiz de Bayeux, que narra la conquista normanda de Inglaterra en 1066.
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Además del cabello, los vikingos prestaban atención a su aseo general. Se han encontrado pinzas para depilarse, cuchillas de afeitar y pequeños instrumentos para limpiar las uñas, lo que sugiere que la pulcritud y el cuidado personal eran una prioridad en su vida cotidiana. Como señala Barraclough, “tomando en cuenta sus peines delicadamente elaborados y decorados, junto con la fascinación por el cabello reflejada en las fuentes históricas, parece que la vanidad no era ajena al mundo vikingo”.
Las mujeres vikingas: tejedoras, comerciantes y piezas clave de la sociedad

Más allá de la imagen popular de los vikingos como guerreros y navegantes, las mujeres desempeñaban un papel esencial en la supervivencia y expansión de su sociedad. Barraclough destaca en su libro que la fabricación de textiles no era solo una tarea doméstica, sino una industria importante para la exploración nórdica.
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Tejer las velas de los barcos –fundamentales para las travesías de comercio y conquista– podía llevar hasta nueve años para una sola persona. Como ironiza la autora, sin el trabajo de estas mujeres, los temidos guerreros vikingos no serían más que “hombres desnudos en un bote de remos”.
Su influencia iba mucho más allá del hogar. Existen evidencias de que las mujeres también participaban activamente en el comercio y la administración de propiedades. En algunas tumbas vikingas se han encontrado llaves grandes, símbolo de autoridad en la gestión del hogar y las riquezas familiares.
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Además, las sagas y registros históricos mencionan a mujeres que dirigían granjas, negociaban acuerdos comerciales y, en algunos casos, incluso lideraban expediciones. Este papel multifacético de las mujeres vikingas revela una sociedad más equitativa de lo que muchas veces se ha imaginado.
Fuente: The New York Times
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